
Así se anunciaba anoche en un programa de TV, por uno de esos “portavoces” de asociaciones ciudadanas espontáneas que, por puro altruismo y generosidad, pretenden nada menos que buscar la “Verdad” (así con mayúscula), a través de una “comisión” creada al efecto.
Dicho así, parece una nueva orden místico-filosófica que, como tantos otros santos, ascetas, ermitaños y filósofos a lo largo de la Historia, dedicaron su vida a la meditación y reflexión profunda, en busca de la iluminación que los llevase a la Verdad.
Pero no, lo que en el fondo se plantea es descubrir “su” verdad (con minúscula) parcial sobre la etapa de la dictadura de Franco. No sólo eso. Para ser más parciales todavía, se trata de hacer una especie de “juicio popular” (de unos cuantos) sobre lo que llaman (o entienden) como “franquismo”, igual que el “felipismo”, el “guerrismo”, etc. que todos hemos conocido a lo largo de los años: una especie de religión con sus creyentes fervorosos entregados a la causa del líder. Entonces esa supuesta “verdad” se va quedando pequeñita porque nace del prejuicio, del rencor y, de paso, recibir subvención pública.
En la Biblia (San Juan 8/32) se recoge la frase de Jesús a sus apóstoles: “conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. La palabra del maestro, era la iluminación en la fe que llevaría a esa Verdad total. La misma buscada por el príncipe Siddarta Gautama, cuando dejó todo para dedicar su vida al ayuno y la meditación. Es más, la frase ha presidido durante muchos años, como lema, la sede de la Agencia Americana de Seguridad (CIA) en Langley (Virginia), junto con la escultura “Kryptos” del artista James Sanborn, llena de símbolos aún por descifrar, salvo en lo que se refiere “al carácter esquivo de la verdad”.
Es ese carácter esquivo lo que propicia todo un catálogo de mentiras, fraudes, hipocresías, y simulaciones que han formado parte de nuestras sociedades, pero, sobre todo de políticas, ideologías y doctrinas, que se amparaban en supuestas verdades. Son las sombras de la caverna de Platón, que nos distraen y evitan el conocimiento de la la luz exterior, de la realidad, de la verdad.
Surge la primera cuestión: ¿estamos en condiciones de enfrentar esa verdad una vez que se nos ha educado para la mentira? La verdad requiere valor y voluntad, algo que pocos son capaces de asumir, prefiriendo la comodidad de la mentira (sobre todo si esa mentira nos promete bienestar y olvido de las responsabilidades propias).
Por eso no nos creemos el nuevo invento del PSOE (o de sus “cipayos”) llamado “comisión de la verdad”, sino como otra muestra de la deriva política de un gobierno donde las “verdades” están desaparecidas, convirtiéndose en simples mentiras, medias verdades y cambios de rumbo.
La primera de ellas nace de los propósitos de la moción de censura al gobierno del PP: convocatoria de elecciones inmediata. Ese fue el mensaje inequívoco de un PSOE a los españoles y a los grupos políticos que lo apoyaron en esa aventura, de la que unos han salido “chasqueados”, mientras otros han conseguido por medio de negociación oculta sus objetivos. ¿Es la verdad lo que ha dicho el presidente a los españoles sobre todo ello o ha sido la mentira disfrazada para conseguir sus objetivos personales y aguantar —como Rajoy— en Moncloa el mayor tiempo posible?
Las segundas mentiras proceden de sus “prioridades” políticas antes y después de la moción de censura. Antes anunciaba a bombo y platillo tres de ellas: supresión de la reforma laboral del PP (que era del PSOE en realidad) para acabar con la precariedad y el abuso existente; supresión de la “ley mordaza” (que venía recomendada desde fuera) y publicación de la lista de personas beneficiadas por la amnistía fiscal (aplausos del público y apoyo en su moción de censura). Resultados: ninguno. Donde dije “digo”, digo Diego. La vida sigue igual.
La tercera mentira se refiere al pulso del gobierno de la Generalidad de Cataluña, con respecto a la vía a la independencia o fragmentación de España. Una y otra vez se miente diciendo que se arregla con “política”, cuando se es consciente que el tema se les va de la mano. Nunca un Estado puede negociar con unos servidores públicos que cobran del mismo, dependen del mismo y viven del mismo. Un simple cese es suficiente a menos que se esté ocultando, mintiendo, para ganar tiempo en la Moncloa.
La cuarta mentira es jugar con la inmigración. Decir que son bienvenidos unos ante las cámaras de TV (sin saber muy bien que hacer con ellos), mientras otros cientos diarios se lo creen y arriesgan sus vidas en la llegada a España o son detenidos y devueltos al lugar de procedencia o se paga a otros gobiernos para detenerles previamente. “Welcome” primero. Después patada en el trasero.
La quinta mentira está en el papel del Parlamento, cuyo protagonismo se recuperaría en la labor legislativa (antes de la moción de censura). Más tarde, decretos-leyes y “dedazos” en el nombramiento de cargos públicos ya en Moncloa. El Parlamento queda otra vez reducido al arbitrio del ejecutivo y empequeñecido en sus funciones, con los representantes políticos convertidos de nuevo en marionetas que siguen la voz del amo.
La sexta mentira es la montada alrededor de la supuesta “memoria histórica”, donde para empezar se ignora la Historia. No sólo de España (el portavoz “cipayo” socialista confunde el escudo de los Reyes Católicos con el “escudo de los Franco” en el Valle de los Caídos, por ejemplo) sino de los movimientos o ideologías políticas y su diferente interpretación en cada pueblo. Enmendar la plana a todos los que por preparación, conocimientos y capacidad intelectual han investigado, reflexionado y escrito sobre la Historia, no puede hacerse más que desde la prepotencia ignorante y la manipulación de la gente.
Así empieza la “comisión de la Verdad”. Basada en las mentiras de quienes pretenden abanderarla.