
Para algunos quizá los años que han pasado desde la Transición democrática en Euskadi son más bien cuarenta años de gobierno del Partido Nacionalista Vasco, con el PSE como muleta para redondear las faenas a las que se ha visto sometido. En todo caso, la alianza de fuerzas se ha mantenido, con algún relevo del PSE en la Lehendakaritza, y con un declive que, a día de hoy, marca el punto más bajo de apoyo del electorado para los socialistas y más alto para los nacionalistas.
En la otra orilla, la de la izquierda de signo estatal y la de signo abertzale, la tónica ha sido de oposición; bastante han tenido con superar la tragedia de ETA y ejercer una oposición puramente testimonial y utópica.
Estos días, Arnaldo Otegi ha pasado por la Televisión española y ha recibido la bronca estridente de la Asociación de Víctimas del Terrorismo… mientras Josu Ternera caía en las redes de la policía francesa salía de la cárcel y volvía todo seguido por reclamaciones de la justicia española, mientras ambas izquierdas forcejeaban para hacer avanzar una solución para los que todavía siguen cumpliendo en las cárceles de todo el Estado penas pendientes.
Es decir, que lo que es hacer política con acento democrático sigue bajo mínimos. Un pequeño avance en las elecciones municipales, al amparo de acuerdos entre Bildu y Podemos, y a nivel parlamentario propuestas para una nueva fórmula de encaje de Euskadi en el conjunto del Estado, en una búsqueda común de PNV, EH Bildu y Podemos, y un debaten torno a los presupuestos de la Comunidad Autónoma, con borradores por separado de cada uno de los tres grupos mencionados, detalle que supone quizá una voluntad de avanzar en la consolidación de un modelo autonómico que consagre definitivamente la convivencia entre los vascos y de los vascos con el resto del Estado, y una proyección de las cuentas de la comunidad con un acento, más social.
Porque en fin de cuentas, la ineficacia de la izquierda vasca ha dejado manos libres hasta ahora a las aspiraciones de la banca y las asociaciones empresariales, que siguen escapando a la fiscalidad mediante privilegios exagerados y trampas en las cotizaciones y horas extra no declaradas y todos esos subterfugios que les vienen dados desde las alturas del Gobierno central de Madrid y las leyes de reformas laborales…
En definitiva, la misma situación que en Cataluña, donde la burguesía manda y la clase trabajadora obedece solo que aquí con un lenguaje menos agresivos con el Estado, gracias al engarce entre PNV y PSE que engrasa «las bielas y las correas de transmisión». Una sintonía que en clave de humor ya recogió antes Rajoy cuando replicó a Aitor del PNV desde su escaño en las Cortes:» Aitor, si quieres cosechar trigo, te presto mi tractor».
Justo es reconocer que las maneras con que dialogan o se intercambian reproches y saludos peneuvistas y centralistas serían muy oportunas para Cataluña y para todos… Y sería de agradecer que los otros personajes del debate sobre Euskadi y España que siguen enrocados en sus lenguajes agresivos e intransigentes, tanto de un lado como del otro mirasen más a desterrar definitivamente guerras sucias, cal viva y demás malos modos.
Y de paso sería bueno reconocer que el pueblo vasco, el ciudadano de a pie, ha tenido en toda esta historia un papel protagonista. Que ni el Estado ni el PNV ni los líderes de la política vasca, ni Ardanza ni Arzalluz ni Otegi han tenido las riendas y el valor para enderezar la situación, sino el pueblo en la calle, el pueblo en las iglesias, el pueblo silenciosamente, mansamente, tercamente. El de los gestos por la paz, el de las manifestaciones con motivo del asesinato de Miguel Ángel Blanco, y de tantos y tantos momentos como estos.