
“Vamos a terminar de conquistar Mosul, echar al Daesh, reconstruir el país y ocuparnos de la corrupción, el segundo problema más grave de Irak tras la prioridad de concluir la guerra contra estos terroristas”, afirmó, tajante, el embajador de Irak en España, Alaa al-Hashimy, protagonista de una nueva cita matinal periódica puesta en marcha conjuntamente por Casa Árabe y el diario digital The Diplomat.
Al-Hashimy describió con mapas al apoyo la ofensiva que las tropas iraquíes están realizando para reconquistar la ciudad y provincia de Mosul, en poder del autodenominado Estado Islámico (ISIS, según la apelación que le dan los medios anglosajones). Recalcó al respecto que tal operación se realiza sobre el terreno exclusivamente por tropas iraquíes, aunque el apoyo aéreo corresponde a la coalición internacional de 64 países, entre ellos España, a los que agradeció vivamente su cooperación.
Daesh: «una leyenda caducada»
El diplomático iraquí dio prácticamente por acabado al Daesh, “una leyenda caducada”, según sus palabras, “que efectivamente ha hecho mucho daño, no solo a millares de personas y a sus milenarios monumentos, sino también al propio Islam, que ha dejado de ser percibido como una religión de paz gracias a la brutalidad de sus crímenes y al regodeo en su difusión por internet”.
En un largo coloquio de dos horas, insistió en que Irak está recobrando su “identidad nacional”, bajo la que se agrupan suníes, chiíes, yazidíes, turcomanos, cristianos caldeos y kurdos, al tiempo que ponía el acento en el enorme esfuerzo del Gobierno de Haidar al-Abadi por restañar las gravísimas heridas de una guerra que ya se prolonga por espacio de trece años. El mensaje de Al-Abadi se resume en tres grandes actuaciones: castigar (a los yihadistas que han cometido los crímenes que han horrorizado al mundo), expulsar (a los extranjeros que, sin haber cometido delitos, estaban dispuestos a dar cobertura al yihadismo), y reconstruir (los cientos de miles de viviendas e infraestructuras que han retrotraído al país a los tiempos en que se carecía prácticamente de todo).
El embajador iraquí reconoció no obstante que la desbandada de yihadistas extranjeros, venidos de todo el mundo, y principalmente de Europa, ha de poner en alerta y vigilar atentamente los movimientos de los terroristas fanatizados que retornen, muchos de los cuales intentarán sin duda atentar en sus propios países de origen. Antes de su salida del perímetro de Mosul y de la provincia de Nínive, los yihadistas han lanzado en lo que va de ofensiva 130 coches-bomba contra el ejército y la policía bajo el Gobierno de Bagdad, y han incendiado 54 pozos petrolíferos, que además de las grandes pérdidas económicas están causando problemas aún más graves de contaminación. Asimismo, han dejado una gigantesca siembra de minas de todo tipo, escondidas no solo en caminos, campos y edificios, sino también en el interior de muchas viviendas, con el fin de causar el mayor daño posible a las “fuerzas de liberación”. La limpieza de esas minas llevará muchos años y es previsible que causen muchas muertes en diferido.
A la pregunta de este medio respecto a qué pasará, tras la expulsión del Daesh, con el otro enfrentamiento que mantienen Irán y Arabia Saudí por la primacía del Islam, Alaa al-Hashimy fue tajante: “No queremos que Irán y Arabia pongan sus manos en Irak y que nos cojan en medio de sus querellas. No queremos que ni ellos, ni Estados Unidos y Rusia, ni tampoco Turquía, nos utilicen como plataforma de sus luchas”.
Visiblemente molesto, un representante de la Embajada turca en Madrid presente en la sesión, arguyó que “tanto Turquía como Irak estamos luchando contra los mismos terroristas, de modo que si hay diferencias debemos arreglarlas como buenos vecinos”. Al-Hashimy replicó a su vez que Bagdad rechaza por completo la incursión y presencia de tropas turcas en Irak, “mientras no haya un acuerdo por escrito entre ambos países. En tanto no exista tal convenio, debidamente firmado, no queremos ni a vuestros soldados ni a vuestros aviones”, manifestó, subrayándolo con todo énfasis.
En otro momento del coloquio surgió el tema de la corrupción, galopante, a juicio de los que plantearon varias preguntas al respecto. El embajador no rehuyó la cuestión, antes bien contó su propia experiencia como dirigente de una empresa alemana de construcción en el Irak de 1979. “Pasé una vergüenza horrible —dijo— cuando el ministro de Fomento de entonces nos citó a las nueve de la noche en su despacho, y sin ningún rubor nos dijo qué cuál era la comisión que le íbamos a dar por la concesión de una obra. Recobrados de la sorpresa, le ofrecimos un 3%, y nos replicó que él con menos de un 5% no se conformaba”.
La corrupción viene de lejos y llevará tiempo erradicarla
Tras este preámbulo, reconoció que la corrupción puede convertirse en Irak en una epidemia de consecuencias más graves aún que el terrorismo del Daesh. “Será la siguiente gran tarea que afrontará el Gobierno de Haidar al-Abadi, aunque la lucha ya ha comenzado: el ministro de Defensa tuvo que dimitir tras descubrirse pruebas de haber sido sobornado, y el Parlamento también está realizando exhaustivas investigaciones a los ministros de Comercio y Asuntos Exteriores”. La corrupción viene de lejos, a juicio del embajador, y llevará tiempo erradicar esa pulsión en toda la sociedad, acostumbrada a padecerla durante muchas décadas.
Sin duda, los procesos de licitación relativos a los grandes contratos para la reconstrucción del país serán la piedra de toque para saber cómo marcha precisamente la lucha contra la corrupción. Sugiere Alaa al-Hashimy que el gobierno que lo acometa sea de tecnócratas, lo que evitaría las cuotas étnicas y religiosas que se dan en otros países, como Líbano. “En todo caso —concluyó— la democracia de Estados Unidos o la belga no sirven, si se calcan tal cual y de golpe, para Irak. Creo sin embargo en la implantación gradual de la democracia, respetando nuestra propia idiosincrasia, y sobre todo, no nos exijan pasar en 24 horas de una dictadura (Sadam Husein) a una democracia consolidada a la manera occidental”.
Lo de que el «Daesh» es una leyenda (más o menos caducada) lo llevan diciendo prestigiosos analistas del IEEE desde el principio. Una «leyenda» organizada y promovida para asustar y vender «seguridad» a cambio de sometimiento. Un saludo.
Muchas gracias Pedro por transmitirnos tu asistencia a esta conferencia. Tú sabes muy bien que el «carajal» que se ha montado en Oriente Próximo, responde a intereses muy concretos de carácter imperialista. Si repasamos lo que fueron las «primaveras árabes», la plaza del Maidán, Libia, etc.etc. y nos atenemos a las declaraciones de Wesley Clark sobre todo ello, resulta terrible que se hayan promovido guerras y sufrimiento con operaciones de «falsa bandera» y bajo la justificación de imponer modelos «democráticos» (ahora vemos con lo de Trump cómo se respetan) a los demás. Un saludo.