
“¡Cuánto os hemos echado de menos!”, dijo el rey Felipe VI cuando sancionó la ley que otorgaba la nacionalidad española a los sefardíes descendientes de aquella diáspora obligada por su expulsión en 1492. Ahora, la normalidad va retornando poco a poco entre la comunidad de los judíos españoles, que pueden celebrar sus costumbres y sus fiestas en libertad.
Doce años van ya que el Centro Sefarad-Israel anticipa la celebración del Año Nuevo Judío (Rosh Hasaná), acontecimiento que comienza el domingo 29 de septiembre del calendario común con la salida de la primera estrella. Se inicia el año 5780, correspondiente por lo tanto a los transcurridos teóricamente desde la creación del mundo y del primer hombre: Adán.
Rosh Hasaná significa literalmente “cabeza del año” y se celebra en el mes hebreo de Tishrei (septiembre-octubre del calendario gregoriano). La celebración comienza la víspera al anochecer con el sonido del shofar, un cuerno de carnero que llama a la meditación, el autoexamen y el arrepentimiento. Es el primero de los diez días de oración, penitencia y compasión, que terminan en el Yom Kippur, Día del Perdón, que este año comienza el 8 de octubre.
En la sinagoga también hay lecturas especiales y también se toca el shofar, como invitación a “despertar” la conciencia de las personas con el fin de arrepentirse de los malos actos y volver a Dios.
Rosh Hasaná y Yom Kippur se diferencian de otras fiestas judías en que no aluden a ningún acontecimiento histórico sino que son días de introspección, examen de conciencia y buenos propósitos para el año que comienza. La tradición manda que la víspera de Rosh Hasaná las mujeres enciendan las velas y reciten las bendiciones correspondientes. El día siguiente, es decir el primer día del año, antes del encendido de las velas, se coloca fruta nueva.
Durante la cena principal de bienvenida del nuevo año se comen alimentos que simbolizan dulzura, bendiciones y abundancia. Es, pues, habitual ver en la mesa manzanas, miel, cabeza de pescado y de carnero, puerro, acelgas, granadas y zanahorias.
A los diez días de Rosh Hasaná el sonido del cuerno de carnero rompe el silencio y anuncia la concesión del perdón tras el arrepentimiento. Durante el día de Yom Kippur mucha gente suele ayunar. Con la caída de la tarde se rompe el ayuno con una comida particularmente alegre. Hay un sentimiento de gozo y alivio, que viene de haber experimentado un día de introspección y oración, aparte del sentido del perdón divino. Se considera muy apropiado buscar en la sinagoga a aquellas personas que están solas e invitarlas a sentarse a nuestra mesa.
De todo este significado y celebración se habló en los corrillos que se formaron en el Centro Sefarad-Israel, situado en el Palacio de Cañete, junto a la monumental Casa Consistorial de Madrid, en plena Calle Mayor. Allí estaban su director general, Miguel de Lucas, anfitrión y entusiasta animador del Premio Corona de Esther, que galardona a las personas que más se distinguen en promover los valores de la libertad y la tolerancia.

En esta ocasión, la Corona de Esther fue para la actual embajadora de Polonia en España, Marzenna Adamczyk, una catedrática de Lengua y Literatura Españolas a la que constituye una delicia escuchar por su fantástica dicción, perfecta sintaxis y riqueza de léxico en una lengua de la que se enamoró desde su más tierna infancia. Además de los incuestionables méritos de Adamczyk en cuanto a su lucha personal por promover la libertad y la tolerancia, el premio reconoce en su persona las raíces judías de Polonia. La embajadora estuvo arropada por líderes de la comunidad judía como León Benelbas, que preside la de Madrid, e Isaac Querub, que está al frente de la Federación de las Comunidades Judías de España. Estaba presente asimismo la nueva embajadora de Israel en Madrid, Rodika Gordon, próxima a presentar las cartas de estilo. También arroparon a Adamczyk autoridades españolas como José Fernández Sánchez, concejal del Ayuntamiento; Aurora Mejía, directora general para Europa del Ministerio de Asuntos Exteriores, e Isabel Díaz Ayuso, presidente de la Comunidad de Madrid, que cerró la parte institucional del acto con un encendido discurso en el que prometió luchar y combatir encarnizadamente contra los que promueven el odio, la intolerancia, el racismo e intentan coartar las libertades conquistadas con tanto esfuerzo por los españoles, incluidos sus ciudadanos judíos.