Ambos países coinciden en una interesante situación geográfica y estratégica si retrocedemos a los tiempos de la “guerra fría” que algunos intentan actualizar. En ambos países se han producido cambios cuyas raíces conviene conocer un poco, antes de pronunciarnos a favor de unas tesis o de otras, (todas llenas de intereses propios), para elaborar nuestro propio criterio sobre la cuestión.
Los cambios en Ucrania a partir de la constitución del nuevo estado trajeron unos gobiernos fluctuantes entre la aproximación a Europa (Timoshenko) y el mantenimiento de los lazos con Rusia (Yanukovich) que se alternaron desde 2004 al 2012. Ucrania era rusa, no de una forma casual o impuesta (fue una de las repúblicas fundadoras de la antigua URSS), era el corazón del imperio ruso (Rus de Kiev) desde el siglo IX y en la historia de los ucranianos ha estado Rusia, porque ellos fueron el germen del Imperio Ruso hasta su independencia con la desintegración de la Unión Soviética.
¿Qué pasó entonces para que las plazas (Maidan) se llenaran en un momento determinado de manifestantes contrarios al gobierno de Yanukovich hasta deponerlo por un gobierno más pro-occidental por una decisión del Parlamento? ¿Fue solo su rechazo a incorporarse a la UE? ¿Quién atizó, mantuvo y sostuvo las protestas? Recordemos cómo tras la exigencia de “democracias” según el modelo occidental, en Egipto ganaron los Hermanos Musulmanes para ser depuestos a continuación. ¿Porque no eran de “los nuestros” como los saudíes (¡ejemplo de democracia!)?
La doble moral que impera en éste mundo globalizado sigue siendo un agravio comparativo y un atentando a la inteligencia de todos los ciudadanos la brutal guerra de propaganda que, desde hace ya muchos años, viene sirviéndose en forma implacable sobre el mundo donde la coartada de la “democracia” viene a utilizarse según convenga. La democracia real ha sido prostituída por el interés particular y usada como reclamo para mentes poco avisadas y alienadas previamente.
Los terribles resultados de esta farsa hipócrita con que se juega en el tablero del mundo son las víctimas que producen. Unas por engaño premeditado y consciente, al que se las somete desde todos los espacios mediáticos; otras, las más graves, ven segadas sus vidas porque alguien, en algún lugar, ha decidido abrir un conflicto bélico, hacer un atentado o bombardear una zona. Donde antes había una cierta entente cordiale natural entre vecinos diferentes, se abren las espitas de un odio prefabricado y se despiertan los resentimientos ya dormidos y olvidados muchas veces. En los códigos penales el inductor es más culpable que el inducido, ya que es el que pone en marcha el acto delictivo pero, la política, lo que se considera “alta política”, lo justifica todo.
Los ciudadanos ucranianos están ahora divididos entre su corazón y los intereses que esperan recibir de la UE. Esta dolorosa decisión, ha segregado ya unas zonas donde unos permanecen fieles a sus orígenes y otros parecen tratar de olvidarlos. El separatismo inicial pro-occidental ha producido a su vez un separatismo pro-ruso que se dirime con el armamento, las tácticas de propaganda y las vidas de muchos civiles ajenos al juego. La OTAN y EE.UU. buscan la implicación partidaria de Europa frente a la nueva amenaza (guerra fría) que dicen supone Rusia. Mientras tanto Obama anuncia un aumento de presupuesto en armamento que, por supuesto, no adquirirá de la industria europea.
Los tambores de guerra a los que nos hemos referido otras veces no cesan y el rosario interminable de víctimas y destrucción se ceba —por ahora— en Ucrania. Pero la alarma se extiende en todo el este de Europa donde un supuesto conflicto entre la OTAN y Rusia, puede provocar la 1ª guerra mundial del siglo XXI (y quizá la última), si la espiral belicista se contagia en aras de compromisos mal entendidos y las armas reales de destrucción masiva sustituyen a las convencionales.
El polvorín asiático mientras tanto, tan cercano, continúa su escalada por supuestas guerras de religión o cultura. Los muertos por armas químicas, tan publicitados en su día, han dado paso a nuevas y sorprendentes alianzas donde todo parece ya olvidado. El caso es mantener la hegemonía en la zona.
Grecia, por su parte, tras unas elecciones ha optado por hacer frente a un sistema económico que, con gobiernos anteriores, al igual que ha ocurrido en España y otros países, han hecho depender la política de los mercados a causa del endeudamiento irresponsable de quienes han gobernado durante muchos años. Se abre aquí otro frente en la Unión Europea y en sus tratados y acuerdos al constatar la posibilidad de que Grecia no pueda pagar la deuda contraída. Unas deudas tan impagables e irreales como esas penas de 3.000 años que se dictan en los tribunales.
Una cuestión es el ajuste necesario de las economías nacionales a sus ingresos reales y otra muy distinta es el haber vivido alegremente del crédito para hacer recaer esa deuda en los ciudadanos. Todos sabemos lo que significa el crédito y la deuda: una dependencia total de quien nos presta y eso supone una situación compleja donde la política debe subordinarse a los pagos pendientes. Gran parte de los países europeos, incluyendo Alemania, saben cual es la precaria situación de sus respectivas economías, muchas de ellas afectadas por los muchos productos tóxicos financieros fabricados por los mercados. Al igual que las acciones “preferentes” se llevaron por delante muchas economías personales, esos productos se han llevado por delante las riquezas nacionales occidentales.
Se nos dice que el club europeo tiene unas reglas que no se pueden cambiar desde la política. No es verdad. El club europeo está formado por estados soberanos que, como socios, pueden cambiar tratados y acuerdos cuando y cómo les convenga a los ciudadanos y así hemos asistido a las firmas de diversos tratados y acuerdos en esta historia de nunca acabar que es la construcción europea. Todo consiste, —como en todas las sociedades—, en tener la mayoría de apoyo para ello. Por esa razón el gobierno griego está desplegando su diplomacia: para tratar de convencer de que quizá convenga cambiar algo de esos tratados; para conocer en directo a esos otros socios que, como ellos, participan de la asfixia económica de los mercados. Los recelos están servidos por el miedo al contagio de cambio político. Lo entiendo.