
En esta “España nuestra, país, nación o lo que esto sea ya”, un conglomerado de regiones, autonomías o nacionalidades de diversas y variadas ideologías y costumbres, que siempre ha sido así y que con el pasar de los años en poco ha cambiado, no deja de ser la concepción de un país irreal, la historia de un magnífico territorio que siempre ha estado marcado y contagiado por el cáncer de muchos de sus gobernantes.
Somos un territorio, país o nación, que se ha retroalimentado gracias a las múltiples y variadas riquezas que posee, algo que le ha permitido evitar el arruinarse definitivamente para terminar desapareciendo. Por contraposición y gracias a esas enormes posibilidades ha ido permitiendo a través de su historia que muchos desalmados hayan podido desarrollar y establecer un sistema de corrupción que les permitiera enriquecerse a mansalva; sin escrúpulos y esquilmando hasta el máximo de sus posibilidades las arcas que iban llenando religiosamente sus ciudadanos, contribuyentes obligados, para según les decían, hacer el bien por la patria.
Cuando leemos la historia de nuestra España percibimos rápidamente todo el esplendor y las “grandezas” realizadas a través de los siglos de su existencia; Esplendor que lo tuvo, sin lugar a dudas; Grandezas que no se le pueden negar, pero que cuando las leemos con detenimiento no deja de entenderse que los que las llevaron a efecto con su innegable esfuerzo y participación, fueron fundamentalmente el pueblo y no sus gobernantes. Son hechos que con descaro se autoproclaman una gran parte de esos nefastos gobernantes, una gran mayoría de personajes que a través de nuestra historia hemos venido soportando, con mejor o peor suerte, y que desgraciadamente seguimos sufriendo hoy en día, es esto asunto que ha llevado a muchos a no haber querido nacer ni participar en algunas de esas etapas tan violentas y destructivas de nuestro territorio.
Pero ¿hemos aprendido la lección una vez conocida nuestra historia? Es muy recurrente de nuestro carácter la reacción de echarnos a reír o llorar por tales aventuras según requiera la situación y el momento, pero resulta ya tan absurda tal postura, que mejor sería tomárnoslo más en serio y repensar las actitudes a tomar y las acciones a poner en práctica para evitar repetir torpe y tozudamente los mismos errores.
Hoy, “medio siglo después” de la instauración de la democracia, de la redacción, aprobación y puesta en práctica de una nueva Constitución y de encontrarnos protegidos por la filosofía política y el orden de un Estado de Derecho. Es el momento para reflexionar y analizar en profundidad y con detalle lo vivido, separar lo que decimos haber “aprendido” y extraer en realidad lo que hemos “aprehendido”; debería ser imprescindible y necesario repasar circunstancias, hechos, personajes y gobernantes de las situaciones provocadas que han venido ocurriendo para bien o para mal, de igual manera que toda esa corrupción e infinidad de hechos bochornosos que han inundado día tras día la vida de nuestro país generado una gran desazón, una nefasta experiencia que nos ha llevado a experimentar una horrenda y frustrante sensación de impotencia.
No puedo por más comentar que, cualquier día, hoy mismo, ante la invasión de noticias, arengas y mensajes manipulados y perversos que nos mandan los medios de comunicación y debatidos por tertulianos y voceros de toda clase y condición, el tratar de extraer alguna conclusión resulta inimaginable; es tan deprimente, alarmante y confuso que lo único que nos produce es desanimo y perplejidad; la consecuencia nos lleva a una parálisis mental como consecuencia de las contraposiciones en el análisis de sus mensajes. No cabe duda de que son campañas bien orquestadas para favorecer sus espurios intereses, el objetivo es claro, generar confusión, odio y enfrentamiento. El núcleo central de tal operación parte de “un grupo de oligarcas caprichosos que se han adueñado de nuestro mundo” con el único objetivo de conseguir sus propósitos. Es un juego ambicioso de egos personales que lo han convertido en una lucha despiadada por conseguir a cualquier precio el dominio total, el libre albedrío que les permita tomar decisiones según sus intereses personales.
Ese bombardeo permanente de noticias y declaraciones, que parecen venir cargadas por el diablo, las cuales tenemos dificultad para ordenarlas, es imposible reciclarlas y menos asimilarlas y digerirlas, y aun así, resulta lamentable que aquí no reaccione nadie ni pase nada, solo el bla, bla, blaaa y mañana será otro día.
Dia a día, el Estado de Derecho se tambalea. Vemos con asombro y desconcierto como se mezclan trajes y camisetas, vestimentas reales y togas de las más altas instancias, cargadas de puñetas en sus mangas, a los múltiples gallineros de prebostes de lo público que solo se representan a ellos mismos y que son retribuidos con suculentos salarios, que lógicamente salen de los impuestos con los que exprimen a los contribuyentes. La soberbia de la que hacen gala estos personajes, que por cierto viven con toda tranquilidad, los lleva a tratar de convencernos que están ahí para resolvernos y facilitarnos la vida de una forma altruista y patriótica.
Deberíamos exigir a nuestros políticos que se dedicaran cada uno a lo suyo. Los políticos a gestionar las cuestiones públicas y los jueces a sentenciar según las leyes que rigen el país, sin ningún interés partidista, a las fuerzas de seguridad a proteger y garantizar la vida ciudadana. Es un verdadero error meter en la bronca política a la judicatura y a las fuerzas de seguridad, haciéndolas cada vez más politizadas y menos imparciales.
