No hay relato de España

Marta Pastor
Por
— P U B L I C I D A D —

No hay relato de España. Nos lo voló el franquismo, como otras muchas cosas de las que se apropiaron y no hemos sabido recuperarlo. La marca sucia de la dictadura quedó sobre la bandera y sobre la nación sin que nadie se atreviera a lavarla.

La derecha populista de Fraga en las primeras elecciones heredó el afán pertinaz del “banderismo” y la patria, porque pensaban que un país dormido, aun anestesiado por la inercia del régimen, seguiría como un perro bien amaestrado esos símbolos, manidos, manoseados y agotados por los hombres de negro del absolutismo. Se equivocaron de parte a parte. En el imaginario colectivo de los hombres y mujeres que vivieron la transición el relato de la nación y la bandera, estaba asociado al sufrimiento, el silencio y la opresión.

Luego, nadie hizo nada. Nos sumimos en una carrera por regenerar las libertades, que buena falta nos hacía, dejando aparcado nuestra identidad nacional, unos por complejo y otros porque, verdaderamente, era una tarea titánica sacar de las cabezas de los ciudadanos y ciudadanas esa asociación que tan bien había sabido manejar Franco. Mal asunto, porque las cosas que no se hacen a su tiempo y en su tiempo, luego son muy difíciles de recuperar.

Y falta de pan buenas son tortas. La mayor parte de las personas tenemos la necesidad de encontrar, de sentirnos dentro de una coincidencia común que represente lo que somos como un todo, y algunos, aprovechando ese vacío, fueron poco a poco trabajando en sus identidades. Cataluña y el País Vasco son claros ejemplos. A lo largo de tiempo se han ido ocupando, sin descanso, en esos sentimientos, porque no se equivoquen, el relato de la nación, es pura filosofía y emoción, pero, todos y todas los necesitamos. Y a la vez que trabajaban el sentimiento identitario catalán y vasco, también lo hacían con el sentimiento identitario europeo, saltándose el español, porque Europa si había hecho los deberes de romper con la huella espúrea que dejo Hitler con su proyecto europeo. Sin esos deberes hechos no hubiera sido posible la construcción de la Europa del siglo XXI. De hecho, a día de hoy, nadie asocia ya, la idea de una Europa unida con la huella totalitaria.

Se nos ha hecho tarde en recuperar lo que era nuestro y ahora difícilmente vamos a ser capaces de marcar esa emoción en las nuevas generaciones. Hemos crecido al margen de la nación y de la bandera porque nadie quiso reparar lo que había destrozado la dictadura, y difícilmente vamos a saber hacer palpitar nuestros corazones con los símbolos perdidos. Cataluña avanza hacia la independencia sujeta fundamentalmente por esas emociones. Y un sentimiento solo se puedo contrarrestar con otro sentimiento. De poco sirven las leyes, la política, la economía o la ciencia cuando no hay “piel” al otro lado.

Hace unos días Borrell, después de contarnos lo malas que eran identidades nacionalistas exacerbadas de algunos partidos de países europeos que quieren romper con Europa, terminó hablando de la nación catalana y de su reconocimiento, y de su sentimiento catalán. No se lo reprocho. Me sentí en ese momento como aquel que ve a una persona enamorada, cuando uno vive en un estado de desamor. Personalmente, sentí hasta envidia de lo que yo ya no tengo, de lo que no me han dado, de lo que no me han hecho sentir, y creo ya es muy tarde.

Son las once de la mañana. No llueve en Pozuelo y la temperatura exterior es de 26 grados.

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