
Todo producto, bien o servicio, existe si tiene un comprador. La política es uno más. El que existan los racismos separatistas (esos que, eufemísticamente, se autodenominan nacionalismos) se debe a la izquierda acomplejada que tenemos; por comprar y a la vez convalidar lo que no es más que racismo como si de una opción verdaderamente política se tratara.
Llamo, sin complejos, racistas a los separatistas. ¡Es racista querer separarse de España! O de cualquier otro país.
Desde 1978, los socialistas catalanes figuraban como Partit dels Socialistes de Catalunya, PSC-PSOE, sin ningún tipo de complejos. Soportaban estoicamente los ataques que el entonces sano autonomismo de Convergència i Unió (CiU) le dirigía, motejándolo de “sucursalista”; o los provenientes del insignificante racismo de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) llamándolo “españolista”. Así, como un insulto.
Esta resistencia fue minándose poco a poco, hasta que el PSOE claudicó y le dio la “independencia” al PSC. Éste, ya con las manos libres, firma en el 2003 el famoso Pacto del Tinell, con los racistas de ERC como también con los acomplejados de Iniciativa per Catalunya, la sección catalana de la acomplejada Izquierda Unida. Sucedió al ganar CiU las elecciones autonómicas sin mayoría absoluta. El PSC, en vez de negociar con Artur Mas, forma el primer Tripartito con las citadas fuerzas. Artífice de todo ello fueron nombres como Pasqual Maragall y la fallecida Carme Chacón.
Artur Mas dijo siempre que ellos jamás convocarían un referéndum por la independencia, pues sabían que Cataluña deseaba, por aplastante mayoría, ser española. Ahí están los artículos periodísticos… ¡maldita hemeroteca!
Y aquí comenzó el desastre: en el año 2003. Inmediatamente, los racistas de ERC se apoderaron de todos los resortes de poder en Cataluña: de los medios de comunicación públicos, empezando por TV3; de la educación: hasta el punto de que desde esa fecha no se puede ser profesor de educación secundaria, si no se es militante o simpatizante de ERC; del presupuesto: una gran parte del dinero público va destinado a financiar proyectos con fines identitarios.
Desde el año 2003 todos los aspectos de la vida catalana se ven teñidos de separatismo, llegando a poderosas instancias idiosincráticas como el Barça. Ya sabemos el poder del fútbol en las sociedades contemporáneas, y Cataluña no es menos. Desde siempre, en todas las instalaciones del Barça (Camp Nou, Masía) había ondeado la bandera española en igualdad de prestancia que la catalana y la del Club; es más: figuraba en el centro, como debía ser. Pero llega a su presidencia Joan Laporta —simpatizante del racismo independentista— la rojigualda desaparece y el Barça se convierte en lo que nunca en su vida había sido: en separatista.
Con estos poderosísimos elementos, a saber: TV3, educación secundaria y Barça ¿cómo no se iba a propagar el independentismo? Y si además se le agrega que en el año 2004 llega a la Secretaría General del PSOE un acomplejado e inculto político como José Luis Rodríguez Zapatero ¿cómo no se iba a asentar el separatismo en todo el ámbito de la izquierda española? Recordemos que Zapatero se inicia diciendo aquello que “aprobaré el estatuto de autonomía que apruebe el Parlamento de Cataluña”…un estatuto redactado con toda intención anticonstitucional; prueba de ello es que su borrador jamás fue sometido al dictamen no vinculante del Consejo de Estado. Y siendo Presidente del Gobierno, Zapatero se despacharía con la estrafalaria frase de que… “el concepto de España como nación es discutido y discutible”… ¡Para qué más!
¿Qué otra cosa necesitaba el racismo separatista para funcionar?
En ningún país del mundo, a ningún jefe de Estado o de Gobierno, se le ocurriría una estupidez semejante. Y es así como la izquierda se convierte en presa fácil de los racismos separatistas. No se da cuenta de que en entre los nacionalistas hay una gran competencia por ver quién es más nacionalista. ERC es un partido cuyo alfa y omega siempre ha sido separar a Cataluña de España. Introduciendo a estos racistas en el vida gubernativa de Cataluña, excitaron los celos de Convergència i Unió. Un partido que jamás en su vida había sido separatista; que siempre tuvo discurso de España; que residía en un sano autonomismo, pero que no quiso ser menos que sus competidores. De esta manera se subieron al carro separatista y a partir de ahí tenemos el desastre que hoy asola al Principado.
Por todo lo dicho, es el PSOE el máximo responsable de la patética situación. Más que los racistas separatistas. La frivolidad, la inmadurez y las carencias intelectuales no les dejaron ver a los socialistas que dándole alas al racismo separatista iban a provocar la terrible división en que hoy se encuentra la sociedad catalana: padres, hijos y hermanos que han dejado de hablarse; divorcios, matrimonios que no llegaron a realizarse; amigos de toda la vida que ya no lo son; malestar en los puestos de trabajo; discusiones en bares, cafeterías, supermercados…
Y todo porque el PSOE se dejó seducir por el componente “izquierdista” de los racistas de ERC. ¡Mayor inmadurez, imposible!