
Tener esa autonomía estratégica no es otra cosa que ser una Gran Potencia. Emergente, como antes se señalaba que lo califican algunos, o real, es una distinción en el fondo irrelevante a los efectos prácticos porque en su “emergencia” forzosamente se confunden aspiraciones y realidades. En general, históricamente, las grandes potencias surgen, aparentemente, como una novedad cuando en realidad se van forjando poco a poco hasta que las circunstancias históricas las han situado al frente o en el seno del grupo de los Estados más potentes del planeta.
Desde esta perspectiva, la Unión, en su deseo de dotarse de una defensa propia, sin perjuicio de que sea complementaria con la de la OTAN, y sin el deseo de ser, en principio, una alternativa, debe contabilizar y poner en marcha los elementos necesarios para hacer efectiva esa voluntad y, en términos prácticos, además de dotarse de capacidades que respondan a la consabida distinción entre ejércitos de tierra, mar y aire, también debe atender a distinciones surgidas más recientemente y que se refieren a “dominios” que las fuerzas armadas han de poder señorear para poder disponer de una ventaja frente a adversarios y posibles enemigos. Esos dominios son el espacial, que en algunos países ha provocado la creación de un nuevo ejército y en otros su adjudicación a uno de los tres clásicos, el ciberespacial, con el que se puede paralizar un país entero, y el cognitivo, que cubre aspectos psicológicos y, asimismo, el de la inteligencia artificial que puede multiplicar la velocidad y la eficiencia de sistemas de armas e, incluso, enfrentarnos a la cuestión de la autonomía de esos sistemas que, incluso, podría no ser la deseada.
De entre estas cuestiones, podríamos dedicar unas líneas a la de la disuasión nuclear. El elenco de las Grandes Potencias actuales está constituido esencialmente por tres países: EEUU, Rusia y China. Los tres son potencias con armamento nuclear. Desde el punto de vista militar los norteamericanos han conservado una capacidad militar de actuación global que en el ámbito nuclear significa actualmente la disponibilidad por despliegue de algo más de un millar y medio, aproximadamente, de bombas nucleares, que se modernizan del mismo modo que sus vectores.
Rusia, evidente perdedora de la Guerra Fría, ha recompuesto unas fuerzas armadas bastante más reducidas pero eficaces para sus objetivos geopolíticos situados en su proximidad: al Oeste de sus fronteras en la franja geográfica que de Norte a Sur se inicia en el Ártico y desemboca en el Mar Negro con, además, una proyección hacia el Mediterráneo que no se limita al Oriental. Asimismo, su larga frontera al sur siberiano es otra de sus preocupaciones. Parte de esta geografía hace que antiguos territorios rusos independizados de Rusia tras el colapso de la URSS y de la propia Rusia a raíz de la caída del Muro de Berlín, se sientan amenazados por un Kremlin que de mala gana contempla la independencia de ciertos de estos territorios. Sentimiento reforzado por la anexión ilegal de Crimea por parte de Moscú y la ayuda que presta a partidas separatistas pro-rusas al Este de Ucrania. La presencia rusa en Siria y Libia alertan de que, si bien la Rusia actual no tiene el poderío de la URSS, puede condicionar substancialmente ciertos panoramas internacionales, incluso, muy cercanos a Europa y ello en un momento en el que los EEUU se repliegan.
La de Rusia de Putin no será la URSS de Stalin, Bréjnev o la más afable en su momento, pero siempre todopoderosa, de Gorbachov, pero campa firmemente por sus respetos al Este de la Unión Europea y dispone de una substancial capacidad nuclear, equivalente a la de los EEUU ya que como heredera de la URSS ha conservado las capacidades nucleares de la primera en el marco de los acuerdos de desarme establecidos en su día con Washington y que le permiten el mismo limites numérico otorgado a EEUU: algo más de otro millar y medio de bombas nucleares.
China no llega a estas cantidades, al menos por ahora, porque no está sujeta a ninguna limitación. Su arsenal nuclear está estimado en unas 300 bombas. Sin embargo, es manifiesto su deseo de acompañar su impresionante desarrollo económico con una potenciación de sus fuerzas convencionales y de sus capacidades en los dominios antes señalados. A los efectos de su desarrollo militar en todos estos campos, nadie puede dudar de la ventaja que su dictadura del proletariado combinada con un capitalismo semisalvaje le otorga para dejar claro su posición dominante en sus aledaños, en especial en el Mar de China meridional y en una región que incluye importantes aliados de EEUU y de los países occidentales como Japón o Corea del Sur. Incluso un viejo protegido de la China comunista como el Vietnam, vencedor, con su ayuda, de su guerra de independencia frente a franceses y norteamericanos, no duda en invertir sus preferencias: Su peligrosa cercanía de China le ha llevado, incluso, a buscar entendimientos con EEUU.
Además de estas Grandes Potencias con armamento nuclear tenemos otras seis más. Sin embargo, no todas ellas están incluidas en el marco legal del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) considerado como una clave de bóveda del desarme y del control de armamentos. Este tratado, que cumple ahora 50 años desde el inicio de su vigencia, ha sido suscrito por 190 países a pesar de que sea un tratado “desigual” en el sentido de que como en “Animal Farm”, de George Orwell, todos son iguales, pero unos lo son más que otros. Sin embargo, un realismo practico ha llevado a su aceptación porque era evidente que era mejor sancionar la realidad de cinco países nucleares que son, asimismo, miembros permanentes del Consejo de Seguridad (China, EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia) y evitar que hubiese más países nucleares. Esto último no se ha logrado plenamente pero como con el coronavirus hay que ver el vaso medio lleno y no medio vacío cuando se comprueba que se ha podido contener en buena medida, aunque no del todo, algo peligroso, porque más peligroso sería que abundasen muchos más países con armamento nuclear.
La India consiguió desarrollar su armamento nuclear porque China, muy cercana, lo tiene. Pakistán porque lo tienen los indios. Israel porque por parte árabe mucho se ha hablado de “echar a los israelíes al mar”. Corea del Norte también la ha desarrollado para garantizar su dictadura familiar y personalista rodeada de esclavos machacados por la propaganda. Todo ello pone de relieve como la pendiente llevaría a más países nucleares sin la sensatez que implica el TNP, a pesar de sus propias contradicciones y limitaciones.
Los otros dos países nucleares permitidos por el TNP, como antes se ha adelantado, son el Reino Unido y Francia. A los efectos de conocimiento se reproduce un diagrama que indica aproximadamente las dotaciones nucleares de estos países. De todos ellos, el que nos interesa a los efectos de estas consideraciones y de una defensa europea “creíble”, como pidió en Davos Ursula Von der Leyen, Presidenta de la Comisión Europea, es decir una defensa dotada de los componentes necesarios para disuadir a cualquiera de agredirla, de cualquier manera, es Francia porque es el único país de la UE, tras el Brexit, dotado de armamento nuclear.
De acuerdo con el SIPRI, y relataba la BBC, en 2018 las fuerzas nucleares en el mundo serían las siguientes aproximadamente:
Conviene señalar que la disuasión nuclear implica, paradójicamente, tener ese armamento para no usarlo. Es, evidentemente, un cálculo psicológico basado en la idea de que si un país lo usa la réplica será tan aniquilante que al final todas las amenazas se cancelan las unas contra las otras. O el aniquilamiento es planetario. Sin duda, es una simplificación no exenta de que el ser humano a veces se cree demasiado listo y apuesta, incluso, por lo irracional y que, asimismo, el error humano puede hacer su presencia. Las doctrinas de empleo nuclear son complejas, pero generalmente conscientes de que el objeto de disponer de un armamento nuclear no es tanto para emplearlo como para disuadir a otro da hacerlo contra uno o de aventurarse en otras empresas que afecten a la esencia existencial del primero.
Sin embargo, de nuevo, el objeto de estas líneas no es el de entrar en la compleja cuestión del hipotético empleo de armas nucleares, sino en considerar que, a fin de cuentas, se entiende que, actualmente, una Gran Potencia está dotada de armamento nuclear y que, si la Unión Europea pretende una autonomía estratégica, ser una Gran Potencia, debe considerar esta cuestión nuclear y abrir un debate al efecto. Un debate complicado, sin duda, pero que incluso con las limitaciones que pueda exigir la naturaleza de este armamento, requiere un conocimiento y apoyo de la opinión pública porque, en definitiva, no solo le concierne, sino, también, porque un elemento de la disuasión nuclear, como de otros tipos de disuasiones, es el de una relativa publicidad. De nada serviría, por poner un ejemplo de reducción al absurdo, tener un armamento nuclear desconocido de todos, incluidos eventuales adversarios, pues su función disuasoria seria inexistente.
* Cuarto capítulo del artículo publicado en el libro del Movimiento Europeo Español «El debate ciudadano en la Conferencia sobre el futuro de Europa: A los 70 años de la Declaración Schuman» (4 de mayo 2020)