A fuer de seres humanos, los 130 asesinados por Isis en París este fin de semana y los 40 asesinados en Beirut unos días antes por los mismos se merecen el mismo respeto y homenaje. Pero Occidente solo se ha acordado de los 130 de París, los de Beirut han sido olvidados al día siguiente del atentado en el que fueron ejecutados.
A fuer de seres humanos, los casi 500.000 refugiados de clase media y con dinero suficiente para lanzarse a un viaje por los Balcanes hacia la Europa central no son ni más ni menos que los casi 4 millones de refugiados que por ser pobres no pueden viajar y se quedan en campos de refugiados de Jordania, Líbano, Turquía Irak o Egipto.
Los mártires de Beirut y los refugiados de las países fronterizos de Siria, que no tienen dinero para viajar a Europa, a los cuales dedicó un sentido homenaje Jordi Évole en la Sexta Cadena, forman parte de eso que nuestro Don Miguel de Unamuno llamó la intrahistoria, viajan por la historia como condenados, como remeros en galeras, protagonistas de ese drama cruento que parte a la humanidad en Tercer Mundo y Mundo desarrollado. Sufren las consecuencias del drama, soportan el peso de la historia, pero no figuran en ningún sitio, como no sea en los reportajes de Jordi Évole.
Los otros, los protagonistas, cometen asesinatos en París y en Beirut, porque tienen dinero y cuentan con la financiación suficiente para cometer sus tropelías y carnicerías; o bien deciden la suerte, las hambrunas y las epidemias y demás calamidades del Tercer Mundo desde sus guaridas de New York o Londres, desde el Kremlin moscovita o el Gobierno chino, o desde África y Asia sirven como sabuesos y dictadores a los intereses de las finanzas internacionales, del FMI, del Banco Mundial o del BCE.
No, no hay sitio en la historia, ni en los periódicos, ni en la tele, para esos «galeotes» de la intrahistoria; a lo más serán utilizados como carne de cañón y víctimas de bombardeos masivos y armas químicas. Sólo aparecerán en la tele y en los libros los yihadistas y los ejércitos de la OTAN; y, en su grandilocuencia, Hollande mencionará a los unos y los otros desde la Asamblea francesa anunciando al mundo que Francia está en guerra con Isis. Ni una palabra para los pobres y desahuciados de tantos países del Tercer Mundo donde no pasa nada, sólo que los niños se mueren de hambre y de sed y que sus madres no tienen leche en sus pechos, y que sus padres vagan inútilmente en busca de un trabajo o un mendrugo de pan. Donde se secan o se envenenan los pozos de agua…
Los de la intrahistoria solo hablan de pan, de trabajo, de privaciones. Los otros, los mandamases de la historia, no paran de nombrar a dios en sus diversos nombres de Al-lāh (Alá), Jesús, la Virgen de aquí o de allá, de destruir y aniquilar a los ateos y a las mujeres pervertidas, especialmente a las mujeres…y de la Santa Religión de Oriente, y la no menos Santa Religión cristiana de Europa y América…,y de la defensa de la patria, de los sacrosantos valores de la civilización occidental, de la democracia y los derechos humanos…
¿Hasta cuándo el dinero y el poder de unos pocos seres humanos, podrá disponer de la vida y muerte de la mayoría de la humanidad? ¿Hay algún camino hacia la paz si no es el de garantizar a todo ser humano una vida digna, trabajo, pan, educación, salud?
Cabe pensar que, de haber un Dios, ese Dios ha pensado la vida humana como una fiesta, un banquete de bodas, un concierto de rock, un orgasmo eterno entre una sinfonía de besos y abrazos. Y este sueño bonito está al alcance de nuestra edad moderna.
Una lástima que unos pocos nos cierren el paso a ese paraíso en la tierra, en nombre de no sé qué dioses, de no sé qué patrias, de no sé qué culturas, de no sé qué democracias…
Acabo de estar en un seminario convocado por la Asociación Atlántica Española presidida por D. Eduardo Serra ex ministro desde hace 15 años pero al que todo el mundo sigue llamando «ministro» (sus razones tendrán). El tema «La seguridad en el flanco sur de la OTAN; retos, amenazas y cooperación». Un panel ilustre de conferenciantes con esa mayoría asimétrica en la que siempre ganan «los nuestros», es decir: el discurso oficial. Sólo uno de los intervinientes ha podido pergeñar en apenas 15 minutos un análisis de la cuestión con cierta solvencia. Los demás no han pasado del argumentario belicista imperante y ha habido que recordarles que el propio presidente del gobierno dijo en su día a Aznar (refiriéndose a la guerra de Irak): «Tú y tu maldita guerra» y que no quiere (ahora que manda él) caer en el mismo y grave error. Por lo demás, desgraciadamente es cierto que catalogamos los muertos o las víctimas según nos interesa. Somos «civilizados». Un saludo.