
Cíclicamente los rusófilos sacan de su baúl de los recuerdos que Rusia fue engañada por los occidentales acerca de la ampliación de la OTAN antes de la disolución de la Unión Soviética cuando Putin aún era camarada espía.
Gorbachov (fallecido en 2022 denostado por todos los rusos que le acusan de haber hundido la URSS), líder convencido de su Partido Comunista, habría sido burlado por políticos aliados que le aseguraron que la OTAN no engordaría.
Sin duda, afanes protagonistas, análisis incorrectos, rechazos de la realidad y voluntarismos gratuitos rellenaron los dos años desde la caída del Muro de Berlín (1989) y la unificación alemana (1990) hasta el golpe de Estado (1991) contra el camarada Gorbachov y la disolución de La Unión Soviética, un disfraz del histórico imperialismo ruso. ¡Hasta el socialista Mitterrand hablaba públicamente contra una unificación alemana y pedía la disolución de la OTAN! Muchos peces murieron entonces por la boca. Sin embargo, no hay que olvidar ciertas realidades.
Una es que, a Jim Baker, Secretario de Estado del Presidente republicano George Bush Sr. (el inteligente y padre del otro), la Casa Blanca, donde el General Brent Scowcroft era el Consejero de Seguridad Nacional, no le respaldó y puede que se columpiara él sólo o con un semáforo en intermitente, pero no en verde. En una pugna entre el Departamento de Estado (Baker) y la Casa Blanca (Scowcroft), Bush acabó inclinándose por su Consejero que no parecía partidario de “congelar” la Alianza.
Se podrá argumentar que ampliar fue un error (que no lo fue), que se habló demasiado, pero no verdaderamente de un engaño, si bien hubo una evolución doctrinal. Por otra parte, la Embajada rusa en Washington ya informaría al Kremlin. Los rusos son imperialistas, pero ni tontos ni se chupan el dedo.
El gobierno alemán del democristiano Helmut Kohl con el liberal Hans Dietrich Gensher en Exteriores estaba de los nervios tras la caída del Muro y se movilizó a tope para obtener la unificación a cualquier precio. Para ello aceptaron, entre otras cosas, pagar (caro) la reubicación (construcción de acuartelamientos) en su madre patria de medio millón de soldados rusos en Alemania del Este en un proceso gradual de varios años.
La Alianza jamás aprobó que la media Alemania oriental, que había sido un país independiente, no ingresase en la OTAN, como así fue (al igual que en la Unión Europea), y jamás sus Estados miembros, incluida España, aprobaron que la OTAN no acogiese en su seno a los antiguos miembros del Pacto de Varsovia.
Al principio de los años noventa los Embajadores aliados se reunían juntos con sus colegas de los países del Este acreditados ante la OTAN (no eran aún miembros), de uno en uno, en reuniones informales fuera de la Sede aliada (que no Cuartel General) en Bruselas y comentaban su incorporación, cuando cumplieran las condiciones necesarias, al mundo occidental, a la Unión Europea, a la Alianza, y, reunidos con el ruso, no alimentaron una congelación de la membresía aliada. El abajo firmante, entonces Embajador español en la OTAN, albergó algunas de estas reuniones en su residencia. Encuentros que eran conocidos y a los servicios rusos les llegarían muy bien sus ecos. Por otra parte, al constituirse con Javier Solana al frente de la Alianza el Consejo OTAN-Rusia en 1997 (ahora extinguido), Moscú aceptó la ampliación.
Gorbachov, era un ingenuo que creía en un comunismo humano y económicamente eficaz, un imposible, y que, derrotado el verdadero comunismo desde dentro de la URSS, quería colaborar con occidente, pero con condiciones propias cuando tras la caída del Muro berlines la URSS quedó política, económica e ideológicamente desacreditada. Dicho esto, se le trató bien y se intentó integrarle en un marco amplio, pero los suyos se le rebelaron en 1991. Unos por nostálgicos y golpistas, otros buscando una verdadera democracia.
Ciertamente, el golpe de Estado de los nostálgicos de agosto de 1991, frecuentemente olvidado, asustó mucho e incrementó la desconfianza occidental hacia una Rusia imprevisible, barriendo cualquier candidez. Pánico ante una posible Rusia nuevamente amenazadora, la de los golpistas, que a pesar de su fracaso de entonces es la que ha acabado prevaleciendo con Putin (lo último, su invasión de Ucrania).
Yeltsin era más demócrata que Gorbachov que con su glasnost y perestroika comunistas pretendía resucitar un sistema falso y periclitado, pero Yeltsin fue un desastre de gestión en tiempos difíciles en los que internamente todos se subían a las barbas del Kremlin, hasta el punto de entronizar a Putin que al traer orden tranquilizó a los occidentales para luego inquietarles a medida que desarrolló su nacionalismo territorialmente agresivo.
Lo de una Unión Europea partida en dos (una dentro de la OTAN, su defensa, y la otra fuera) era un sinsentido. Los que intentan convertir a Rusia en una víctima de EEUU maniobran para romper los vínculos europeos con América del Norte que son más fuertes que con Rusia. Es una “Doctrina Monroe”con vodka: que se vayan los americanos de Europa que, así, será para los europeos, es decir, para Moscú.
Sin duda Washington es un líder protagónico de los occidentales, pero si los europeos quieren tener algo más por decir de lo que ya dicen, lo que deben hacer es organizar sus EEUU de Europa, con su propia defensa y disuasión nuclear sin por ello romper su alianza transatlántica. ¿Son capaces de ello?