El gobernar exige una responsabilidad, de igual manera que el estar en la oposición no es irse de vacaciones cada cuatro años y solo trabajar para poner palos en las ruedas del sistema de gobierno con la única intención de destruir y no contribuir, como tampoco convertirse en el correveidile de Europa yendo a mendigar apoyos ante las dudas sobre determinados asuntos internos que solo nos atañen a nosotros.
Cuando de lo que se trata es de luchar contra problemas de la envergadura e importancia como los de una pandemia, una crisis económica, las altas tasas de paro, el futuro de las pensiones, el futuro de la sanidad, la enseñanza, el problema de la okupación, la violencia machista, el precio del alquiler, el coste de las hipotecas… o cualquier otro asunto de vital importancia para la ciudadanía, hay que estar ahí y priorizar las soluciones dando la talla, demostrando la capacidad de tus argumentos para solucionar temas tan graves. Es pernicioso utilizar cualquier medida que se debate convirtiéndola en la excusa perfecta para el escarnio político, los insultos, los gritos vociferantes, distorsionar la realidad con mentiras, confundir con medias verdades, hacer tus exigencias a través de ese caleidoscopio por el que tu miras con la única pretensión de ver los problemas según tus intereses, dejando a las claras que lo que menos importa es el motivo real del asunto en cuestión y que afecta sobremanera a los ciudadanos en general.
La realidad es muy distinta de lo que queremos ver y entender; estamos ante una situación de descredito de todas las instituciones, nos han introducido y nos están haciendo participes de una operación de acoso y derribo hacia la democracia y el estado de derecho. Nos hemos dejado meter de lleno en el fango de la confrontación política por el poder sin darnos cuenta, la situación requiere una seria reflexión y una reacción inmediata que nos lleve a recuperar la normalidad; hay que recomponer lo que los prebostes del poder han descompuesto para favorecer sus ambiciones, es mucho lo que está en juego y mucho lo que tenemos que perder todos los ciudadanos de a pie, los mismos que siempre terminamos pagando los platos rotos.
El hediondo fango en el que han metido a España y a todos los españoles, ya les llega a ellos mismos como a todo mortal, lo quieran oler o no ¿pues quienes si no lo han provocado? Y, ¿qué hace la ciudadanía mientras? mirar para otro lado y tirar como buenamente se pueda, conformarse con bonificaciones imaginarias y propinas inmundas que les permitan ir tirando. ¿todavía hay quien no se ha dado cuenta de que lo que te dan por un lado te lo quitan con creces por otro?
Estamos viviendo una situación tremendamente complicada que nos está conduciendo inexorablemente a un futuro muy desalentador, nos estamos dejando empobrecer, nos están exprimiendo a impuestos todos esos que pusimos para el buen gobierno y que han terminado por convertirse en cómplices de los poderosos que dirigen desde la oscuridad el sistema neosocialcapitalista, un sistema que nos vendieron como democrático y progresista. Me resulta ya difícil encontrar palabras para denominar esta situación como merece “a pesar del riquísimo idioma español”; ¿Qué tiene esta España nuestra? siempre indefensa y en manos de filibusteros.
¿Somos conscientes de que está en juego lo que tantos años tardamos en recuperar: “La Democracia y el Estado de Derecho”? ¿estamos dispuestos a dejárnosla arrebatar tan fácilmente? Pensémoslo bien, nos dijeron que votábamos democracia; Pues según elartículo 1 de nuestra Constitución, queda bien claro “Que la soberanía reside en el pueblo, que España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político” y que será ejercida directamente o por medio de los representantes elegidos para ello”.
Demos por descontado que todos conocemos que: “El Estado de derecho es la forma de organización política en la que se encuentra sujeta la vida social, y que por medio de un marco jurídico ejecuta un conjunto de reglamentos a fin de garantizar el principio de legalidad y los derechos fundamentales de todos los ciudadanos”. Gracias a que existe el Estado de derecho, se pudo configurar la organización política y dividirla en poderes: el Poder Legislativo, el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial.
Queda claro de que todos somos responsables y formamos parte de este proyecto democrático, como consecuencia estamos obligados a exigir el cumplimiento de dichas normas impidiendo su perversa vulneración con el solo objetivo de satisfacer los intereses de ciertos personajes, así como de las variopintas tendencias de los partidos políticos y el poder de los grupos financieros neoliberales existentes, intereses que están poniendo en serio peligro la seguridad, la convivencia y el futuro del propio sistema.
Lapidariamente podría quedar reflejado el Estado de Derecho:
«Entre todos lo mataron …y el solo se murió»
Desde hace tiempo vengo siguiendo y colaborando con la Fundación Hay Derecho, dedicada a la defensa del llamado «estado de Derecho» o, lo que es lo mismo, Estado regido por leyes que a todos obligan por igual, que rigen la convivencia social y surgen de las Cortes Generales si éstas están formadas por auténticos representates de la soberanía nacional.
Dicho ésto, vemos que en la mayoría de los países, rige un estado de Derecho y no por ello pueden considerarse ejemplos democráticos. Los hay incluso que utilizan ese estado de Derecho para imponer intereses particulares no sólo dentro de unas fronteras, sino por encima de los estados y naciones del mundo.
Las palabras son las herramientas con que se juega en el mundo del poder. Y éste las manipula a su antojo y según le convenga.
Un saludo.