
Mariano Rajoy, de visita a un país africano, ha lanzado su cuarto a espadas en defensa de su paisano almirante Salvador Moreno, que dio su nombre a la calle donde nació nuestro ínclito presidente, pero luego Pontevedra se lo retiró para cambiarlo por el de Calle Rosalía de Castro. Una poeta, la poeta gallega por antonomasia, por un almirante de la Armada española.
El cambio de nombre podía haber quedado en pura anécdota, a no ser por el peso específico que tanto los personajes del pasado como las actitudes de nuestro presidente tuvieron y tienen en la historia de nuestro país. Y por la existencia de una incómoda para muchos Ley de Memoria histórica que al parecer pretende apreciar en su justo valor los hechos y la actuación de los protagonistas y personajes de la Guerra civil o «incivil» de 1936.
Con lo de Salvador Moreno, Rajoy dejó patente una vez más, y ya van unas cuantas, su disconformidad con la mencionada Ley de Memoria histórica. Y su manera de entender aquello que tantas veces proclama de que «la ley está hecha para cumplirla». Lo mismo el 155 de la Constitución que esa Ley de Memoria histórica. Todas las leyes por igual.
Porque alguien le ha recordado a don Mariano que ha hecho alarde de que en cinco años el gobierno no se ha gastado ni un céntimo para aplicar y ejecutar la Ley de Memoria histórica. Y alguno de sus ministros ha dejado caer que algunos quieren desenterrar a sus familiares y rendirles homenaje porque su trabajo sería financiado por las arcas del Tesoro público. Y otros miembros o portavoces del PP se han burlado de esos españoles que no aciertan a olvidar «la guerra de sus abuelos».
La historia esta viene a cuento de que en Argentina han sido condenados a cadena perpetua altos jefes de la Armada que hace unos años torturaron y luego mataron a conciudadanos argentinos lanzándolos al mar desde los aviones.
Y ya de paso se ha recordado que desde el Crucero Cervera el almirante Salvador Moreno dirigió las operaciones de bombardeo sistemático de cientos de miles de andaluces que een 1937 huían de Málaga hacia Almería por la carretera de la costa, causando la muerte a varios miles de ellos…
Don Mariano Rajoy y su partido se sienten incómodos con la Ley de Memoria histórica, al parecer… Pero no les ha gustado que la ciudad de Pontevedra sustituya el nombre de Salvador Moreno por el de Rosalía de Castro.
Con vaivenes como éste, quizá algunos españoles se preguntarán hasta qué punto la Transición democrática ha pasado página y ha dejado atrás malos recuerdos, si nuestra democracia es de verdad de primera clase, o no acaba de romper amarras y respetar la voluntad de la mayoría y las leyes que España se da a sí misma a través de su Congreso de los Diputados.