Aprendices de brujo

Aprendices de brujo
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Las crisis de PODEMOS viene acrecentándose de día en día, según los medios de comunicación, por el continuo abandono de sus filas de aquellos a quienes se consideraba más preparados política y personalmente, para intentar —ese tan postergado siempre— cambio político, que no ha ido más allá de integrarse en la “casta” (según ellos llamaban al mundo de la política), al rebufo de lo que fue el 15M.

Como los demás partidos, al final se ha constituido en una organización jerarquizada al máximo, donde el “líder” es el que manda y concede “status” más o menos privilegiado a quienes le apoyan. Su estructura, organización y gestión, viene marcada por la la ley de partidos políticos que obliga a la democracia interna, pero no aclara en qué consiste. Una vez más el concepto de “democracia” queda al albur de la interpretación que cada uno haga.

Trató de capitalizar además otros movimientos sociales de indignados con el sistema político, pero cometió un error al no percibir que, tales movimientos, tenían un carácter transversal y tenían más que ver con los problemas reales de la gente, que con ideologías ya periclitadas en el tiempo o rencores personales de carácter histórico. Pretendió ser una izquierda pura y dura (de ahí su aproximación a IU), sin darse cuenta tampoco de que ésta había renunciado a modelos anacrónicos y estaba más en el pragmatismo de Santiago Carrillo (que también motivó purgas y deserciones internas, sobre todo de los más preparados intelectualmente) y que motivó el paso al PSOE de buena parte del PCE. Algo que ha empezado a pasar con la formación morada a partir de su apoyo a la investidura de Pedro Sánchez.

El lema de “asaltar los cielos”, no fue más allá que el “buscarse la vida” en el mudo de la política que, en definitiva, es el mundo del poder. Se trataba de usar el pragmatismo del PCE anteriormente mencionado, para pasar a formar parte del mismo, aunque para eso tengan que desdecirse de sus “credos” y de sus supuestos principios ideológicos, como están demostrando en su papel de socios del gobierno actual. Su actitud ante Venezuela es una muestra.

Además, han errado también al seguir manteniendo conceptos tan anacrónicos (y falsos) como “derechas” o “izquierdas”, perdiendo la oportunidad de imprimir una nueva forma de hacer política (el atuendo no sirve), tal como ha ocurrido con otras formaciones como CIUDADANOS. Al final todo se convierte en política o clientelismo electoral, donde pesa más la forma que el fondo del mismo. Sus “confluencias” se lo han ido señalando al abandonar el barco y dejando a su “capitán Acab” en busca de la ballena blanca que, al parecer, sólo él conoce.

Pero, tampoco conviene olvidar que son buenos estrategas. Lo han demostrado en muchas ocasiones. Por eso algunas maniobras empiezan a despedir un tufillo en esa línea. Hace unos días Errejón era un apestado para ellos, un traidor que “de algo tiene que vivir” (según Echenique). En cambio ya mismo empiezan a proponer alianzas con el supuesto felón. Quizás es la forma de controlar desde dentro el Ayuntamiento de Madrid, donde la Sra. Carmena se había desmarcado de PODEMOS. Pragmatismo antes que idealismo con tal de tocar poder.

La Política, con mayúsculas, no debería ser para aprendices (como los de los ayuntamientos del cambio donde todo sigue igual, salvo el “postureo” de la propaganda). Menos aún para quienes tienen que vérselas con problemas nacionales, como representantes del Estado encargados —nada menos— que de legislar o regular la convivencia social de un estado de Derecho. Pero tampoco debería ser para supuestos “profesionales” que, convertidos en “casta”, sólo atienden la dinámica electoral y son aprendices de trapicheos y conchaveos para obtener el poder. Lo hemos visto con el PSOE y el PP abonando el terreno a los nacionalistas a cambio de su apoyo parlamentario, tal como ahora viene haciendo PODEMOS con sus confluencias y CIUDADANOS con sus cordones sanitarios. Esa es la “política” con minúsculas, que es la que se practica desde la Transición hasta ahora.

A la carencia de debate político real en el seno de los partidos, así como la imposición de “ideologías” —pretendidamente vanguardistas y contradictorias con la evolución social— que se pretende tengan el tinte rancio del pasado siglo, se une la anomia y la decepción de los ciudadanos que se ven manipulados y utilizados por quienes los deberían representar y, a la hora de la verdad, solo trabajan para ellos y sus intereses partidarios.

El año que comienza está lleno de confusión social y política con un gobierno pendiendo de un hilo (que no se romperá nunca por los intereses partidarios) y dependiente de ir haciendo concesiones, trampas, ocultaciones y mentiras para mantener a su presidente en la Moncloa a toda costa. Los presupuestos serán apoyados con los “melindres” correspondientes (aunque todo esté ya atado y bien atado de antemano) y haya que dejar para mejor ocasión los principios en que se basó la investidura: convocatoria inmediata de elecciones entre ellos y regeneración de la vida política.

Venezuela y la postura de España entre la legalidad de la Asamblea Nacional y la impostura de Maduro, ha sido el último elemento que ha venido a demostrar ese “postureo” falso de PODEMOS y su socio IU junto con el PSOE, al calificar de “golpe de estado” del pueblo venezolano (representado por esa Asamblea), contra el que perdió las elecciones y apoyado en las elites del ejército, se mantuvo en el poder. Es aquí donde se les nota que son simples aprendices de brujo, faltos de la coherencia ideológica y de los valores que dicen defender poniéndose del lado del dictador que, ese sí, no respetó la decisión del pueblo venezolano, organizó una asamblea paralela y unas elecciones a su medida.

Otra cuestión que les pasará factura (como ha ocurrido en Andalucía y le pasó al PP de Rajoy), es la ambigüedad confusa en la toma de decisiones urgentes en Cataluña. Seguir enredados en el pretendido “diálogo” con quienes mantienen el “monólogo” unilateral a pesar de las concesiones realizadas, es seguir engañando a los ciudadanos sobre la capacidad de estos aprendices a los que, para ser brujos de verdad (hombres de Estado), les faltan muchos hervores.

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