
«Las masas no acumulan inteligencia, sino mediocridad»
Gustave Le Bon
Su obra “La psicología de las masas” se considera uno de los análisis más certeros de los diferentes tipos de masas sociales y de su comportamiento como tales. Publicada en 1895 y reeditada en varias ocasiones, viene a advertir algo de plena actualidad política y social: el papel de las masas sobre la vida pública, ese “despotismo democrático” que Tocqueville previno en “La democracia en América”. Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas” dice: “hay un hecho que para bien o para mal, es el más importante de la vida pública europea: el advenimiento de las masas al pleno poder social. La masa en rebeldía ha perdido toda capacidad de religión y conocimiento”. Y con relación al “hombre-masa: “¿Se puede reformar este tipo de hombre? ¿Pueden las masas, aunque quisieran, despertar a la vida personal?”.
El concepto de masas se refiere al conjunto homogéneo o heterogéneo de individuos unidos ordenada o desordenadamente por un elemento común, bien de carácter hereditario o natural como la familia, la patria o la raza o por otras causas políticas, sociales, profesionales, etc. Cada uno de estos colectivos se forman sacrificando las individualidades propias en beneficio del grupo, en asociaciones permanentes que forman parte de su naturaleza o en otras más coyunturales de intereses comunes momentáneos.
Pero Le Bon se refiere en su época (tras la Revolución Francesa) a esa influencia que la política va a recibir de las masas y, en reciprocidad, las masas van a recibir de quienes desean gobernarlas, conociendo su funcionamiento psicológico tan distinto a la personalidad de cada cual:
“La época actual (se refiere a 1895) constituye uno de los momentos críticos en que el pensamiento humano está en vías de transformación por la destrucción de las creencias religiosas, políticas y sociales, de las que derivan todos los elementos de nuestra civilización y por condiciones de existencia y de pensamiento nuevos a causa de modernos descubrimientos de la ciencia y la industria”. Como vemos aplicable al momento en que vive sobre todo Occidente, donde la progresiva (y a veces brutal) destrucción de valores y principios, se sustituye por nuevas (y falsas) creencias que se van implantando en el corazón de las masas, aprovechando su ignorancia a través de las conocidas técnicas de su manipulación y captura de mentes. “Cuando el pasado no ilumina el futuro, el espíritu camina en la oscuridad” (Tocqueville). Una situaciónalertada por Spengler a principios del siglo XX: “hacia el año 2000, la civilización occidental en estado de degeneración, entrará en estado de extinción, lo que provocaría la aparición del cesarismo (omnipotencia extraconstitucional y por tanto antidemocrática) de la rama del ejecutivo.
“El advenimiento de las clases populares a la vida política y su transformación en clases dirigentes (la casta) es una de las más destacadas características de nuestra época de transición” dice Le Bon, mientras que nuestro clásico Cervantes pondría en boca de D. Quijote: “Compruebo con pesar como los palacios son ocupados por gañanes y las chozas por sabios. Nunca fui defensor de reyes, pero peores son los que engañan al pueblo con trucos y mentiras, prometiendo lo que saben nunca le darán”. Ortega, por su parte dice: “La masa en rebeldía, ha perdido toda capacidad de religión y conocimiento. No puede tener dentro más que una política exorbitada, frenética, fuera de sí ya que pretende suplantar el conocimiento, el buen juicio…”
En todo caso, advierte Le Bon: “Los dogmas que vemos nacer habrán adquirido muy pronto el poder de las viejas concepciones, es decir la fuerza tiránica y soberana que queda fuera de discusión. El derecho divino de las masas sustituye al derecho divino de los reyes… las civilizaciones han sido creadas por una reducida aristocracia intelectual (nada que ver con la otra), jamás por las masas que no tienen poder más que para destruir… Una civilización implica reglas fijas, una disciplina, el paso de los instintivo a lo racional, un grado elevado de cultura… cuestiones todas ellas inaccesibles a las masas.” Y a sus comportamientos colectivos presididos no por sus propias e individuales ideas y opiniones, sino por aquellas otras que les han sido imbuidas en nuestros tiempos por los modernos medios de comunicación (como la televisión) mercenarios al servicio de quienes pretenden dirigir el mundo, por considerarse designados a tal misión. Para ello hay que destruir lo construido a base de conocimiento y razón, para sustituirlo por cualquier “ocurrencia” que impacte en las masas y las lleve a “modelar sus mentes”, según los manuales al uso. “Es más fácil para el mundo aceptar una simple mentira, que una verdad compleja” (Tocqueville).
“Para adquirir las correspondientes características especiales de la masa psicológica, es precisa la influencia de determinados excitantes y emociones violentas. El hecho más llamativo que presentan por muy diferentes que sean quienes las componen es su transformación en alma colectiva. La masa psicológica es un ser provisional compuesto por elementos heterogéneos soldados en forma momentánea”. La transversalidad de sus componentes donde se pueden mezclar diferentes situaciones intelectuales y sociales que resultan diluidas en el “alma colectiva”, quedó patente en aquel “15M” español, que luego sería rentabilizado por quienes se erigieron como líderes del mismo practicando la manipulación de las masas.
Ls masas están sometidas a un hecho principal según Le Bon: “el sentimiento de potencia invencible que le permite realizar cualquier cosa que individualmente no haría o incluso le repelería”. Esto lo comprobé en directo en el citado “15M” donde fue preciso crear una comisión “de respeto”. Otra causa sería “el contagio mental de cualquier acto y sentimiento colectivo, aunque fuere contrario a su naturaleza”. Una tercera causa estaría en la capacidad de sugestión de la masa. Le Bon dice: “Hoy día sabemos que puede llevarse a un individuo a un estado tal que, habiendo perdido su personalidad consciente, obedezca las órdenes de quien le ha llevado a este estado. Sentimientos y pensamientos se orientan en la dirección conveniente para el operador.” Todo un clásico utilizado por la política en todos los ámbitos.
Estas alucinaciones colectivas pueden ser momentáneas o ser llevadas a cabo desde técnicas y estrategias hábilmente utilizadas. Una de las cuales es el poder de sugestión sobre las masas, contagiado exponencialmente en todas las sociedades, aprovechando su credulidad colectiva. Para las masas “no existe lo inverosímil” sobre todo si está sazonado de dictámenes de expertos o expuesto por el mundo mediático al servicio del poder, lo que permite difundir las teorías más extravagantes, los datos más absurdos o las imágenes más impactantes surgidas de quienes las manipulan a su antojo. En este sentido el “más vale una imagen que mil palabras” del mundo periodístico, tiene todo su sentido para obtener una reacción colectiva por muy falsa que sea.
Detrás de todas estas cuestiones está la enorme posibilidad de que las masas sean convenientemente adoctrinadas y sometidas a cualquier tipo de poder ajeno a escrúpulo alguno a través de medios perfectamente engrasados para que la maquinaria de destrucción, sustitución y “ocurrencias” de unos cuantos poderosos que nos afecta como sociedad, esté aprovechando las condiciones de “anomia” (Dalmacio Negro), ignorancia, falta de pulso, credulidad y temor en que vivimos. Ojalá despertemos a tiempo.