Vicepresidenta y «no vicepresidencias» del gobierno del PP

José Luis Heras Celemín
Por
— P U B L I C I D A D —

Al acabar el verano de 2011, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, renegando de sus propuestas y señas de identidad y obedeciendo las instrucciones que llegaban desde el exterior, agotaba la legislatura mientras España padecía los efectos de una crisis general.

En esa situación, Mariano Rajoy, entonces Jefe de la oposición y líder muy débil del Partido Popular, intuyó que le iba a corresponder gobernar, y se dispuso a organizar el que con el tiempo sería su gobierno: El Gobierno del PP para la X Legislatura.

Con las virtudes y servidumbres propias y del partido, el aspirante Rajoy diseñó un Ejecutivo en el que se mezclaron su condición de gallego en ejercicio con una ilusión atemperada por las circunstancias y la experiencia adquirida en la cúpula del partido que le legó Aznar.

Las necesidades de entonces, algunas parecidas a las actuales y otras no, se concretaban en cuatro aspectos principales que había que atender:

– Conveniencia de un Ejecutivo fuerte para hacer frente a las dificultades.

– Realidad económica adversa, peor que la actual.

– Situación nacional como miembro de una Europa en construcción.

– Y urgencia de un liderazgo fuerte capaz de conducir e ilusionar.

En esa situación, lo lógico hubiera sido compartimentar las responsabilidades de Gobierno creando tres áreas de actuación para atender lo que alguien llamó “Las 3 vicepresidencias lógicas” (Política, Económica y de Integración Europea); y otra más, interna, a la que encomendar la gestión para lograr el rendimiento óptimo de la organización del partido.

Pero, en lugar de lo anterior, Rajoy, entonces en un liderazgo muy débil, optó por una forma de actuar, a la gallega, en la que dispuso que las autoridades y los poderes otorgados, que nunca fueron totales, estuvieran controlados y, lo que es más importante, eficazmente contrarrestados para evitar sobresaltos y sorpresas.

Con ello, “Las 3 vicepresidencias lógicas” se sustituyeron por:

– Una Vicepresidencia única, entregada a Soraya Sáenz de Santamaría, encargada de coordinar a los miembros del Gobierno, hacer frente a las necesidades políticas, y sometida a una nomenklatura partidista ajena a la propia Vicepresidencia.

– Una “no vicepresidencia económica”, que, en vez de confiarse al esperado (Manuel Pizarro), se diluyó en dos ministerios económicos, entregados a Montoro y De Guindos, para atemperar, aniquilándola, la autoridad de Rodrigo Rato, principal valedor de los nuevos ministros y ajeno, de esta forma, a una bicefalia económica que sería arbitrada desde una Oficina Económica del Presidente del Gobierno encomendada a Álvaro María Nadal.

– Una “No vicepresidencia” encargada de las Relaciones con la Unión Europea, de la que se hizo cargo, sin nominación pomposa ni alharacas, el mismo presidente del Gobierno; y ajena a un Ministerio de Asuntos Exteriores que, paradoja política o falta de confianza, se encomendó al europeísta García Margallo.

Siguiendo la tónica de poderes controlados y autoridades contrarrestadas, la gestión del partido se encomendó a María Dolores de Cospedal, un valor femenino sin asentar, al que se le encomendaron, acaso sin advertírselo, además de la Presidencia de Castilla-La Mancha, las difíciles tareas de apaciguar las posibles tensiones suscitadas por las viejas baronías populares (Aznar, Rato, Mayor Oreja, Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón, Camps, Javier Arenas,…), controlar el poder y las iniciativas de la propia Vicepresidencia y, también, vigilar a los más que posibles “valores durmientes” del partido.

El diseño del Proyecto Político pre gubernamental, un cúmulo de aciertos para unos y una reata de errores para otros, usando el poder como arma de cohesión, consiguió asentar en el partido y en la dinámica diaria un clima tranquilo que permitía “hacer la política popular” y la reorganización de un PSOE, en la oposición, abocado a la sustitución de Rubalcaba y su séquito.

Ese mismo diseño, contemplado al final de la legislatura, ha supuesto, además de la mayor concentración de poder en una persona, unos efectos que se pueden concretar en los llamados “logros y errores de Rajoy”, que, a la vez, nutrirán las energías y perspectivas del futuro del Partido Popular y lastrarán sus intenciones y potencialidades electorales inmediatas.

Entre los aciertos, apuntan unos: La Superación de la Crisis. Las batallas ganadas en la Guerra contra la pobreza y el paro. El mantenimiento de la Estructura Territorial del Estado ante los envites independentistas. O el permitir el alumbramiento no traumático de nuevas formaciones políticas.

Como errores, registran otros: El aislamiento del Gobierno en una burbuja ajena a la sociedad. La desconexión de la “casta política” de las realidades que preocupan al ciudadano. O la falta de “pedagogía” y “ligazón” para imbricar a la sociedad en la tarea política común.

Como muestra de ambos, errores o aciertos de Rajoy, la Vicepresidenta única y las “no vicepresidencias” de los Gobiernos del PP.

Todo ello, puede ser, es, el origen, también la consecuencia, de una realidad política que se inició al final del verano del año 2011 y que tendrá continuidad en una próxima legislatura, la Decimoprimera, que ahora, precisamente ahora, cuando se agotan los últimos días estivales, está comenzando a gestarse.

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