
Hemos vuelto sin darnos cuenta o, por qué no decirlo, nos hemos ido dejado llevar, nos han conducido con suma facilidad y de una forma ingenua a un sistema mundialista, globalizado, que al igual que en la edad media, no deja de ser un poder donde el que gobierna, o sea los que mandan, tiene un poder absoluto (de ahí su nombre de absolutismo), sin tener que rendir cuenta de sus actos. Hoy en pleno siglo XXI nos encontramos gobernados por este orden globalizado y neofeudal del capitalismo absoluto. Un nuevo poder que cuenta con su propia estructura social y que está muy por encima de los sistemas de gobierno de los países desarrollados o subdesarrollados sea cual sea su ideología y su sistema de gobierno.
En el marco de este nuevo feudalismo financiero, podríamos definir a los nuevos actores como integrantes de un clero. Donde forman parte de este nuevo orden el clero regular periodístico, el circo mediático y el clero secular académico e intelectual. Ya Gramsci, en uno de sus estudios los definía como “una casta o un sacerdocio que gestiona los espacios de consenso desde las primeras páginas de los periódicos y desde los campus universitarios liberales con veleidades libertarias y cosmopolitas.
Con sus estructuras, mantienen siempre vivo lo que Guy Debort conceptualizó como la noción sociopolítica de «espectáculo», desarrollada en su obra más conocida “La sociedad del espectáculo” donde Debort lo califica como el <monologo elogioso> del orden dominante. Desde el cual va desarrollando una tarea sutil para usar las palabras con el objetivo de crear un conformismo social que sea útil y eficaz en la línea de desarrollo del grupo dirigente.
Hemos colaborado a crear una sociedad alineada, nos hemos dejado adentrar en un sistema cuyas consecuencias llevan a las personas a contemplar más de lo que viven, todo es una simulación que se agrava con la adicción a las redes sociales, donde las personas se pasan más tiempo inmersos en las redes sociales que viviendo la misma vida en el mundo real. Una sociedad que se ha transformado del “ser”al “tener”y de éste “al parecer”, es el culto, “la idolatría de la mercancía”, algo que, sin lugar a dudas, ha afectado negativamente a la vida social, cultural y laboral de las personas. Ya no simplemente somos lo que tenemos, ahora somos lo que aparentamos, este parecer es la regla suprema del capitalismo.
Es una forma de asegurarse que los dominados, han sido convertidos en los nuevos prisioneros de la caverna platónica, esta vez “globalizada o mundializada”, ha sido la forma de imponer un plan bien diseñado y dirigido para evitar que no nos rebelemos contra ese, su nuevo orden establecido, ha quedado bien claro lo que quieren y pretenden que, no es otra cosa que vernos sometidos a su voluntad y, por si fuera poco, que lo deseemos y estemos dispuestos de forma incondicional a no cuestionarlo e incluso a luchar contra todo aquel que intente cuestionarlo.
Sin darnos apenas cuenta, ignorando la realidad que nos subyace, hemos llegado a un momento en el que la incongruencia está poniendo en peligro el destino de la humanidad. A pesar de que a nuestro alrededor se están formando negros nubarrones, una densa y oscura niebla, seguimos pasivamente ignorando la situación del deterioro en el que nos han sumido y los riesgos a los que nos vamos a tener que enfrentar más pronto que tarde, por no aceptar que ya estamos de lleno dentro de ellos. Nos seguimos perdiendo en una necia e inútil guerra de colores ideológicos y partidistas, totalmente desfasados y fuera de la realidad para los tiempos que vivimos, una guerra partidista a la que dedicamos todo nuestro esfuerzo y casi todo nuestro tiempo que solo nos conduce a un puro e inútil enfrentamiento en defensa de si son galgos o son podencos.
Dicen que ningún hombre es mejor de lo que su conversación deja entrever, que ningún político es capaz de superar sus discursos. ¡Se hace imprescindible ya hacer una declaración de principios! ¡Aceptar y asumir lo que somos! ¡El papel que representamos en todo este entramado! Es necesario asumir nuestra responsabilidad y defender sin reservas nuestro presente y nuestro futuro, el futuro de nuestros mayores, de nuestros hijos y nietos, defender el derecho a vivir con dignidad y en paz, que podamos sentirnos protegidos en nuestros hogares, en las calles y en las ciudades donde vivimos, en el mundo en el que habitamos.
Resulta ya urgente y necesario defender la educación de nuestros hijos fundamentándola en paisajes históricos reales, reconociendo y avalando con precisión los hechos, actos y avances llevados a cabo por héroes, sabios científicos e investigadores contrastados y no dando pábulo a personajes e historias que con perversidad y por espurios intereses han sido manipuladas y basadas en falsas batallas, defendiendo y justificando a ladrones, asesinos y pervertidos, encumbrando a traficantes de drogas, a degenerados y a sádicos.
Si renunciamos a creer en algo, si decaemos en nuestros deseos y no ambicionamos algo mejor, si renunciamos a trabajar con libertad e inspiración para poder mejorar la vida de todos nosotros; nos llevara (o ya nos encontramos dentro de ella) a una situación de desanimo y desamparo, ante la cual deberíamos reaccionar con valentía ¡ya!, tener la capacidad de actuar con sabiduría, de adquirir una visión clara de adonde debemos dirigimos. Si no exigimos tener acceso al conocimiento técnico y científico necesario, nos resultara imposible el construir un mundo mejor.
