Una hora menos en Canarias

¿Cuanto tiempo llevamos repitiendo el mismo estribillo?

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Los husos horarios que se establecieron en el año 1901, tomando como base el meridiano de Greenwich, sufrieron diferentes alteraciones a lo largo del tiempo y por diversas circunstancias, llegando incluso a cambiar la hora de verano o de invierno, como si se tratase de simples prendas de vestuario, sin tener en cuenta lo que tales medidas afectan a la población y a sus ritmos biológicos.

En el caso español se da la paradoja de que durante la guerra civil se usaba distinto horario según se estuviera en la zona nacional o republicana, donde ya en el año 1938 se cambió la hora de Greenwich, para ser nuevamente cambiada años más tarde por el nuevo régimen político.

Fue el BOE del día 7 de marzo de 1940, el que publicó el cambio de hora a partir de las 23,00 horas del día 16 de marzo, por decisión del gobierno de Franco, indicándose que se volvería al horario normal (Greenwich) en cuanto fuera oportuno. Desde entonces hasta la actualidad nuestro horario se adaptó a la “conveniencia de que estuviera de acuerdo con otros países europeos”, entre ellos la Alemania de Hitler. A esta iniciativa se unieron otros países como la parte de Francia ocupada, el Reino Unido y Portugal. De ellos Reno Unido volvió al horario normal, mientras Francia y España seguían con el horario cambiado.

Mira por donde el Estado Español se está rigiendo por un horario que procede del régimen anterior (como tantas otras cosas) y que, milagrosamente, constituye una reliquia del mismo, sin que las manos gubernamentales hayan osado ponerlo en cuestión pasando al huso de Greenwich que correspondería, tal como se ha venido haciendo con la demolición de presas, exhumación de restos o memorias adaptadas a conveniencia.

Esta anormalidad horaria contrasta además con la supuesta línea de respeto ambiental de la que se hace bandera, pues afecta no sólo a la salud de las personas en su relación con el ciclo solar, sino al consumo de energía en las actividades de la población que empiezan una hora antes de lo adecuado.

“Madrugamos demasiado y dormimos poco” dice el experto Joseph Collins, miembro de la “comisión para la racionalización de los horarios españoles” (AROHE). En el propio Senado. donde aprobó una resolución en este sentido (“Moción por la que se insta al gobierno a impulsar una racionalidad de horarios laborales…) presentada por la Sra. Angulo Iñiguez del Grupo Popular ya que parecía absurdo y falto de sentido llevar una hora de adelanto a la que nos correspondería en toda España, excepto en Canarias. Todo por razones políticas por mucho que se intente disfrazarlas con cuestiones de ahorro de energía (lo mismo da encender la luz por la mañana que por la tarde).

“A esto hay que añadir el tema del huso horario que proponemos modificar en el segundo punto: adecuar el huso horario a nuestra situación geográfica… se produce un desajuste que hace que estemos reduciendo prácticamente en una hora el tiempo de sueño respecto a las recomendaciones de la OMS” decía la Sra. Angulo Iñiguez en el pleno recogido en el diario de sesiones de 26 de abril de 2016, aprobándose por 140 votos. ¿Qué ocurrió para que no se tuviera en cuenta a pesar de que en gran medida iba dirigida la conciliación laboral y familiar tan predicada por todos los políticos?

La entidad sin ánimo de lucro llamada “comisión nacional” (lo que provoca cierto equívoco) “para la racionalización de horarios españoles” tiene una amplia representación corporativa bajo el acrónimo “AROHE”. Desde su fundación en el año 2003 ha venido ejerciendo actividad —al parecer sin demasiado resultado— en su primera reivindicación ante los gobiernos sucesivos: “Una profunda modificación de los horarios en España que nos ayude a ser más felices”. Una loable intención que cualquiera suscribiría. Su XVI Congreso Nacional (15/18 de noviembre de 2021) abundaba en la conciliación laboral y la reducción de la jornada semanal a cuatro días, recogida por un determinado partido para las próximas elecciones (aunque ya se sabe lo que es un “antes” prometedor y un “después” vergonzante).

Aunque el concepto “felicidad” (como tantos otros) siempre resulta cuestionable (pues depende de cada individuo y sus circunstancias) un cambio de hora al huso Greenwich en España, probablemente acabaría con muchos problemas de salud (sobre todo mental) al añadir una hora más de sueño y nos acercaría a hábitos más habituales en nuestro entorno. Si a ello añadimos la flexibilidad que requiere nuestra forma actual de vivir en el ámbito laboral y de movilidad, tendríamos una aproximación más precisa a cierto “bienestar”, que hasta la fecha es otra palabra vacía y sin sentido para la mayor parte de la gente.

Pero, sobre todo, alguien se podrá dar el gustazo de eliminar otro resto del régimen de Franco.

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