
Lo ha hecho con ocasión de la reunión anual y simultánea de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino (CCPPC) y de la Asamblea Popular Nacional (APN), el órgano legislativo del país que aspira a arrebatar a Estados Unidos la condición de primera superpotencia universal.
La conclusión más temible para los 8.500 millones de terrícolas es que China está dispuesta a librar “cualquier guerra” que le planteen los norteamericanos, sea la militar con todas sus derivadas y escenarios, sea la tecnológica o la comercial. Eso sí, dejando claro que no será Pekín quién desate las hostilidades, erigiéndose a sí mismo como “ancla de la estabilidad [mundial], motor del desarrollo económico de los pueblos, todo ello, además, reiterando su compromiso con la Carta de las Naciones Unidas y el consiguiente respeto al Estado de Derecho.
Celoso de su propio camino y destino, los dos órganos reunidos en el gigantesco Palacio del Pueblo han reafirmado su adhesión a los planes del presidente Xi Jinping, resumidos en lo que el máximo líder chino ha descrito como “los grandes cambios nunca vistos en un siglo”, renovando así su promesa de conseguir un país enormemente poderoso cuando se cumpla el centenario en 2049 de la República Popular China.
Tanto la CCPPC como la APN han dado su unánime respaldo al incuestionable liderazgo del Partido Comunista (PCCh), cuyos casi cien millones de miembros se encargarán de controlar que los 1.400 millones de chinos trabajan al unísono en pos de los grandes objetivos definidos por Xi. A este respecto, la seguridad, ya bastante estricta, se ha convertido en una prioridad absoluta en todos los ámbitos.
Según el primer ministro Li Quiang, encargado de exponer los objetivos económicos, China deberá seguir creciendo este año al 5% del PIB, en tanto que el capítulo de la Defensa mantendrá el mismo ritmo del 7,5%, aunque hay fundadas sospechas de que Pekín no incluye algunas partidas tecnológico-militares, que le han permitido, entre otras cosas, hacerse con la más numerosa flota de barcos de guerra del mundo.
Los posicionamientos de China respecto de las grandes cuestiones globales los explicó el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, en la multitudinaria rueda de prensa tras la clausura de las sesiones. El jefe de la diplomacia china incidió en la diferencia entre Estados Unidos y China, reclamándose esta valedora de la “justicia internacional” y firmemente contraria a que la voluntad de poder y hegemonía arrastre al mundo a aceptar la selvática ley del más fuerte.
Esquivó Wang Yi criticar el acercamiento entre los presidentes Donald Trump y Vladimir Putin, en el que no pocos ven un intento por parte norteamericana de mitigar la dependencia rusa de China. Ensalzó “la lógica histórica de la amistad” entre ambos países, augurando que no sólo se mantendrá inalterada, sino que también seguirá intacta su fuerza”. Por el contrario, sí aprovechó el actual estupor de la Unión Europea ante el desprecio de que es objeto por parte de Trump, para proclamar que “en el mundo actual hay más razones que nunca para confiar en Europa”. Aderezó el elogio recordando que las relaciones chino-europeas cumplen este 2025 medio siglo, con un volumen de intercambios comerciales que alcanza ya los 780.000 millones de euros. Consciente de que, no obstante han crecido las diferencias entre Pekín y Bruselas, prosiguió con el lenguaje suave y conciliador, pidiendo que “ambas partes fortalezcan el diálogo y la confianza y resuelvan los diferendos existentes a través de consultas amistosas”.
Respecto de la guerra en Ucrania, el ministro chino mostró su respaldo a la paz, así en abstracto, sin querer pronunciarse ni sobre el presunto plan de rearme de la UE ni sobre el despliegue de tropas que aseguren en su caso el mantenimiento de un hipotético acuerdo de paz. Insistió en cambio en la fórmula de que el mundo vea en China “el ancla de estabilidad” que precisa para progresar y desarrollarse.
Pekín toma claramente partido en el conflicto israelo-palestino, pronunciándose en favor de la solución de los dos estados y del plan de paz presentado por Egipto, y ya rechazado tanto por el presidente norteamericano como por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Wang Yi puso especial énfasis en afirmar que “Gaza pertenece al pueblo palestino y es parte inalienable de su territorio”.
No alteró un ápice el ministro la reivindicación de Taiwan como parte, también inalienable, del territorio soberano de China. Reiteró que “China se reunificará”, aunque no marcó ninguna fecha concreta. La “isla rebelde”, como la suelen denominar las autoridades de Pekín, ha denunciado las persistentes y crecientes operaciones de acoso, intimidación e incluso hostigamiento por parte del ejército chino. A modo de advertencia, Wang Yi señaló como atentatorio a la reivindicación de la reunificación del país cualquier legitimación de movimientos separatistas, o sea de quienes aspiran a que Taiwán sea reconocido como país independiente.
Y, en tanto Estados Unidos contrarresta los intentos de China por asentar su expansión y dominio en la región indo-pacífica, Pekín considera esa presencia y actuación de Estados Unidos como “una intrusión inadmisible”, reclamando implícitamente como propia y exclusiva la esfera de influencia que abarcaría la práctica totalidad del sudeste asiático. Eso sí, Wang Yi eludió expresarlo con frases rotundas, y prefirió matizarlo abogando por una política de no intervención.
La conclusión es que China considera que el intento de Trump de implantar un nuevo orden internacional se va a encontrar con muchas reticencias, lo que le abre presuntamente ventanas de oportunidad para recoger y beneficiarse de esos desencantos. Y, en todo caso, no se advierte renuncia alguna a dar un paso atrás en los conflictos que le plantee Estados Unidos, erigiéndose así en el modelo o líder alternativo al que puedan acudir los decepcionados con el antiguo faro mundial de la democracia y la prosperidad.
FOTO: El presidente chino Xi Jinping durante la Cumbre de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC) en San Francisco, California, EE.UU., 16 de noviembre de 2023 – REUTERS/CARLOS BARRIRA