Retrato del futuro

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

“La tecnología se ha convertido en el gran vehículo de la cosificación, en su forma más madura y efectiva”

Herbert Marcuse

“La nueva política de intervencionismo estatal, exige una despolitización de la masa de la población”

Jürgen Habermas

Aunque suena como título del género de ciencia-ficción, es una triste realidad que se ha ido imponiendo a unas sociedades alienadas, infantilizadas, hedonistas, ignorantes y cobardes, dispuestas a vender sus libertades y esencias humanas por una ración de pienso al que llaman eufemísticamente “salario mínimo” que… ¿de quien depende? Por supuesto de los gobiernos que se han apropiado del estado-nación y las soberanías nacionales, ante la impasibilidad institucional de lo que se suponía democracias consolidadas que, de esta forma, se ponen a la altura de los regímenes de poder absoluto.

En otros tiempos, el proyecto común de construcción nacional era la amalgama que unía a los pueblos hombro con hombro, voluntad con voluntad, para ir avanzando en la conquista de mejoras sociales, de bienestar individual, de ilusiones compartidas entre todos. La sociedad estratificada en quehaceres y tareas diversas, no perdía de vista que todos estaban sujetos a lo que su esfuerzo, capacidad y formación aportase a la comunidad.

Fue hacia finales del siglo XIX cuando la Ciencia, ese conjunto de saberes que a todos nos enriquecían, fue abriéndose a cuestiones no científicas y a saberes basados en teorías relacionadas con las llamadas “ciencias sociales”, que fueron desarrollándose sobre el empirismo y la interpretación más o menos sesgada de los hechos, frente al racionalismo de la Ilustración y de las ciencias puras que, poco a poco, iban desapareciendo al no considerarlas útiles. Este sentido de lo “utilitario” se extendería a la educación, a la formación y a la investigación aplicada (hay un buen resumen de estudios sobre “sociología de la Ciencia” de varios autores como Barry Barnes, Thomas Kuhn, Robert K. Merton, J.S. Price Thorstein Veblen, Herbert Marcuse, Jürgen Habermans y así hasta veinte autores, publicado por “Alianza Editorial” en 1972).

Las dos guerras mundiales vinieron sucesivamente a potenciar las ingenierías sociales a través de instituciones militares o filantrópicas, que empezaron a intentar conocer las claves de manipulación mental con las que se podría manejar a las sociedades y a sus individuos, de acuerdo con unas pautas de propaganda y adoctrinamiento. El instituto británico Tavistock de Relaciones Humanas, junto a otras fundaciones filantrópicas con los apellidos Ford, y Rockefeller, el Club de Roma, Bildeberg, Trilateral o, más recientemente, la Open Society y la fundación Gates, son referencias obligadas en la construcción de “redes” sociales y mediáticas a propósito de unos fines que culminan con la teórica salvación del planeta Tierra. Eso sí a costa de impuestos y “bonos verdes”. 

Entretanto era preciso que tales redes ampliasen su campo de acción en diferentes frentes: alienación social, captura del poder a través de los gobiernos ejecutivos (tanto nacionales como supranacionales) y debilitamiento de las naciones-estado más fuertes por medio de la fragmentación identitaria de sus poblaciones. Un juego cuyo “tablero mundial” fue muy bien explicado por el que fuera consejero de Seguridad Nacional en EE.UU. Zbigniew Brzenzinski en 1998 con importantes aportaciones como las de la figura del Secretario de Estado Henry Kissinger.

La alienación social encontró primero en la radio (1904) y luego en la televisión (1925) las mejores vías de influencia social superando a la prensa escrita. Las cada vez mayores redes de comunicación, tuvieron en la figura de Edward Bernays (1892/1995) con su libro “Propaganda” escrito en 1927, una especie de gurú que marcaba los caminos por los que transitar para crear necesidades donde no las había (publicidad): “La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas, es un elemento de importancia en la sociedad democrática. Quienes manipulan este mecanismo oculto de la sociedad, constituyen el gobierno invisible que detenta el verdadero poder que rige el destino de nuestro país…. Son ellos quienes mueven los hilos que controlan el pensamiento público, domeñan las viejas fuerzas sociales y descubren nuevas maneras de embridar y guiar el mundo”. En definitiva, unas sociedades totalitarias nacidas de la ignorancia y del temor de sus ciudadanos de las que tenemos varios ejemplos. 

Por su parte, la captura del poder político se estableció a partir de la preparación de dirigentes que, con la excusa del pluralismo, en realidad obedecen a consignas recibidas en uno u otro aspecto, desde las organizaciones supranacionales creadas al efecto cuya financiación obedece en gran medida a donaciones privadas con intereses particulares. En Europa, una vez fallecidos los líderes auténticos nacionales (De Gaulle, Churchill, Adenauer, etc.) aparece un único pensamiento político: la socialdemocracia. Una especie de marca blanca del socialismo marxista para blanquear el comunismo que, curiosamente, recibió el espaldarazo del liberalismo que desde entonces quedó como una reliquia romántica del pasado. Una clase política “correcta políticamente” quedaba sometida a lo que el profesor Luigi Ferrajoli, autor de la magna obra “Principia iuris. Teoría del Derecho y la Democracia”, llama “poderes salvajes” (esto es, no sujetos a normas porque son ellos los que las establecen).

La fractura de las naciones nace de la exacerbación de los antiguos nacionalismos para provocar la fractura territorial y social. Donde antes había convivencia, se crea enfrentamiento y odio. Donde antes había olvido y perdón se predican odios, se rescatan “memorias históricas” falseadas o claramente subjetivas, que abren heridas, se profanan tumbas, se alimentan rencores que acaban inevitablemente en guerras civiles de todos conocidas con muerte y sufrimiento de poblaciones enteras por el interés particular de ese número exiguo de personas y poderes que dominan el mundo. Así es y así ha sido desde hace muchos años.

Llegamos así a ese retrato del futuro marcado por una pandemia mundial, cuyos orígenes reales se nos hurtan y esconden, que se resumen en palabras de David Rockefeller: “ahora solo falta una crisis adecuada para que las naciones acepten el Nuevo Orden Mundial”, pero… ¿cómo será ese nuevo orden surgido no de los intereses de la gente normal, sino de quienes se sienten ungidos como nuevos “mesías, salvatore mundi”? Pues ya lo estamos comprobando, una adicción y sometimiento a tecnologías la mayor parte de las cuales son meros juegos infantiles) que destruyen conocimientos reales, economías y trabajo y que, bajo el aspecto de máquinas inteligentes, van sometiendo a los humanos a unas leyes nuevas, estrambóticas y acientíficas que, además, constituyen una nueva religión con sus liturgias, sus sacerdotes y sus rituales. Un sistema mediático informativo presidido por la manipulación y el adoctrinamiento. Un sistema político mundial, de donde desaparece la Política para ser sustituida por las nuevas creencias y religiones. Un sistema social dominado por las máquinas donde sobra el conocimiento real y se elimina a los “herejes”. Lo llaman distópicamente “Novoceno” y ya está aquí entre nosotros.

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