Parece que ha anidado, no sólo entre algunos periodistas, como Carlos Herrera, y tertulianos de toda laya —más o menos interesados, todo hay que decirlo—, sino incluso entre algunos representantes del Partido Popular, y ya no digamos de Ciudadanos, la idea de que, en aras de la supervivencia del PSOE, habría que “salvar al soldado Sánchez”. Así lo formulaba el otro día el presentador de la COPE y la frase ha hecho furor.
Es verdad que una debacle del partido socialista y sus consecuencias posteriores, en beneficio de los radicales, filocomunistas, y anticapitalistas, y bolivarianos, y ya no sé cuántas cosas más, de Podemos no sería una buena noticia para la estabilidad de España, de su sistema democrático, de su economía ni de su convivencia. No hay más que ver las actitudes de los podemitas frente a todo lo que no sea su pensamiento único, ya sea en Salamanca, en Barcelona, en Madrid, en los Ayuntamientos… Por doquier.
Pero una cosa es eso, y otra cosa salvar al máximo responsable de que el PSOE haya llegado a esa situación, que no es otro que el propio Pedro Sánchez. El actual secretario general socialista —que ahora ya parece que socialista tampoco, sino sólo socialdemócrata— ha sido quien se encastilló el 21 de diciembre diciendo que no a un pacto de gobernabilidad de España, llevado de su patológica aversión al Partido Popular y, en concreto, a su presidente, Mariano Rajoy.
El, y sólo él, ha alimentado la serpiente radical, sin atisbo de responsabilidad, llevado de su megalomanía —bueno, y la de su señora, que le empujaba a la Moncloa al coste que fuera. Para salvar al PSOE de su fragmentación, caída libre y hasta posible desaparición, porque todos estamos de acuerdo en que es precisa esa opción de izquierda responsable, constitucionalista y, si así quieren decirlo (pero tendrán que dejar de escuchar a su máximo representante) moderada, al soldado Sánchez no hay que salvarlo, porque es la causa de su actual situación, con la plausible ayuda de su predecesor, el nefasto Zapatero.
Por eso, nada de paños calientes, algodones y pomadas. El soldado Sánchez, él solito, se ha cavado su defunción política. Y tendrá que ser el propio partido socialista quien haga de él lo que considere que ha de hacer para salvarse. Y por eso, probablemente, el soldado Sánchez será políticamente ejecutado, por los suyos, al amanecer. El del 27 de junio, concretamente.