A sus 66 años Jeremy Corbyn no ha pensado en fundar otro partido ni en salirse del Labour, en el que milita desde su más tierna adolescencia y por el que se convirtió en diputado en el Parlamento de Westminster en 1983. Desde entonces, los electores de la circunscripción londinense de Islintong North le han renovado ininterrumpida y fielmente su mandato.
Corbyn no es un militante y político laborista cualquiera. Ha mantenido sus principios y su criterio por encima de las directrices y consignas de los sucesivos líderes del partido. Valga como dato incontestable para corroborarlo que, desde que Tony Blair se convirtiera en 1997 en el primer ministro a lomos del giro al centro del partido (conocido comoNuevo Laborismo), Corbyn ha votado ¡más de 500 veces! en contra de las consignas de su formación. La última vez, hace apenas unas semanas, cuando la jefa interina del partido, Harriet Hartman, pidió a sus diputados que se abstuvieran en la votación del Presupuesto presentado por el Gobierno de David Cameron.
Como diputado, Corbyn ha votado ¡más de 500 veces! contra las directrices y consignas de su partido
Comparado con el griego Syriza o el español Podemos, el fenómeno Corbyn se distingue en que no es una nueva fuerza social y política surgida del descontento y la protesta. Su trayectoria incluye una larga vida política, fiel a su manera al Partido Laborista, pero que ahora toma deAlexis Tsipras y Pablo Iglesias el mantra de una política más participativa [de los ciudadanos].
Corbyn es, pues, un izquierdista clásico: firme opositor a la guerra de Irak, al desarrollo de las armas nucleares y a las medidas anti-austeridad implantadas por el Gobierno conservador de Cameron. Fue en su día un notorio activista anti-apartheid en Sudáfrica y siempre ha estado a favor de la causa palestina, esgrimiendo en consecuencia una progresiva crítica a la política de Israel.
Milita por la abolición de la monarquía y la renacionalización de los sectores estratégicos, entre ellos los ferrocarriles, es un vegetariano convencido y se ha casado tres veces
En el orden interno británico milita por la abolición de la monarquía y la renacionalización de sectores estratégicos, entre ellos los ferrocarriles. No se le conocen excesos gastronómicos, puesto que es un vegetariano convencido, y practica el ciclismo con asiduidad. Se ha casado tres veces, la última con una mexicana tras darle puerta a la segunda, so pretexto de que la dama quería que su hijo se educara en un colegio privado contraviniendo su inflexible postura a favor de la enseñanza pública.
El alicaído laborismo despierta
Con estas premisas, Corbyn ha irrumpido en las elecciones primarias para elegir al líder del partido, que sustituya al dimitido Ed Miliband. Con su irrupción, el alicaído laborismo se ha despertado con estridencia. En apenas dos meses el partido ha pasado de 200.000 a 300.000 militantes, mientras que 610.000 simpatizantes han pagado los cuatro euros de rigor para asegurarse su derecho a votar en estas primarias. Las urnas se abrieron el pasado 14 de agosto y así permanecerán hasta el próximo 10 de septiembre.
Contando a Corbyn son cuatro los candidatos en liza. Además de éste, compiten los exministros Yvette Cooper y Andy Burnham, y lablairista Liz Kendall. Si se cumpliera el vaticinio del último sondeo, Jeremy Corbyn sería el nuevo jefe de filas del laborismo (53%). Burham (21%), Cooper (18%) y Kendall (8%) le quedan muy lejos.
Pese a que los sondeos conceden una victoria aplastante a Jeremy Corbyn, las complicadas reglas electorales del Partido Laborista dejan el resultado final en el aire
Sin embargo, las complicadas reglas establecidas por el partido para la elección dejan el resultado en el aire. Si ninguno de los candidatos no lograra esa mayoría absoluta de la mitad más uno, entraría en juego lo que se denomina como segunda preferencia. El mecanismo consiste en que los electores tienen una doble opción: marcar un solo nombre o bien indicar el orden de preferencia de cada uno de los cuatro candidatos en liza.
Si ninguno consigue la mayoría absoluta se pasaría a las segundas preferencias eliminando al último situado. Los tres restantes pasarían a un nuevo recuento, y si tampoco ninguno consigue la mitad más uno de los sufragios, se eliminaría el último, es decir el tercero, pasándose entonces a una final mano a mano entre los dos que quedaran.
En este endiablado mecanismo confían los viejos gurús del partido para evitar la victoria que hoy por hoy todos auguran a Corbyn. Los ex primer ministros Tony Blair y Gordon Brown advierten a los electores de estas primarias para que «no lleven al partido al abismo», y ponen en guardia respecto de que «un giro demasiado radical a la izquierda enterraría las posibilidades del laborismo de volver a ganar las elecciones generales».
Las declaraciones de Corbyn en sus atestados mítines se consideran promesas en el mármol de las que será difícil desdecirse
Todos admiten no obstante que Corbyn ha sacudido los cimientos de la política británica, después de que los xenófobos del UKIP, del eurodiputado Nigel Farage, y los nacionalistas escoceses del SNP se hicieran con gran parte de los sufragios que habitualmente cosechaban los socialistas. Confían así en que, caso de que este veterano diputado se alce con el triunfo final, modere sus propuestas, adopte una actitud más pragmática y evite en consecuencia el riesgo de fractura interna del partido.
Pero, mientras tanto, en los multitudinarios y atestados mítines en los que aparece las declaraciones de Corbyn son promesas en el mármol de las que será difícil desdecirse. Asegura que impedirá la «mercantilización de la sanidad pública», revertiendo las medidas de austeridad implantadas por Cameron; que subirá el impuesto de sociedades y que abolirá las tasas universitarias; que implantará una política más «humana» de acogida de emigrantes, frente a un Cameron que los considera «enjambres en vez de víctimas de guerra».
Son proclamas que suenan bien a los muchos descontentos que en el Reino Unido abominan de las políticas de austeridad y reclaman la vuelta sin condiciones al antiguo Estado del Bienestar. A Corbyn muchos ya le consideran el nuevo Tony Benn, el antiguo y mítico líder de la izquierda británica. Muchos empero temen que pueda convertirse en una reedición deMichael Foot, el hombre que llevó al laborismo a la extrema izquierda (1980-1983), facilitando con ello la estrepitosa victoria y larguísima permanencia en el poder de Margaret Thatcher.
Artículo en fuente original: ZoomNews.es