Canto del cisne en Ciudadanos

Refundación Liberal
José Luis Heras Celemín
Por
— P U B L I C I D A D —

El cisne no canta nunca, grazna. En la historia hay una leyenda, que recoge Virgilio y da cuenta de algo inaudito: El Cisne, como predicción de su propia muerte, canta. En Grecia el hecho mereció la atención de Esopo (fábula el Cisne y el Ganso), Esquilo (en Agamenón), Sócrates, Platón y Aristóteles. En Roma, el canto del cisne se convirtió en proverbio, que usaron el poeta Ovidio en su Metamorfosis y el bilbilitano Marcial. En inglés, Shakespeare lo recuerda en El Mercader de Venecia. Da Vinci, el gran Leonardo, lo sublimó: “El cisne es blanco, sin mancha, y canta dulcemente cuando se muere, y esa canción pone fin a su vida”. Después, siglo XIX, Schubert compuso su El Canto del Cisne; y Antón Pávlovich Chéjov, con el mismo título, escribió un estudio dramático en un acto, sobre la despedida de un actor viejo de un escenario.

La mañana en Madrid era otoñal y agradable. En el intercambiador de la Plaza de Castilla dos letreros luminosos anunciaban algo a lo lejos. El día anterior en el mismo sitio, según informe de un encargado de seguridad, una marca de bebidas sin azúcar hacía propaganda y regalaba envases.

De cerca, se podían leer los letreros luminosos: Refundación Liberal. Con letras metidas en un cuadrado y con colores difusos no consistentes que empezaban en azul, seguían en turquesa, para llegar a rojo desvaído y acabar en el azul del principio. El tono empezaba y terminaba igual, con un recorrido raro que, acaso por azar distraído, marcaba trayectoria.

La escena se desarrollaba en la zona sur del Intercambiador: Acceso y salida del metro al Norte, libre. Lateral Este, acera de los pares del Paseo de la Castellana, con mesa para los que hablaban o amenazaban con hacerlo. Lateral Oeste, frente a la anterior y lejos, con mesa para la prensa, dos sillas libres, otras dos para ‘prensa propia’, y dos periodistas. Y lateral Sur, junto a la plaza, ocupada por el staff, con mesa de mezcla, bafles, altavoces y aparatos de figuras y condiciones varias. En el centro unas sillas plegables, cómodas, más libres que ocupadas ofrecían asiento.

¿Quiénes son? —preguntó una pareja de ancianos a un guardia.

—Lo pone allí, Refundación Liberal. —contestó el agente.

—Ya veo, pero ¿quiénes son? —insistió.

— La de la chaqueta roja es Villacís, la de negro es Inés Arrimadas, el que habla ahora no sé cómo se llama, pero creo que de la Asamblea de Madrid —explicó una mujer joven, guapa, rubia y vestida con un traje de piel ajustado color canela.

—Acabáramos, los de Ciudadanos. ¿Y dan algo? —sentenció la señora.

—No, hablan. —contestó la guapa del traje de piel.

— La Inés. Vamos a escuchar. — propuso el hombre.

Se sentaron en la última fila, junto a la mesa de la prensa y escuchamos. Arrimadas tiene facilidad de palabra, es locuaz y dice lo que quiere, sin papel ni chuletas para lectura. Era posible un ataque de elocuencia, pero no fue el caso. Izquierda y derecha a la greña y en medio Ciudadanos, o como quiera que se llame la refundación o el invento, para remedio de todos los males. Compartí la novedad en un chat de liberales y al momento, los dos minutos que van desde las 11:43 a las 11:45, un mensaje doble de un liberal: “Arrimadas y Villacís intentan la refundación liberal, lo que ya es un error, porque el liberalismo está muy vivo sin ellos y la refundación es de Ciudadanos, no de nuestro ideario. Todo lo hacen así y están haciendo mucho daño al liberalismo”.

Al acabar el discurso de Arrimadas que terminaba el acto, podría saludar a algunas de las personas conocidas en C’s que estaban rellenando huecos. No lo hice. En vez de improvisar una postura falsa, buscar un ánimo que prestar como aliento o emperifollar un gesto artificial, me levanté, me escurrí entre la gente y, al borde de la acera, mientras esperábamos el paso de un autobús, me uní a la pareja de ancianos con los que había estado:

—¿Qué le ha parecido? —me preguntó el hombre

No contesté, hice una mueca que le satisfizo, e imaginé algo. Da Vinci: El cisne es blanco, sin mancha, y canta dulcemente cuando se muere, y esa canción pone fin a su vida. Chejov: estudio dramático sobre la despedida de un actor viejo de un escenario.

—¿Qué les ha parecido a ustedes? —devolví la pregunta.

—Lo de siempre. Se equivocaron; y siguen haciéndolo —dijo el hombre.

—A mí, me da pena. ¿Refundación Liberal?: No, es el canto del cisne en Ciudadanos —remató la señora.

— Lo es.

1 Comentario

  1. En efecto, Ciudadanos sigue sin encontrar su rumbo tal como fue pasando a lo largo de la vida política del partido.
    Y es lógico para quienes desde el principio estuvimos muy cerca de ellos e incluso les apoyamos. La semilla inicial honesta y un tanto inocente políticamente hablando, fue cubriéndose de otros muchos que rebotados de otros partidos, llegaban ya con resabios de todo tipo.
    Estos fueron los que formaron loa «nomenklatura» del partido y «okuparon» cargos y privilegios, logrando marginar a los primeros o echarlos del partido.
    En su mayoría eran socialdemócratas difusos y confusos cuya procedencia iba desde el CDS de Suárez, hasta la UPyD de Rosa Díez, pasando por un montón de pequeños partidos sin futuro electoral que creían encontrar en Ciudadanos. Se impuso pues la socialdemocracia a un ligero y escaso liberalismo que siempre parece acomplejado frente a otras ideologías de izquierdas.
    Su inclusión en el grupo de liberales del Parlamento Europeo forzaron esta ideología, pero en el fondo seguían siendo como siempre, lo que les llevó a no saber en realidad lo que eran o lo que representaban. Eso sí, con un nivel de soberbia poco acorde con su fuerza política.
    La salida de Albert Rivera ya puso las primeras notas al «canto del cisne». Es lo que ocurre con los liderazgos personales y la dependencia del resto de las decisiones del que manda.
    Ahora salen con la «refundación liberal» como un nuevo conejo que sale de la chistera del prestidigitador, pero olvidan que lo liberal es una actitud personal escasamente traspasable a la política tal como está concebida, pues el liberal es el «antipoder»….
    Un saludo.

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