El efecto Feijóo

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

«Lo que no pué ser, no pué ser… y además es imposible…»

La frase se atribuye a una célebre figura del toreo y puede tener su aplicación al nuevo líder del Partido Popular. Un socialista de la primera ola del PSOE —al parecer por juventud— que más tarde desembarcaría en el partido contrario, siguiendo la estela política gallega del inolvidable Pío Cabanillas (“Hemos ganado pero no sabemos quiénes…”) hasta llegar a Mariano Rajoy y a la cabeza de la Xunta de Galicia.

La crisis que hace apenas un año conmovió las estructuras del partido llevándose por delante a sus cabezas visibles, hizo volver los ojos hacia la figura de este gallego sin perfil político definido, para presidir el PP a pesar de las reticencias que su gestión política (nacionalista) y social (medidas contrarias a derechos fundamentales durante la pandemia) presentaban. Por no hablar del reproche sobre sus “amistades peligrosas” esgrimido por el PSOE en su contra.

A pesar de todo se produjo el “efecto Feijóo” (más mediático que real) como si hubiera llegado la hora del recambio en el camino hacia la agenda globalista 2030 (con sus aberrantes y acientíficos proyectos), en el “turnismo” diseñado para España desde más allá del Atlántico. El “efecto Sánchez” pierde fuelle y, al fin y al cabo, no importa el color del collar del perro si es obediente y sumiso como fueron sus predecesores.

Para ello tiene que haber existido declaración previa de su fe de converso en la nueva religión de la “calentología climática” (Ferrandis) y la “descarbonización”, así como en las controvertidas leyes de género ajenas no sólo a la Ciencia, sino a la más elemental sensatez y los conocimientos más básicos. Todo sea por la promoción política y personal que parecen venir desde los poderes globales. Su “ocurrencia” última parece que ha sido requerir la desaparición inmediata de unos 19 millones de vehículos con motor de combustión en España (19 millones de votos menos). Parece querer emular al actual alcalde de Madrid que ha resultado ser “más papista que el papa” ampliando la zona de emisiones y contentando con ello a sus adversarios municipales (según la que fuera vicealcaldesa con Carmena: “Almeida hace lo que nosotros decimos”. Y es que lo “progre” mal digerido tiene consecuencias.

Otra, celebrada con grandes risas por amplios sectores de la política nacional, ha sido el envío de embajadores a los barones socialistas para pedirles un cambio de lealtades (cargos y sueldos), confiando en atraer votos contrarios. Un ejemplo de bisoñez política, de candidez personal o de astuta estrategia ¡quién sabe! Mientras afirma por una parte que “no ha venido a insultar” al actual presidente de gobierno, por otra los portavoces del PP dicen lo contrario y quieren “echarle” de la Moncloa.

Un par de victorias electorales en sendas comunidades autónomas le ha hecho sacar pecho, sin darse cuenta de que una de ellas ha sido a pesar de su decisión de no pactar con Vox; la otra tiene entresijos peculiares de clientelismo añejo desde hace años en Andalucía que parecen mantenerse. Además, el CIS y las encuestas más o menos cocinadas, le pronostican unos datos favorables siempre en la órbita del PSOE, tanto para engañarle, como para ir preparando la transición de poder y la salida del actual gobierno en las próximas elecciones. Ya lo hizo con Ciudadanos y conocemos los resultados.

La reacción de los votantes del PP (y de muchos militantes) debiera servir de revulsivo para darse cuenta de lo que se supone es un partido conservador de oposición, frente a otro que se supone contrario. Esa es la posición de quienes quieren impedir la fragmentación de la nación frente a quienes parecen tener como consigna su destrucción. Pero no, como se dice más arriba: “lo que no pué ser… no pué ser…”.

Así las cosas, tenemos un Partido Popular teóricamente reconvertido con el Sr. Casado dejando las cenizas de sus compañeros por el camino, para quedar amortizado en escaso tiempo a causa de su estrambótica posición política. Con el Sr. Casado cayó también el fiel escudero Sr. García Egea. Lo mismo puede vaticinarse en las próximas elecciones al Sr. Feijóo, junto con el peón de brega de confianza actual Sr. González Pons, inmerso en la misma religión. La única posible compensación está en el destino que hayan preparado para cada uno de ellos como premios a su papelón.

En ese mundo sigue brillando cada día la verdadera estrella que mantiene por sí misma más de la mitad del voto popular: la presidenta de la Comunidad de Madrid que, a falta de adecuada respuesta política de su partido al gobierno, ha sido elegida por los votantes como la única capaz de cohesionar votos en torno a su persona por su claridad de ideas y de mensaje: con la libertad de los españoles no se comercia.

El “efecto Feijóo” parece que empieza a diluirse para las elecciones generales mucho antes que el “efecto Casado”, por la misma causa: la falta de un proyecto claro y preciso que sea capaz de ilusionar a unos ciudadanos que “pasan” ya de la política y sus representantes. Hartos e indignados, pero “soberanos” a fin de cuentas, ellos tienen el poder del que emanan los “poderes del Estado”.

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