El Gobierno de las promesas incumplidas

Pedro Sánchez
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— P U B L I C I D A D —

“Si ustedes nos dan su voto: puedo prometer y prometo que nuestros actos de gobierno constituirán un conjunto escalonado de medidas racionales y objetivas para la progresiva solución de nuestros problemas”. Puedo prometer y prometo es sin duda la coletilla de la transición, pronunciada por Suárez antes de las elecciones de 1977.  Ahora bien, nada que ver con las promesas electorales del Gobierno de Sánchez, que es el más propenso a prometer y no cumplir de la democracia. En convertir en papel mojado cualquier promesa, en planear y ejecutar con atinada firmeza y precisión un jaque a la palabra como discurso político.

Política y mentira, no siempre, pero suelen ser amigas y conocidas. La “verdad” se ha quedado fuera de juego con Sánchez y no sabemos si ha superado ya las 30.000 mentiras de Donald Trump durante su mandato. No obstante, y de forma genérica, sorprende que haya tantos cínicos y embaucadores en campaña electoral. “Embaucador” como definición de “la persona que engaña a alguien con palabras, ofreciendo o prometiendo cosas que no puede o no piensa cumplir”. Por lo tanto, y como resultado de tal apreciación ¿se creen los políticos lo que dicen? Porque algunos mienten, a veces. Y, otros, siempre…

Dicen las malas lenguas que la mejor manera de destruir una mentira es oponerle otra. Y otra. Es lícito preguntarse ¿por qué lo hacen? Por otra parte, ¿obliga o compromete la promesa de un político? Todavía más, ¿hay mentiras que puedan ser justificadas en política? Y llegados a este punto no podemos negar la superioridad del presidente del Gobierno de España por su habilidad para la mentira política, la propaganda y la manipulación. Nadie como él, aunque las medidas de otros candidatos del 28M no solo es que resultan difíciles de creer, sino que algunas parecen sacadas de un manifiesto surrealista.

Mónica García candidata de Más Madrid ha propuesto que los camareros utilicen un tacómetro que mida lo que trabajan. La alcaldesa de Barcelona ha prometido quitar a los Borbones del callejero por ser poco honorables. Aún más, Rita Maestre se ha comprometido a empadronar a okupas e ilegales. Igualdad ha ofrecido una app para contabilizar como se reparten las tareas domésticas. Ione Belarra tampoco se ha quedado atrás y ha propuesto la creación de supermercados públicos para afrontar al propietario de Mercadona. Y, por su parte, Yolanda Díaz ha decidido regalar 20.000 euros como herencia universal al cumplir los 18 años.

Una vez más, y fiel a sí mismo, Pedro Sánchez no ha defraudado y para conseguir el voto del electorado ha prometido de forma contundente, y absolutamente convencido, cientos de miles de viviendas de alquiler asequibles. Ayudas por aquí y por allá, a la educación pública, descuentos a los jóvenes en el interrail europeo, cine a 2 euros para los mayores de 65, jubilación anticipada para discapacitados, el derecho al olvido oncológico, avales de primeras viviendas a jóvenes… Y eso solo en la campaña electoral de autonómicas y municipales del 28M, sin tener en cuenta las elecciones generales que se avecinan.

Mientras tanto, si nos atenemos a las promesas incumplidas, aquí tenemos unas cuantas con la perspectiva del tiempo. Todos recordamos aquello que dijo y no hizo, como su promesa de no aliarse con Podemos, no pactar con Bildu, condenar los referéndums ilegales, traer a Puigdemont a España, no otorgar indultos a los golpistas del procés ni pactar con independentistas y mantener el delito de sedición. También aseguró aumentar las penas por corrupción, recuperar el prestigio institucional, construir miles de viviendas, no rebajar las penas por el solo sí es sí o no subir impuestos. ¿Cómo se define a una persona que dice una cosa y hace otra? 

A partir de esta premisa, ¿por qué los votantes siguen acudiendo a las urnas para depositar su confianza en políticos que mienten? Las promesas electorales que se hacen en campaña no obligan a las partes a cumplir sus obligaciones. Pero ¿debería existir algún mecanismo de control que exigiera el cumplimiento? Ahí lo dejo. Mienten, pero seguimos votándoles. Y ¿por qué? Muy por el contrario, la respuesta es sencilla, porque tenemos fe. Una fe ciega en ellos, sin importar lo que digan o hagan. Los electores, más que ciudadanos, somos fieles o creyentes. Y es que los partidos políticos, como ideología, sustituyeron a la religión en la época contemporánea.

En fin, quizá sea una necedad, pero la estupidez es contagiosa.

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