El reality show de la política actual

La estabilidad de los gobiernos depende de la capacidad que tengan de excluirnos de la realidad, de hacer creíble la realidad fabricada en la que ellos viven.

El reality show de la política actual
Jesús de Dios Rodríguez
Por
— P U B L I C I D A D —

La transición política dio comienzo allá por el año 1975. La realidad es que la transición ya había comenzado a diseñarse allende nuestras fronteras varias décadas antes y creo está suficientemente documentada. Veníamos de cuarenta años de abstinencia política y de una absoluta y lógica orfandad de partidos políticos. Aquel universo de libertad y participación democrática que se nos brindaba nos iba a descubrir con el tiempo algo nuevo e impensable, políticamente hablando.

No dudo de lo laborioso que resulto poner de acuerdo a todas las partes, a los partícipes en la contienda y que habían mantenido y dirigido hasta ahora la dictadura (Nacional Catolicismo) y a los que regresaban junto a los nuevos que demandaban su participación en el nuevo proyecto político. Entiendo lo complicado que era encajar todas esas piezas en el tablero de ajedrez en el que se iba a librar una partida de tanta importancia, un complicado juego en la que los contendientes debían evitar a toda costa cualquier falso movimiento que pudiera precipitar un trágico final para el futuro del juego que se había comenzado. Contribuyó significativamente el apoyo incondicional de un pueblo entregado que, a pesar de los daños colaterales sufridos, había sabido recuperarse y superar las diferencias entre sus semejantes con el objetivo de salir de aquella situación de represiones y carencias en busca de un futuro más libre, y del que por fin ya empezaba a ver la luz al final del túnel.

Todo comenzó con el registro de cientos de partidos, unos ya tradicionales y otros de diversa índole e ideología, durante el periodo de 1975 al 1982 se fue produciendo una criba de la mayoría de esos partidos, muchos se refundaron con otros nuevos, otros se fueron agrupando, formando coaliciones y la mayoría, o fueron desapareciendo o pasaron a una actividad testimonial. El espectro político quedó reducido a las grandes formaciones que representaban en general a la derecha y a la izquierda, a los que hay que sumar los partidos tradicionales nacionalistas, del país vasco, Cataluña y alguna reminiscencia gallega. El resto se convirtió en folklore regionalista y grupacional de nuevo cuño y de corto recorrido. El Centro después de la descomposición de la UCD y la disolución del CDS había quedado huérfano de partidos y ha venido siendo capitalizado tanto por el PP como por el PSOE con la intención de captar los votos de los que no se veían representados ni por la derecha ni por la izquierda. 

El plan se concretó con la alternancia en el poder por los dos bloques principales, la derecha que agrupaba a los partidos liberal-conservadores y democristianos (integrados y representados en el PP) y los de la “nueva izquierda” (representados por el PSOE, con un socialismo progresista descafeinado con cierta mentalidad capitalista). Una vez quedo estructurado y definido el mapa político, estos no tardaron en poner en práctica el sistema bipartidista, un sistema pactado que ha durado más de treinta años y al que han prestado su colaboración interesada los partidos nacionalistas vascos y catalanes, que cada vez que les han necesitado para gobernar no han dudado en dar su apoyo a cambio de conseguir, poco a poco y paso a paso, un gran poder y prestaciones para lograr sus fines independentistas, formando y adoctrinando de una forma sibilina a su discípulos y seguidores a favor de la causa.

Al hilo del tema reproduzco aquí un párrafo de “Los Episodios Nacionales” que creo no necesita palabras para definir como se repite la historia por mucho que algunos se empeñen en convencernos de que tenemos que conocerla para que no se repita:

«Los dos partidos, que se han concordado para turnar pacíficamente en el Poder, son dos manadas de hombres que no aspiran más que a pastar en el Presupuesto. Carecen de ideales, ningún fin elevado les mueve, no mejoraran en lo más mínimo las condiciones de vida de esta infeliz raza, pobrísima y analfabeta. Pasarán unos tras otros dejando todo como hoy se halla, y llevarán a España a un estado de consunción que de fijo ha de acabar en muerte. No acometerán ni el problema religioso, ni el económico, ni el educativo; no harán más que burocracia pura, caciquismo, estéril trabajo de recomendaciones, favores a los amigotes, legislar sin ninguna eficacia práctica, […] No creo ni en los revolucionarios de nuevo cuño ni en los antediluvianos […] La España que aspira a un cambio radical y violento de la política se está quedando, a mi entender, tan anémica como la otra. Han de pasar años, lustros tal vez, quizá medio siglo largo, antes que este Régimen, atacado de tuberculosis étnica, sea sustituido por otro que traiga nueva sangre y nuevos focos de lumbre mental [… Y ] Todo se reduce a una farándula más entre las múltiples que regulan la conducta social del hombre civilizado, como por ejemplo, la buena educación, el respeto a las personas que ostentan alguna dignidad aunque sean unos gaznápiros, el someterse a las modas del comer, del beber, del vestir y del calzar, y otras tonterías que hacemos de continuo, sin parar mientes en nuestra imbecilidad.»

