La gente de toda filiación se pregunta irritada, cuando no estupefacta, cómo ha podido llegarse a esta situación en la hasta hace poco activa y aparentemente próspera España y las preguntas de la gran pregunta son un rosario interminable ¿Por qué hay tantos directores generales, consejeros-ministros menores, tantos asesores opulentos, tantos coches oficiales, tantas subvenciones, tantos liberados sindicales, tantos empleados de las organizaciones patronales con sustanciosos devengos, tantos políticos locales, regionales y estatales, tantas televisiones públicas deficitarias todas; por qué razón se han alzado diecisiete “estaditos” pretenciosos, ruinosos, plagados de presidentes, vicepresidentes, consejeros, magistrados, auditores y gerentes de empresas públicas, en general, ineficientes cuando no irrelevantes, ¿Cuál es la razón de la existencia de tantas cajas de ahorros? ¿Cómo se ha llegado a más de tres millones de funcionarios incondicionalmente vitalicios más otros empleados públicos laborales que resultan igualmente sempiternos…? ¿Cómo es que hay de todo, en a la postre un país más bien pequeño?
Hay de todo eso y, porque tenemos todo eso, también tenemos cinco millones de parados, un desempleo juvenil tercermundista, índices de fracaso escolar escandalosos, al tiempo que emigran nuestros mejores talentos; profesores sin estímulo ni carrera; una juventud Ni-Ni, despilfarrada, huérfana de orientación, médicos explotados en el sistema nacional de salud; abogados descreídos en los tribunales acomodaticios y en los jueces estrella, generadores de confusión e ineficacia, inmigrantes desolados quizá en su última desolación, una productividad bochornosa; jubilados maltratados, una Banca que vuelve a ser o no ha dejado de ser la “madrastra” que Adolfo Suárez retrató en su postrer intento político con el CDS; unos empresarios en los que cunde el victimismo, unos sindicalistas que parecen, en el fondo, esquiroles de los derechos de los trabajadores, una prensa en general clamorosamente indecente en la persecución de sus intereses y finalmente (por no terminar reclamando el rosario de la madre), unos ciudadanos cautelosos con el presente y francamente amedrentados cara al porvenir, después de mal despertar del sueño de un país que por un par de décadas parecía iba a tener éxito.
Los políticos se escudan alegando que al fin y al cabo no son otra cosa que el precipitado social existente, ni peor ni mejor que la media. Para eso no los necesitamos y además nos mienten. Los políticos no padecen el mismo grado de vulnerabilidad de los ciudadanos del común y, además, raras veces pierden uno u otro empleo público si son obsecuentes con el mando.
Si son representantes deben serlo de los intereses de los ciudadanos que incluyen los ideales de los mejores al servicio de todos y deben ser pocos, esforzados y ejemplares. Siendo ahora tantísimos, tan pegados e inmoralmente mimetizados en la bajísima media-medianía respecto de sus capacidades y tan autosuficientes en la procura propia y en el ejercicio escénico de su función, así le va al país. Un país funciona si sus dirigentes funcionan. Puro pragmatismo.
Por cierto, la consigna universal repite ¡No hay dinero, no hay dinero! Y esta respuesta a toda lacerante necesidad solivianta a Stéphane Hessel, un distinguido y esforzado nonagenario de ejemplar vida, que propone a los franceses que se indignen. Por cierto con extraordinario éxito. Se pregunta ¿Cómo que no hay dinero? ¿Qué ha sido del dinero en estos años de vertiginoso crecimiento y desarrollo? Y ahora aplicándolo a España ¿Cómo puede ser que a los jubilados se les congele la pensión y a los que tienen relación con los políticos, lo público o el gran capitalismo se les otorguen prejubilaciones de lujo?
¿Cómo hemos podido llegar a establecer como dogma de salvación que los trabajadores tengan que jubilarse a los 67 años y ello seguido de un proceso menguante de la cuantía de las pensiones? ¿Tiene alguna explicación seria que en esta vertiginosa espiral de millones —de miles de millones ¡de euros!— no se disponga de créditos incluso menores para los emprendedores?
¿Dónde está el dinero? ¿Quién lo explicará? Miles de codiciosos insaciables dirigidos y amparados por eximios e irresponsables de mentirosa retórica han empobrecido a millones de personas de presente y probablemente para los próximos años.
Mucho nos tememos muchos que la Partitocracia está devorando golosamente a la Democracia invocando su santo nombre entre bocado y bocado. Es una tentación pensar si estamos bajo el imperio de un stablistment compartido por esa partitocracia y el gran capitalismo.