Negacionistas

FOTO: Marcha de negacionistas anticuarentena en Berlín, sin mascarillas
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

En la manipulación del lenguaje propia de los sistemas totalitarios, se acuñan términos oficializados tanto por el régimen político como por sus colaboradores mediáticos, para establecer y clasificar a los disidentes. Desde la Edad Media, se repite una y otra vez las figuras de los llamados “herejes” y de quienes los perseguían blandiendo incluso el símbolo de la cruz, olvidando que el primer disidente con el régimen fue el propio Jesucristo.

Son numerosos los ejemplos de quienes se oponían a través de la Historia a los discursos oficiales, defendiendo la verdad frente al engaño y la ignorancia, tanto en el mundo de las costumbres y religiones, como en el de la Ciencia. El “e pur si muove…” de Galileo quedará para siempre como alegato final contra su condena por el dogma oficial del momento, junto al “venceréis, pero no convenceréis” de nuestro más cercano Miguel de Unamuno. El poder tiene la fuerza de doblegar voluntades, pero carece de la razón y el argumento.

El gran poeta León Felipe dedicaba a Franco (al igual que ahora lo podía dedicar a otros) las siguientes palabras: “…tuya es la hacienda, la casa, el caballo y la pistola…. mía es la voz antigua de la tierra; tú te quedas con todo y me dejas desnudo, mas yo te dejo mudo… ¡mudo! y… ¿cómo vas a recoger el trigo y alimentar el fuego, si yo me llevo la canción…?”. Asimismo y muy relacionado con el tema que nos ocupa, escribió su poema “Pero sé todos los cuentos” al que ya me he referido otras veces como ejemplo del mundo en que vivimos: “ La cuna del hombre la mecen con cuentos, los gritos del hombre los ahogan con cuentos, el llanto del hombre lo esconden con cuentos, los huesos del hombre los entierran con cuentos y el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos… yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con cuentos y sé todos los cuentos.”

Se suele decir que “un pesimista es un optimista bien informado”o lo que viene a ser lo mismo: “un negacionista, es un positivista bien informado”. El mundo que conozco de los llamados así, sueles ser personas brillantes en sus profesiones, intelectualmente activas y poco dados a creer cualquier cosa que les cuenten, más aún si los “cuentos” provienen de intereses económicos, políticos o sociales a través de los cipayos mediáticos de los poderes públicos. Frente a las “verdades” oficiales de moda (convertidos en nuevos dogmas que acatar y venerar sin discusión), siempre ha existido una minoría que en forma natural y espontánea desconfía del poder (sea cual fuere) pues normalmente esconde intereses particulares. Hay que volver a los clásicos griegos como Aristóteles y sus “falacias” donde a pesar de las apariencias (mudables casi siempre) no pueden soslayar la esencia permanente (la realidad) de las cosas.

Desde hace muchos años, poderes de todo tipo (sobre todo económicos) se han creído capaces de jugar con la inteligencia emocional de las gentes, a través del uso torticero de teorías científicas, económicas y sociales (bien subvencionadas) y se han creído divinizados como los antiguos reyes, iluminados por sus mesiánicas fantasías y capaces por su disposición de todo tipo de recursos, para cambiar el orden mundial que Kissinger analiza en detalle en su libro sobre el tema. Sus objetivos parecerían filantrópicos, si no fuera por lo que ocultan de su realidad: normalmente intereses personales, económicos o políticos en lo que Bzerzinski llama “el tablero mundial” como metáfora del gran tablero de juego, donde los demás quedan reducidos a simples peones sin voluntad propia. Para ello es preciso que sean frágiles, cobardes, inseguros y, sobre todo, ignorantes. Un arduo proceso al que se dedican sin descanso con el único objetivo de sentirse “como dioses”. Nada importan las vidas simples de millones de personas ocupadas solamente de subsistir con dignidad de personas a las que conviene mantener sumisas y atemorizadas (se atribuye a David Rockefeller la frase: “ahora solo necesitamos una crisis adecuada, para que las naciones acepten el nuevo orden mundial”).

Porque eso parece en lo que estamos: en un proyecto megalómano de “nuevo orden” basado en una forma de eugenesia programada para la supervivencia de “los más aptos” (o los más adictos) y la eliminación de los herejes rebeldes al pensamiento único mundial. Para ello se han tocado todos los palillos. Los educacionales que son la base de formación del “espíritu mundial” sobre lo que llaman “nueva normalidad”, suprimiendo cualquier conocimiento ajeno a estos propósitos. Los políticos debilitando a los estados-nación, promoviendo las disensiones internas con cualquier motivo y escogiendo los agentes apropiados por su bisoñez, ineptitud y carencia de valores o principios. Los religiosos, científicos y jurídicos, elevando a categoría de dogmas banalidades infantiles o caprichos arbitrarios impuestos desde la coerción (a los herejes) o la propaganda (a los ignorantes).

La Inquisición ya trabaja en forma de agencias de espionaje de opiniones adversas a las oficiales, si bien en este caso se ha sustituido el sayal franciscano por los mercenarios más prestigiosos dentro del mundo televisivo, capaces de denunciar a los demás desde la opacidad de sus conductas, las antiguas tonsuras y hábitos, por las indumentarias de moda y los tribunales de Justicia, por la manipulada opinión pública.

Ser “negacionista” ante todo el cúmulo de disparates políticos o científicos se ha convertido en algo honroso, responsable y generoso para combatirlos en la medida de lo posible, mientras que desde la esfera oficial, el régimen de poder único y sus tics totalitarios de apropiación de todos los poderes (…hacienda, casa, caballo y pistola…). Se los intenta representar como contrarios al bien común y a los intereses comunes convenientemente cocinados en los despachos del poder.

Ser “negacionista” es seguir el camino aristotélico del pensamiento humano, (incluso con sus posibles equivocaciones e errores), frente a la imposición de los trampantojos ideológicos, de los dogmas retorcidos y desnaturalizados y los proyectos de los llamados “poderes salvajes” (Ferrajoli) ajenos a toda norma, ya que ellos son la ley y el nuevo orden mundial globalizado. Son los nuevos dioses del “panteón” moderno e imponen su poder, sus ideas y sus dogmas a una sociedad previamente preparada para eso.


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