El largo y cálido verano

El largo y cálido verano
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Esa era la traducción al español, de la magnífica película hecha en EE.UU. en 1958, dirigida por Martin Ritt e interpretada por un elenco de actores y actrices de la “vieja escuela”: Paul Newman, Joanne Woodward, Orson Welles, Lee Remick y Tony Franciosa. Una adaptación de la novela “El villorrio” de 1940 del escritor William Faulkner y primera de la trilogía dedicada a la familia Snopes, base del largometraje mencionado. 

En España y en otros países occidentales conocidos como lugares de turismo, empieza ese “largo y cálido verano” del año 2021 que sigue bajo la amenaza de un extraño virus (cuyo origen y producción aún no se ha descubierto, o sí), donde han predominado como en el año anterior, mensajes y medidas políticas bajo justificación aparentemente sanitaria, confusas, contradictorias y fútiles, que continúan dejando una situación de pánico incontrolado en la sociedad. 

Y esto ocurre cuando se nos anuncia desde el gobierno (¿o sería mejor decir “los gobiernos” que componen el ejecutivo?) que se está saliendo de la crisis y de nuevo podemos tener esperanzas en la recuperación “resiliente” (por palabras vacuas que no sea) de nuestra maltrecha economía (turística sobre todo), en base a los tan manoseados e impostados fondos europeos que, como siempre, van a aumentar la debacle de la deuda. Todo sea ganar tiempo y luego que nos quiten lo bailado. 

En un pequeño viaje turístico para comprobar sobre el terreno la recuperación del sector, he podido observar -por desgracia- que el pánico inoculado en todo momento y lugar a la población, recordado machaconamente por los medios de comunicación del régimen, las corporaciones del régimen y los “voceros” a tiempo total del régimen, sigue siendo la tónica común en la mayor parte de los lugares visitados. La crispación de la mayor parte de los trabajadores del sector por motivaciones que podemos intuir, se traslada a los huéspedes y visitantes en mayor o menor medida, hasta el punto de provocarle una sensación de gran incomodidad. Hay miedo (y ese es el mayor y peligroso contagio), recelo y al mismo tiempo la resignación de saber que empleos y sueldos dependen de los turistas. 

Ya se anuncian nuevas variantes del virus. Nuevas cepas relacionadas por algunos expertos como el virólogo de origen francés Luc Antoine Montaigner, residente en China y premio Nobel de Medicina en 2008, con las vacunas y el sistema inmune de las personas (una cuestión no sólo basada en la Ciencia, sino en la lógica y la razón). Tales variantes empezaron a surgir en diferentes países, por lo que tienen ya el apellido de origen: “brasileño”, “indio”, “sudafricano”, etc. Es decir, son susceptibles de aparecer, trasladarse y contagiar -al parecer- allí donde sus portadores las lleven consigo, incluyendo en tales contagios a los ya vacunados. 

Como vemos, los viajes de unos lugares o países a otros, siguen marcando la preocupación general de los turistas y viajeros que, además, van a estar sometidos a cualquier medida -incluido el confinamiento- en cualquier momento y en cualquier lugar del mundo. Un panorama nada agradable para quienes buscan pasar el “largo y cálido verano” descansando, relajados, libres de preocupaciones, respirando ese aire limpio que vivifica el sistema orgánico y disfrutando de la hospitalidad tradicional del turismo. En lugar de eso pueden encontrarse con un rechazo instintivo (por el lugar de origen) y las pruebas  que sufrirán desde el momento de poner pie en un aeropuerto, hasta el recelo natural de los lugareños en cada momento de su visita y con cualquier motivo: comer, tomar un refresco, pasear, comprar, charlar, etc., a pesar de seguir amordazados (he vivido en directo lo absurdo de los actos más sencillos en la vida del turista, como estar con mascarilla al borde del mar, en lo alto de un acantilado, con la persona más cercana a más de 200 metros y respirando CO2 en lugar del aire marino, cuyas propiedades y beneficios todos conocemos). 

La cantidad de despropósitos creados por el pánico (que es libre, pero puede ser alimentado mediáticamente) sin tener claro el origen del problema, se va convirtiendo en un experimento social para medir la “resiliencia” (el grado de resignación) de una población presidida por el miedo, con los lazos naturales y humanos rotos, donde el enfrentamiento entre unos y otros, haga posible la sumisión de las masas a los poderes nebulosos de las oligarquías mundiales. Lo que en principio era una emergencia sanitaria, se va perfilando como una lucha de intereses financieros, políticos y económicos, de dudosa justificación.

Todo ello hace impensable una verdadera recuperación. La primera sería de la sociedad si es capaz de entender lo que significa vivir cada día con los riesgos correspondientes, para enfrentarse a ellos desde la responsabilidad razonable. La segunda sería el empoderamiento social real para exigir responsabilidades por acciones, omisiones, negligencias y todo tipo de disparates por quienes recibieron un poder delegado. La tercera sería el desenganche de los intereses nacionales, de aquellos otros dictados por los intereses particulares de unos cuantos bajo el trampantojo climático, sanitario, identitario, etc. 

Mientras tanto, el “largo y cálido verano” será otra etapa más de las diseñadas por quienes tienen una agenda personal ajena a los intereses comunes. En todo caso, mis mejores deseos para todos durante el mismo.

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