Y en estas, llegamos al pico…

Fernando Simón y el pico de la curva
José Joaquín Flechoso
Por
— P U B L I C I D A D —

Desde que empezó la crisis del COVID-19, nos hemos hecho expertos en estadísticas. Todos manejamos las cifras y los porcentajes cual profesor universitario y hasta somos capaces de pontificar al respecto. Cada día nuevos datos y en cada comparecencia pública de los responsables gubernamentales, una gráfica. Pero leer estos cuadros representados por coordenadas y variables, tiene su miga para quien no esté acostumbrado a ello y también a su interpretación y valoración. A las estadísticas tradicionales y sus proyecciones, las han reemplazado las predicciones obtenidas por sistemas de inteligencia artificial que tratan los datos de forma masiva. Pero se lea como se lean los gráficos, siempre el responsable de interpretar el estado de la epidemia Fernando Simón, nos remite a un término enigmático: ¡el pico!

No hay un solo día en el que no se haga mención al famoso pico, pero cuando llegamos a saber lo que es, van y dicen que no, que no es un pico, pues las curvas no tienen pico… y pasan a hablar de la estabilización de la gráfica e invocan a la “meseta” de la curva, cual independentista a lo Puigdemont cuando habla de Madrid. Parece ser que la epidemia se estabiliza y la curva se torna descendente. Cuando se hablaba del pico, todos estábamos expectantes ante su llegada y ahora que hemos llegado a superarlo, lo ningunean cual concursante de Gran Hermano.

Pero si hemos llegado al pico de contagios, creo que en otros temas colaterales a esta grave situación, aún no hemos llegado al famoso pico y bien que lo siento. Pero mejor enumerar esos otros picos que aún nos quedan por superar.

Pico número uno: No hemos llegado al pico de irresponsabilidad de algunos gobernantes que buscan rédito político de esta enorme tragedia humana. El Partido Popular no pierde ocasión para criticar al Gobierno, tanto si hace, como si no hace. Si todos los días tenemos comparecencias de ministros y responsables informando de la situación, los tachan de propagandistas, pero si estuviesen callados, criticarían la desinformación. Algunos políticos graciosillos califican las comparecencias de Pedro Sánchez como el “Aló presidente” de Hugo Chávez y ahora de Nicolás Maduro, pero yo como español, agradezco infinito que el presidente de todos nosotros salga frecuentemente a informar de la situación y de las medidas que se van a tomar. Leo sin embargo con estupor, cómo se ensañan con su figura sin valorar el difícil momento político y personal por el que atraviesa. El primero es evidente, pues nunca ninguna jefe del ejecutivo ha tenido que enfrentarse a una situación tan terrible e inédita y el segundo, cuando a los dos días de decretar el estado de alarma, se conocía que su mujer y su suegra habían dado positivos al COVID-19. No he leído ni un solo testimonio de aliento al Pedro Sánchez persona, pero sí otros muchos insidiosos, calumniosos e inmerecidos, que evitaré recordarlos por nauseabundos.

Es evidente que esta crisis nos ha cogido con el paso cambiado a toda Europa y en parte, la culpa es nuestra por mor de la tradicional arrogancia de los que durante años hemos creído que el mundo giraba en torno a la cultura y civilización del viejo continente. Pensamos que el ébola era una cosa de los africanos, igual que ahora se ha pensado que esto era de los chinos, como si los chinos no se moviesen más que los precios. Pablo Casado solo ha hecho críticas al gobierno y especialmente a todo lo que han supuesto medidas sociales para proteger a los más vulnerables. Que esta crisis tiene mucho de salud, es algo incuestionable, pero que la desprotección a los que sufren la pérdida de empleo es consustancial con el virus, es algo evidente, al igual que lo es para los autónomos y los empresarios, pues todos en conjunto, forman el tejido productivo español. El plan del PP es conocido, hacer crítica sin aportar soluciones y lo que es más triste, sin la lealtad institucional tan necesaria como exigible en estos tiempos tan difíciles. 

