
Me ha venido a la memoria la ya añeja novela de Manuel Vázquez Montalbán “Asesinato en el Comité Central” tras conocer la votación nocturna en la que una mayoría de 354 diputados, sobre los 650 escaños del Parlamento de Westminster, han decidido echar literalmente del recinto al que fuera primer ministro y jefe de filas del Partido Conservador británico, Boris Johnson.
Durante cinco largas horas, los representantes de la soberanía popular desgranaron los motivos de su apoyo a las conclusiones de la Comisión de Investigación, cuyo informe viene a concluir que el controvertido Johnson mintió conscientemente al Parlamento, algo que en la cultura política británica se considera motivo suficiente para ser despojado de todos los cargos y honores inherentes. Al menos en este aspecto, la vieja política aún tiene muchas lecciones que dar a los colegas de otras latitudes, en donde la mentira no solo se ha banalizado, sino que se ha convertido desgraciadamente en una habitual herramienta política.
Privar a todo un ex primer ministro de la tarjeta que le permite acceder al Parlamento y deambular por las estancias de Westminster constituye una humillación semejante a la que se practicaba con los militares a los que se les arrancaban públicamente los galones por no haberse comportado con la suficiente valentía y arrojo ante el enemigo, castigo que precedía incluso a la ejecución de su pena de muerte cuando hubiera sido declarado culpable de traición.
Esta humillación a Boris Johnson es, pues, uno de esos ritos solemnes que acompañan a la muy asentada tradición británica, que no solo exhibe con gran pompa y circunstancia sus grandes fastos y efemérides, sino que también se aplica con implacable cadencia a quienes osan cruzar las líneas de la decencia política. “Haber conducido a error a la Cámara de los Comunes sobre una cuestión de la mayor importancia, tanto para el Parlamento como para el público, y ello de manera reiterada”, señala la principal conclusión de la citada Comisión sobre las fiestas organizadas en la residencia y despacho del entonces primer ministro cuando el Gobierno había impuesto severas restricciones y estricto confinamiento al pueblo británico.
Los diputados de la oposición laborista han sido particularmente incisivos con el comportamiento de Boris Johnson, pero las intervenciones más aceradas y crueles contra él han sido las de sus propios correligionarios conservadores quienes han sido determinantes en su erradicación de la vida política, so pretexto de devolver al Parlamento el prestigio mancillado por el antiguo inquilino del 10 de Downing Street. Es sin duda lo que más le ha dolido a Boris Johnson, justo el día de su 59º cumpleaños y a punto de ser padre por octava vez. “El informe denota una incuestionable caza de brujas, destinado a consumar mi asesinato político”, declaraba mientras intentaba mantener la supuesta imperturbabilidad de la flema británica.
Para el Partido Conservador, una vez más, este episodio vuelve a demostrar que ninguno de sus miembros, por prominente que sea, está por encima del mismo, en tanto que institución fundamental en la arquitectura del Estado. Además, y también como siempre, ha mantenido las formas. Desde el actual primer ministro, Rishi Sunak, que prefirió abstenerse, pese a su enemistad manifiesta con su antecesor, a la antigua primera ministra, Theresa May, partidaria de condenar a Johnson “para restablecer la confianza en nuestra democracia parlamentaria”, pasando por la ministra de Relaciones con el Parlamento, Penny Mordaunt, que pidió respeto a la opinión de cada diputado y a su derecho a no verse hostigado por los demás.
Al periodista Boris Johnson no le faltará trabajo, ya ha fichado como columnista del Daily Mail. Pero las confidencias exclusivas no podrá obtenerlas en ningún caso zascandileando por los pasillos del Parlamento. La pérdida de su credencial de acceso es un estigma simbólico, que no influirá en la calidad de sus artículos, pero sí, en cambio en la credibilidad y confianza de sus lectores, que ya saben a ciencia cierta que miente.
FOTO: El primer ministro británico Boris Johnson anuncia su dimisión en Downing Street el 7 de julio de 2022 | REUTERS/HENRY NICHOLLS