No deja de sorprender que vivamos una situación de deterioro en nuestro modo vida como el actual y la sociedad mundial este aceptando de una forma tan pasiva e indiferente, estamos siendo conducidos por un camino que nos está marcando una prensa escrita por periodistas escépticos, que hablan de todo y no creen en nada, de toda esa pléyade de nuevos “filósofos” que expanden a los cuatro vientos las miserias de la peor de las filosofías, de todos esos nuevos Oradores que rompiendo con lo tradicional esparcen sus proyectos para cambiar interesadamente las formas tradicionales del arte y la cultura, el pensamiento y la vida social, estableciendo como nuevas formas de comportamiento el consumismo y el individualismo.
No es casualidad este mensaje permanente y continuo sobre la sociedad, son una nueva casta de oradores que han sido preparados a conciencia como si pertenecieran al clero mas tradicional y rancio; es un nuevo clero que nos conduce como siervos a un monoteísmo inherente con la producción, el intercambio ventajista y la libre circulación y, que nos lo venden como si fuera el mejor de los mundos o el único posible. Ya lo anuncian al son de las siete trompetas angelicales como una advertencia «¡no tendremos otro tipo de sociedad fuera de esta!». Estamos en una situación de precariedad absoluta, en lo económico, en lo cultural, en las relaciones interpersonales y hasta en lo político. La globalización ha resumido nuestra voluntad, la de la sociedad en general, a luchar por unas migajas para sobrevivir, ya las políticas son dictadas desde los grupos neofeudales capitalistas que están muy por encima de los gobiernos nacionales, y aún más, también, por encima del gobierno de los gobiernos nacionales. Nuestro protagonismo nacionalista (no regionalista o autonómico) ha quedado reducido a aceptar unas limosnas a modo de ayudas que nos ofrecen los partidos que se disputan el poder nacional con el fin de sobrevivir el mayor tiempo posible en el, un premio que será mayor por apoyar sus candidaturas y sus falsos programas. Desde el gobierno de los gobiernos nos mandan ayudas económicas en modo de ventajosas subvenciones para mitigar y acallar las precarias situaciones en las que han dejado a todos los sectores de la sociedad los poderes neofeudales. El objetivo no es otro que generar un conformismo social útil para el proyecto de desarrollo del grupo dirigente neofeudal.
El poco poder de acción que les ha quedado ya a los partidos nacionales es empleado por estos con el único fin de obtener para ellos la mayor ventaja para situarse y sobrevivir en el poder, el escaso margen de maniobra que les han dejado, lo utilizan para buscar el enfrentamiento entre los miembros de la sociedad, alarmándola con viejos fantasmas y teorías del pasado, con mensajes e ideologías obsoletas y fuera de la realidad que ya no tienen utilidad ni proyección alguna. Los problemas que acucian diariamente a nuestra sociedad están resumidos en la falta de medios para poder llevar una vida decente y digna.
Nos han robado la cultura, la investigación, la filosofía y el aprendizaje que nos permita poder pensar por nosotros mismos, de poder adquirir los conocimientos necesarios para elegir libremente lo que más nos interese y nos favorezca para llevar una vida plena. Han aniquilado cualquier medio de información y comunicación independiente, consiguiendo que cualquier tipo de información que recibamos sea fraudulenta y sesgada, cargada de intereses oportunistas. La prensa mediática no duda en apretar el gatillo contra todo aquel este en contra del sistema establecido.
Han llevado a sectores de la sociedad a aceptar, defender y justificar acciones inaceptables y poco productivas para el buen funcionamiento y progreso de la sociedad nacional, dando su apoyo a partiditos políticos, sean del signo que sean, haciendo la mentira creíble, tergiversando maliciosamente la realidad y haciendo una defensa falta de contenido y que está fundamentada e institucionalizada especialmente en el ventajismo de la oportunidad, un sistema de recompensas basado en propinas y ocupaciones, más o menos generosas, facilitando vivir a muchas familias, amigos o parientes aun a costa de que para ello se vean en la necesidad de renunciar a sus principios más elementales de buena conducta, de prescindir de su propia dignidad o de su propia fe e ideología.
Resumo aquí lo que entiendo es hoy día la consecuencia a la que nos ha llevado “la globalización” la mundialización, esa globalización del libre mercado, de las privatizaciones, de la competencia y de la competitividad. Unas aspiraciones de dimensiones incalculables de las que siempre hicieron gala los Señores neofeudales bien acompañados por todos esos acólitos incondicionales a sus órdenes.
La pregunta que debemos hacernos con urgencia es si seremos capaces de enfrentarnos a esa autodestrucción a la que nos estamos dejando llevar o seremos capaces de rebelarnos con el primordial objetivo de modificar ese destino al que nos han abocado, si seremos lo suficiente inteligentes y sabios para reconducir la ruinosa estructura actual, con la que ya desde lejos, han venido consolidando su imperio neofeudal capitalista mundialista.