Pico número dos: Tampoco parece que la presidenta de la Comunidad de Madrid Isabel Díaz Ayuso haya llegado al pico de su inconsistencia. Esta señora, presidenta de todos los madrileños gracias a Vox, parece salida de una película del recientemente desaparecido director José Luis Cuerda (Amanece que no es poco), por la cantidad de despropósitos que verbaliza. Primero acusó al gobierno de bloquear un pedido de mascarillas y otro material sanitario adquirido a China por su gobierno, y luego resulta que ha sido objeto de un tocomocho de 23 millones de euros, pues los aviones ni están ni se les espera. Otro de sus rectificados malabaristas ha venido a cuento de los fallecimientos de ancianos en las residencias de mayores, cuya competencia es exclusiva de la Comunidad de Madrid y donde han muerto 3.000 de ellos, pero cuando se ha dado cuenta de la barbaridad de las cifras, empieza a recular y dice que hay que saber si son víctimas del COVID-19 o de Pedro Sánchez… ¡Patética!

Pico número tres: También hemos llegado al pico de tolerancia del discurso golpista de Vox, donde han sido capaces de llamar a la sublevación del ejército y de la ciudadanía alzándose cual Dragon Rapide sobre La Moncloa y quitar de allí al ocupa y al coletas, términos acuñados por el facherío patrio, que junto con la invocación a Venezuela son los favoritos que utiliza la rancia derechona española. 

Pico número cuatro: Hemos llegado al pico de la estupidez independentista de Torra y Puigdemont, en una nueva entrega del Madrid nos roba, en versión referida al material sanitario, a las competencias y a la soberanía, tres hechos que en ningún caso acreditan fehacientemente. La cansina de Pilar Rahola, llegó a decir que el decreto del estado de alerta era “un 155 encubierto” certificando su escasez de objetividad una vez más. Igualmente, y aprovechando que el Ter pasa por Girona, piden permisos carcelarios por el coronavirus para los políticos presos, olvidándose de otros reclusos tan catalanes como aquellos y tan expuestos al contagio como cualquiera de sus votantes. El último episodio de este pico ha venido marcado por el hecho de tener que construir en Sabadell un hospital de campaña con paneles de madera, porque la estética del color caqui militar era insostenible para el ojo humano de los adictos al procés.

Pico número cinco: el indecoroso e incalificable gesto de la cacerolada dedicada al ejército español en Pamplona alentada por Bildu, cuando estos patrullaban por las calles de la capital navarra cumpliendo una vez más con tareas relacionadas con el estado de alerta al que estamos todos sometidos. Algunos en su ceguera política confunden la velocidad con el tocino y lo que es peor, la generosidad con la ocupación del territorio

Y finalmente, el pico número seis va dirigido al pico de injurias, calumnias, manipulaciones y bulos que circulan, desacreditando a todo lo que huela al gobierno. Creo que esto no hace falta comentarlo con más detalle, pues no hay más que asomarse por las redes sociales o leer ciertos titulares de los medios afines a esa derecha iracunda, incapaces de asumir que ellos no gobiernan, simplemente porque los españoles no les han dado su confianza. 

No es momento para las críticas, que tiempo habrá en el futuro, pero a mi me aterra pensar que hubiera sido de los más desfavorecidos si en el Consejo de Ministros la composición no fuera la alianza de dos fuerzas progresistas, que, aún cometiendo errores, han priorizado las medidas sociales sobre las económicas.

Ahora nos espera ver qué papel juega Europa en esta crisis. La firmeza de las posiciones de los países del sur del continente donde España e Italia han tenido un papel notabilísimo enfrentándose a países insolidarios como Alemania y Holanda, no han sido reconocidas como se merecen por ninguna de las fuerzas de la oposición, sino más bien han estado calladas sin expresar el más mínimo respaldo y reconocimiento a la defensa del papel de España en el concierto europeo, por cierto, capitaneadas por el criticado Pedro Sánchez.

1 Comentario

  1. Con todo respeto al autor del «post». Creo que no se ha enterado bien de lo que pasa o vive una realidad distinta a ese «pico» que cada vez sube más. Y no es una cuestión de siglas (eso es el viejo truco) sino de eficacia y honestidad personal en la gestión de crisis como la que padecemos. Le ha tocado al Sr. Sánchez porque un presidente de gobierno está para lo bueno (el postureo, los viajes, los privilegios, las adulaciones…) pero también está para lo malo que es su responsabilidad personal ante sus errores, mentiras, contradicciones y juegos de prestidigitación informativa. Todo ello va en el sueldo, en la Moncloa y en la autocracia de que hace gala (¿de quien depende la Fiscalía? del gobierno y yo soy el presidente).
    Si salimos de los tópicos de lo «correcto» (adhesión inquebrantable al «líder» o devoción por él) posiblemente nos encontremos con una deriva política que ya Tocqueville predecía: el despotismo democrático y sus consecuencias.
    Un cordial saludo.

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