
¿Qué tiene que pasar para que un candidato cuya gestión se traduce en un 140% de inflación, un 40% de pobres, una moneda que ni siquiera se vende como papel al peso y un Banco Central quebrado, resucite y los electores argentinos le den la oportunidad de disputar con opciones un balotaje para convertirse en el próximo inquilino de la Casa Rosada? Pues, que el régimen clientelar construido por el peronismo haya permeado tanto la sociedad que haga muy difícil el cambio.
El desastre económico que ha convertido un país, que llegó a aspirar a disputar la primacía de Estados Unidos en numerosos campos económicos, científicos y culturales, en un paria que sobrevive a base de los préstamos del FMI que nunca devuelve, no parece ser razón suficiente para que los argentinos se decidan a dar portazo a un régimen que ya ha cumplido los ochenta años y puede perpetuarse aún más.
Sergio Massa, el nada flamante ministro de Economía del país a la vista de los resultados de su gestión, se alzó con el 36,68% de los votos frente al 29,98% del sorpresivo Javier Milei, dejando ambos fuera de la carrera a la moderada Patricia Bullrich, que cosechó tan solo el 23,83% de los sufragios.
En buena lógica, si los votos de la representante del centro derecha macrista fueran en la segunda vuelta al de la Libertad Avanza, Milei superaría holgadamente la barrera del 50%, lo que le convertiría en un inédito presidente. Pero, no está en absoluto claro que los argentinos venzan el miedo que les inculcaron Massa y todos los cargos institucionales peronistas-kirchneristas, con el renovado al frente del Gran Buenos Aires Axel Kicillof a la cabeza.
Su maquinaria propagandística les previno de que no elegir a lo de siempre era encaminarse hacia el abismo; que se adentrarían en un terreno desconocido en el que peligrarían servicios públicos esenciales como la sanidad, la educación, la investigación científica y tecnológica, y sobre todo los numerosos subsidios, esos que consiguen mantener a no pocas capas sociales en una pobreza relativa, pero a la que hacen creer que si se acaba el peronismo se les quitarán incluso esas paguillas. Y que, por supuesto, el economista ultraliberal Javier Milei revertiría conquistas y derechos sociales como el matrimonio homosexual y el aborto.
Para la segunda y definitiva vuelta de estas elecciones presidenciales, Sergio Massa ya ha recibido un importante apoyo exterior: China le ha facilitado un generoso préstamo de 6.500 millones de dólares, para que al menos hasta el 19 de noviembre la maltrecha economía del país no genere más sobresaltos. Pekín apuesta por una Argentina peronista e integrada en el bloque de los BRICS, algo radicalmente opuesto a los postulados y promesas de Milei, cuya principal divisa es reducir el elefantiásico tamaño del Estado, señor y dador de prebendas y privilegios, paguillas y subsidios, y dejar que la reconocida capacidad inventiva de los argentinos favorezca la iniciativa privada, con la promesa de volver a codearse con las grandes potencias europeas a corto plazo y con los mismos Estados Unidos en no más allá de tres decenios.
En las tres semanas que restan hasta los nuevos comicios se sucederán las maniobras tendentes a recabar los apoyos de los otros dos candidatos eliminados: los 700.000 votos de la izquierda tradicional que encarnaba la candidata Myriam Bregman, y los del peronista antikirchnerista Juan Schiaretti, actúal gobernador de Córdoba.
La principal formación perdedora, Juntos por el Cambio, tras la frustración por la eliminación de Bullrich, es posible que implosione y sus aún esperanzados votantes se repartan entre Milei y la abstención. Este, no obstante, trata de evitar tal desintegración al ofrecer a la derrotada Bullrich el decisivo Ministerio de Seguridad de su hipotético futuro Gobierno.
Descartemos, al menos de momento, los sondeos de opinión, que siguen en horas bajas; algunos habían aventurado incluso que Milei ganaría en primera vuelta. Lo que sí cabe concluir es que la calamitosa situación del país, especialmente en lo que respecta a la economía y la seguridad, era, según los viejos parámetros, la causa más evidente para que Argentina hubiera extendido el acta de defunción del peronismo-kirchnerismo. Ahora, no solo está vivo, sino que si se impone el próximo 19 de noviembre puede dar otra vuelta de tuerca al sistema, de manera que haga aún más difícil, por no decir imposible la alternancia.
FOTO: El ministro de Economía argentino y candidato presidencial por el partido Unión por la Patria, Sergio Massa, da una rueda de prensa a la prensa extranjera en Buenos Aires el 23 de octubre de 2023, un día después de ganar la primera vuelta de las elecciones presidenciales | AFP/JUAN MABROMATA