B. Pérez Galdós (1912). Cánovas. Episodios Nacionales, Cap. XX.

Parece que fue ayer lo que ya se criticaba hace más de un siglo. Los políticos actuales son meros actores al servicio de los poderes, ya nada ocultos, que gobiernan el mundo globalizado. La política ha quedado solo para que los políticos a nivel local consigan repartirse el poder y ejercer una profesión con grandes ventajas.

A partir de ese momento, la ambición desmedida de nuestros políticos y sus políticas, nos metieron de lleno en “La globalización”, (la deslocalización industrial en busca de mano de obra barata y el libre tráfico de capitales a paraísos fiscales) un plan bien dirigido y orquestado por el capitalismo mundial. Un proyecto que se había puesto en práctica a la finalización de la II Guerra Mundial. Un plan diseñado con el fin de instaurar un gobierno único, burocrático y controlado por sectores elitistas y plutocráticos, a nivel mundial, que terminaría por convertirnos en meros figurantes de un nuevo orden mundial.

La ciudadanía de esta España diversa, tanto del sector rural como del industrial y servicios, de lo público y de lo privado, ha comenzado ya a reaccionar, a organizarse frente a esta clase política tramposa y filibustera a la que podríamos añadir todos los calificativos habidos y por haber. La grave crisis económica que produjo la explosión de la burbuja inmobiliaria en el 2008 y que tuvo un costo multimillonario para toda la ciudadanía, y que nos vendieron estaba ya superada, tras la expansión del virus COVID-19 nos ha quedado bien a las claras la falsedad y las carencias de tal recuperación, tanto a nivel nacional como a nivel mundial, la pandemia desatada nos deja al descubierto la cruda realidad económica e industrial que nos acucia y una infinidad de interrogantes y temores.

Nos deberían aclaran de una vez el origen del virus; vemos con desaliento que las medidas tomadas para combatirlo están siendo escasas e ineficaces en todo el mundo. La inversión que se ha realizado en vacunas ha sido cuantiosa y los resultados son decepcionantes y contradictorios sobre sus resultados, la fabricación y reparto de las mismas está siendo un desastre a nivel comercial y de un completo descontrol por parte de todos los gobiernos. No se acierta ni por asomo con los plazos para la vacunación y las necesarias restricciones impuestas contribuyen sobremanera al desastre económico. Hay millones de hogares en situación de indigencia, las colas del hambre aumentan y se hacen interminables a las puertas de Cáritas y centros de reparto de alimentos. Y ya se anuncia la llegada de la cuarta ola.

Ante tal situación vemos indignados y estupefactos como los partidos políticos y sus dirigentes se enzarzan vergonzosamente en elecciones y mociones de censura en una lucha por el poder y sus intereses partidistas y personales por encima del bien común.

El agotamiento, la saturación y el hartazgo en la sociedad está causando una segmentación del espectro político, cada día nace algún nuevo partido o plataforma ciudadana (Teruel existe, Jaén merece más, Tercera edad, La España vacía, y así hasta más de 150 organizaciones o plataformas ciudadanas ya registradas) dispuesta a presentarse a las elecciones con el objetivo de defender los intereses que representan ante la ruina y la falta de medios que padece actualmente la sociedad como consecuencia del abandono causado por los partidos y políticos actuales en el poder. 

Los políticos nos sorprenden cada día con sus afirmaciones y calificativos que rayan el insulto hacia sus oponentes. Se han especializado en ataques viscerales, tratando de imprimirles sarcásticos y grotescos matices graciosos, hábiles para buscar la expresión que más daño y descredito produce, el traspaso continuo de políticos entre partidos para conseguir el poder es pobre y vergonzoso. La fragmentación política actual obliga a negociarlo todo. Están crispando peligrosamente a esta sociedad, favoreciendo inoportunamente los extremismos, y lo hacen poniendo sus intereses partidistas por delante de los de la ciudadanía. No se valora el bien común y la búsqueda de soluciones. Esta situación nos acerca, de nuevo, peligrosamente al abismo.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí