
El petróleo, la que sigue siendo la principal fuente de energía para mover el mundo, ha dado un nuevo vuelco radical, esta vez so pretexto del Covid-19, el coronavirus, al que se atribuye el fuerte retroceso en la demanda. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), había pedido a sus 23 miembros y aliados que, a consecuencia de la crisis, recortaran la producción en un 1,5 millones de barriles al día a partir del próximo 1 de abril. El principal inspirador de la medida era Arabia Saudí, que contaba con esta medida para tratar de contener el dramático desplome de los precios del crudo.
La OPEP se ha encontrado con la negativa de Rusia, principal productor aliado del cartel exportador, cuyos 10,5 millones de barriles diarios superan incluso al caudal que extrae diariamente Arabia Saudí (10,4 millones). La contracción de la demanda, especialmente de China, que quema el 13,4% de todo el petróleo que se consume en el mundo, es la causa de que los precios hayan descendido hasta el entorno de los 45 dólares el Brent y los 50 el West Texas.
Los países exportadores ven reducidos así notablemente sus ingresos en general, pero no afecta a todos por igual, es más se han acentuado las diferencias de perspectiva entre sus integrantes y aliados. Arabia Saudí necesitaría que el crudo no descendiera por debajo de los 83 dólares para mantener el equilibrio de sus cuentas. No es por el contrario el caso de Rusia, a quién le bastaría el barril a 42 dólares para el mismo fin. Se trata, pues, de una diferencia brutal, casi del 100%, entre las necesidades de los dos grandes productores del cartel, que por supuesto es contemplada también en su enorme trascendencia geopolítica.
Irrupción en tromba de Estados Unidos
La negativa del ministro ruso de Energía, Alexander Novak, de adherirse a la propuesta de reducir la oferta tiene mucho que ver con la irrupción en tromba de Estados Unidos en el mercado petrolífero. Primero, con el jaleado Barack Obama, y luego con Donald Trump, lo cierto es que Estados Unidos ha pasado de los 7, 4 millones de barriles/día que producía en 2012 a los 12,2 millones que ha extraído en 2019. Ello le coloca como líder mundial e incluso como exportador neto, situación que era impensable a comienzos del siglo XXI. Que cada vez más el petróleo estadounidense provenga de la perforación y quiebre de las rocas (fracking), puede ser un problema grave para los movimientos ecologistas, pero no lo parece para los intereses de la Administración norteamericana.
Los estrategas de Moscú han deducido que si aceptaban la petición de la OPEP, Rusia perdería una parte, siquiera pequeña pero significativa, de cuota de mercado, que a su juicio muy bien podría pasar entonces a Estados Unidos. Que estos hayan aumentado su producción en un 80% en la última década mientras Rusia y Arabia Saudí apenas lo hayan hecho en un 5%, desmiente también que el fin del petróleo sea para mañana, aún a pesar de las inequívocas señales de catástrofe climática, atribuida en gran parte a la masiva utilización de las energías fósiles.
Aunque era el socio más pequeño de la organización, Ecuador ya había abandonado la OPEP al comenzar este año, precisamente para no estar sometido a la reducción en las cuotas de extracción. El presidente Lenin Moreno había prometido aumentar la producción del país a 700.000 barriles, necesarios también para taponar el déficit ya crónico en las cuentas públicas. En 2019 solo llegó a los 537.000 barriles, pero aún así superó en 30.000 barriles diarios la cuota asignada por la OPEP.
La conclusión es que el que fuera el gran cartel del petróleo desde su fundación en la Conferencia de Bagdad de 1960, y que provocara las grandes crisis de abastecimiento en 1973 y 1979, además del desaforado aumento de los precios a últimos del siglo XX y principios del XXI, apenas representa ya el 30% de la oferta.
Por otra parte, la actual crisis también tendrá inevitables consecuencias para uno de los cinco países fundadores de la OPEP, Venezuela, cuyas ingentes reservas de crudo en su subsuelo –están consideradas las mayores del mundo-, precisarían de tan ingentes inversiones para ser extraídas que desde luego no llegarán mientras el narcochavismo siga en el poder.