
El Estado de derecho volado. La Ley de Estado de Alarma establece que es el presidente del Gobierno quien debe de decretarlo por 15 días. El plazo es relativamente corto porque corta debe de ser la limitación de libertades fundamentales como la de movimiento.
Pues bien, el Gobierno se salta la excepcionalidad para convertirla en regla. Y además, cede a las CCAA competencias que le corresponden. Y por si fuera poco, las CCAA impulsan confinamientos no contemplados en la alarma. Alemania, estado federal, toma medidas para todos los ‘landers’. Nosotros, ‘estado compuesto’ hemos hecho un ‘viva Cartagena’ con garantía de caos.
Se argumentará que el virus ha reventado nuestras costuras legales. ¿No hemos tenido tiempo para reformar la Ley de Salud Pública o la misma Ley de Alarma, Excepción y Sitio? El gobernante jura cumplir y hacer cumplir la ley. Y al legislador se le paga para que cree marcos normativos debatidos con luz y taquígrafos y con todos los filtros de calidad de Consejo de Estado y de debate parlamentario ex ante y Constitucional ex post.
Toda esa institucionalidad que nos convierte en civilización ha saltado por los aires y sustituida por el ‘relato’. La mejor garantía de convertirnos en barbarie. Y todo con el aplauso de la mayoría de la cámara y la abstención del PP. ¿Cómo se puede hacer un discurso brillante como el de Casado y abstenerse? Fácil: una vela a Dios y otra al diablo. Una al “relato” anti gobierno social-comunista y otra al sistema político-mediático para ser aceptado. Lo que quizás no entienda Casado es que soplar y sorber, no puede ser.
Por eso no es que Vox se haya quedado solo en el rechazo; es que sólo queda Vox. Bueno, Vox y Felipe y Aznar, es decir, el viejo PSOE y el viejo PP. La generación milenial se abre paso despreciando unas instituciones que se consideran caducas, pero que no son sino garantía del derecho, del respeto de las libertades y por tanto de la civilización y de la posibilidad del progreso.
Y este caos nacional no pasa desapercibido en el mundo. Bruselas ya ha mostrado su preocupación. No es verdad que ‘todos los países estamos igual’. No sólo porque España es intensivo en servicios, sino porque el ‘carajal autonómico’, la mediocridad política y la ‘venezuelización’ institucional constituyen el cóctel perfecto para el caos y la ruina.
Los empresarios se quejan amargamente de unos presupuestos “irreales e ideológicos” con subida de impuestos en contra de la tendencia europea. España puede. ‘Porque yo lo valgo’. Esperemos que Bruselas sea capaz de frenar unas cuentas que apuntalan la destrucción de tejido empresarial, actividad y empleo. Frente al desmadre autóctono sólo nos queda el corsé europeo…