Supervivencia

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Desde el momento de la gestación, todos los seres vivos tienen ese único objetivo natural: sobrevivir. Y lo hacen con fines también naturales como es la reproducción a través de la cual se mantendrá la especie. La Naturaleza nos ha proporcionado recursos adicionales para que la supervivencia sea efectiva, como son la alimentación, el refugio, el fuego, el agua y el oxígeno, así como también los materiales para construir y mantener esa finalidad.

Desde el comienzo de los tiempos todas las especies han debido adaptarse al medio ambiente que les ha tocado o han perecido en ello. La teoría de la selección natural darwiniana incluye tal circunstancia, pero, en ningún momento se ha planteado la situación al revés: que ese medio ambiente se adapte a los deseos, caprichos o necesidades de los seres vivos. Cuando se ha hecho o parecía haberse conseguido, llega un toque de atención desde la Naturaleza para demostrar lo contrario.

La vida ha sido una constante adaptación al medio y éste a su vez ha ido aceptando como “naturales” las acciones de los seres vivos para cumplir con las funciones encomendadas de supervivencia que, por muy invasoras que fueran, nunca jamás pueden alcanzar el poder de cualquier fenómeno natural. Cuando se ha creído eso, la Naturaleza ha establecido sus propias leyes y ha colocado de nuevo las cosas en su sitio. También, cuando la especie ha alcanzado un grado alto de especialización, tiende a la extinción.

Lo que la Naturaleza no había previsto es que, determinadas especies como la humana, fueran a intentar beneficiarse de sus semejantes, creando unas élites extractivas capaces de alimentarse de los demás, tanto en su sentido metafórico como en su sentido real, aplicando su talento y habilidad al sometimiento de las mayorías por medios de todo tipo, según el lugar en la pirámide del poder. El pez grande se ha alimentado de los peces pequeños, y éstos a su vez buscarán alimento y protección hasta que les llegue su hora.

Pero, la especie humana recibió algo único: el alma. Un alma que fue capaz de superar instintos naturales, para crear espíritus libres, intangibles e inmortales y la selección natural hizo una excepción con los humanos. Ahora el poder no estaba en el tamaño o la fuerza, sino en la inteligencia. Ahora sobrevivir no era por aptitudes físicas, sino por talento y habilidad. Lo llamamos civilización. Es decir, un cambio de paradigma que premiaba y seleccionaba la inteligencia sobre cualquier otro aspecto o manifestación del poder.

La evolución de la especie humana fue adaptándose a ese nuevo patrón. No hacía falta en las civilizaciones conocidas tener unas determinadas condiciones físicas, sino unas intelectuales para producir bienes o aportarlos a la sociedad, evitar conflictos y guerras, convivir en paz y armonía y crecer como personas espirituales y trascendentes. No obstante, la codicia, el poder mal entendido o los vicios han propiciado situaciones bélicas y de confrontación social que han producido víctimas (inocentes la mayor parte de las veces) y sufrimiento. El uso de armas más poderosas como la nuclear actualmente puede producir daños imposibles de imaginar.

De pronto, en la aparente y falsa calma del mundo occidental, aparecen unos factores inesperados que trastocan mensajes, ciencias, economías y poderes en un escenario de supuesta abundancia (en base a vivir de prestado) , adocenamiento y hedonismo social. La hegemonía de unos imperios se viene abajo, mientras empiezan a florecer otros, creando una tensión internacional en la geopolítica a consecuencia del conflicto producido por la inestabilidad de un país a partir de uno de tantos golpes de estado inducidos por intereses del imperio USA y su brazo armado la OTAN que, finalmente, llevó a una invasión de Ucrania y a una guerra local internacionalizada, donde se ha puesto en evidencia los intereses de unos y otros sobre miles de muertos y el fracaso de Naciones Unidas y otros órganos supranacionales para evitar el conflicto.

Un conflicto que EE.UU. quiere resolver con su nueva presidencia y que otros prefieren llevar hasta las últimas consecuencias, desde las “alianzas” políticas, militares o geoestratégicas. La Unión Europea ahora es el paladín de la lucha contra un enemigo inexistente (que habrá que crear) y partidaria de un rearme defensivo, en contraposición de la vía diplomática del presidente Trump, más interesado en sacar a su país de la práctica quiebra económica producida por sus antecesores. Es hora de sobrevivir, no de matar.

Pues bien, la UE más desnortada que nunca, aplica la solución más simple y que más beneficios económicos promete a sus órganos: la aportación de una cantidad enorme para Defensa que debe salir de los bolsillos de los europeos, cuando la mayor parte de su economía ha sido destruida por directivas y normas absurdas. Cuando una media del esfuerzo del trabajo en los estados-miembros supera la mitad de sus ingresos, para pagar estructuras y burocracias de dudosa eficacia o claramente inútiles. Ahora armas.

Cuando suenan tambores de guerra en Europa, surge la solución milagrosa: hay que tener en los domicilios un equipo de supervivencia por si vienen mal dadas. Un equipo diseñado por los famosos “expertos” que los más listos se apresurarán en comerciar y los menos listos en comprar. Ya está el primer negocio (como la lucha contra el cambio climático, la descarbonización, etc.) sin necesidad de mover una ceja, sino en todo caso, de no tener escrúpulos.

De nuevo se extiende el miedo como arma principal de sumisión de las masas, como ya se había hecho en ocasiones anteriores y una excusa para saquear económica y fiscalmente al “soberano”, haciéndole volver a su condición servil de súbdito.

Hay que recordar que la Ley Orgánica 10/1995 de 23 de noviembre, en relación con el artº 573 del Código Penal, establece como delito “Provocar un estado de terror en la población o en una parte de ella…” (sin tener motivos fundados sobradamente). Motivos que la UE debería aclarar para saltarse sus propias reglas de contención fiscal y del gasto público y la realidad de una amenaza concreta para los europeos, así como la justificación de la adquisición de un cuestionable equipo de seguridad o emergencia para exactamente 72 horas. Estas son las preguntas que cualquier juez puede colocar ante los responsables de alarmas poco claras o poco convincentes. Tal como se debió hacer en casos anteriores. Una cosa es la prudencia política, otra la obligación de una información veraz y otra actuar irresponsablemente para provocar el conflicto. De momento no sabemos quién es el enemigo.

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