
La prensa contó la semana pasada que una pareja estuvo a punto de asfixiarse por culpa del anhídrido carbónico del brasero con el que se calentaban… Y esta semana registra el debate sobre los presupuestos de 2018 de Euskadi, y la presión del PP vasco para que se rebaje el impuesto de sociedades para favorecer la competitividad.
El debate viene de lejos. Para el 2017, PP y PNV lograron imponer «sus presupuestos» en Vitoria y en Madrid. Todo parece indicar que el acuerdo de este año entre los dos partidos conducirá al mismo resultado.
En agosto de este año, PSE planteó al PNV la exigencia de mantener el impuesto de sociedades en un 28%, y aprovechar la bonanza económica que se está produciendo para mejorar las condiciones de las clases menos favorecidas.
Pero posteriormente el PP ha exigido que el impuesto de sociedades se rebaje al nivel del resto del Estado, un 25%, con objeto de impulsar la competitividad de las empresas vascas.
En clave de humor, el periodista Braulio Gómez, en El Correo, sugería que para algunos «los perdedores de la crisis son unos aguafiestas» y que la recuperación económica debe servir para mejorar la competitividad.
Al parecer, el PSE ha cedido en sus planteamientos iniciales y acepta que se rebaje el impuesto de sociedades. Pero entre sus filas, autonomías con gobierno socialista reclaman las mismas ventajas que se están otorgando a Euskadi, y Ciudadanos denuncian que Euskadi recibe de Madrid más de lo que aporta…
Expertos en economía aseguran que la tesorería de Euskadi se mantiene en casi un 80% de las rentas del trabajo, y las rentas del capital cubren apenas el resto de los ingresos fiscales. Algo que por otra parte ocurre en todas las economías del universo neoliberal…
Y los mismos expertos aseguran que en este universo neoliberal los ricos son cada vez más ricos y los pobres son cada vez más en número y se están hundiendo en la miseria más negra a pasos agigantados.
¿Caminamos hacia un universo neoliberal paraíso fiscal sin fronteras?
Mientras tanto, con el cuento de la sequía, la electricidad se encarece. ¿Habrá que volver a los braseros y el carbón vegetal?