Salvar el planeta

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

Al rebufo de la propaganda falaz sobre esta cuestión (o temas similares) con capacidad de remover las conciencias y emociones de una sociedad que ha asumido una falsa culpabilidad por haber sobrevivido durante millones de años, ha surgido una multitud de “salvadores” y “redentores” en forma de entidades sin ánimo de lucro, pero con una posibilidad de crear lucros derivados en forma de cargos variopintos con buenas retribuciones.

Sobre estas organizaciones, su crecimiento y expansión exponencial ya tuve la oportunidad de escribir en estas mismas páginas, al igual que sobre el negocio de la filantropía que -paradoja- en lugar de restar en las cuentas de resultados como sería lógico, multiplican éstas demostrando su capacidad de generar un beneficio económico superior a cualquier tipo de actividad.

Lo primero es encontrar un tema con suficiente impacto emocional en las conciencias de la sociedad culpable. Antes eran los relacionados con guerras, subdesarrollo económico, enfermedades o desnutrición. Todos ellos servían para crear redes filantrópicas presididas por un cierto y relativo altruismo y una importante generosidad social, resolviendo necesidades humanas fuera de los circuitos institucionales y estatales que se limitaban a subvencionarlas directa o indirectamente (exenciones fiscales y patrocinios en el ámbito privado). De esta forma se creaba una variedad más en la Economía: la adjetivada “social”.

En la multiplicación de estas instituciones (algunas se consideran así) o simples organizaciones de caridad (donde hay un componente cristiano), ha tenido mucho que ver el emprendimiento particular que se ha buscado un espacio fiscal protegido, en lugar de arriesgar en cualquier otra actividad económica perseguida por su “culpabilidad” o la simple sospecha del fisco que, como es natural, también está sujeto a emociones, simpatías y antipatías.

La propaganda y la publicidad son la base en que se sustentan: imágenes de gran impacto visual, megafonías en lugares comerciales o multitud de jóvenes lanzados a una cruzada tras su preparación doctrinal previa. Estos jóvenes ya se han hecho habituales en cualquier ciudad de occidente, saludando con su sonrisa precocinada a los viandantes en busca de nuevos socios de cualquier causa humana. Otros han añadido su extensión “sin fronteras” donde caben además todo tipo de actividades profesionales, dándose la paradoja a veces de no encontrar atención para los cercanos, mientras existe para los “lejanos”.

Uno de tales proyectos que excede cualquier capacidad humana o tecnológica es el que sirve de título: “salvar el planeta…” El mensaje es lo suficientemente ambiguo y trascendente como para que todo el mundo se sienta “ecologista” aunque no tenga pajolera idea de lo que es la Ciencia de la Ecología. Unos se basan en esos contaminantes ya marcados por los intereses del capitalismo y los impuestos -como es el caso del CO2 (origen y causa de la vida en la Tierra)- mientras otros lo aplican a cuestionar las leyes de la Biología más elemental u otros se apuntan a cualquier causa que produzca dinero.

Hoy mismo, en la megafonía de unos grandes almacenes, se machacaba de forma implacable a los sufridos clientes con una “carrera para la salvación del planeta”, donde sólo la inscripción de los aspirantes ya supone unos ingresos poco controlables contablemente y permite asimismo unos gastos igualmente opacos. No hay ánimo de lucro, pero tampoco hay mucho altruismo, porque es natural que quienes se molestan en organizarlo tengan alguna compensación o incentivo (económico siempre).

Lo que no está nada claro es la forma en que correr sobre las calles de una ciudad va a contribuir a salvar al planeta (al igual que ocurre con actos similares). Más aún, habría que preguntarse si el planeta ha pedido socorro o se ha valido por sí mismo para seguir existiendo durante +/- 4.500 millones de años, sin que ninguna especie se haya planteado su salvación como ahora es el caso. A la ignorancia predeterminada de las sociedades actuales, se unen los pocos escrúpulos de unos cuantos vividores siguiendo la senda marcada por quienes tienen intereses económicos basados en estas farsas.

Por el contrario, no parece interesar otro slogan más importante: “salvar a la especie humana”, protegerla en su diversidad cultural y étnica, no culpabilizarla por el simple hecho de ser y estar (menos por los pontífices “humanoides” de tales dogmas), no manipularla ni engañarla con pseudociencias de alquiler y no destruir las bases de su vida a través de conflictos de diseño geopolítico. De esto se habla poco y se oculta mucho con la complicidad siempre del dinero y el mesianismo impostado de los que no tienen ánimo de lucro, pero lo consiguen hábilmente.

Quizás estamos “salvando el planeta” -cosa muy dudosa por las propias contradicciones de este enunciado-, pero estamos suicidándonos como personas, como especie en serio peligro de extinción total. Otras han encontrado la forma de “vivir” anunciando desastres climáticos de todo tipo, cuyas equivocadas predicciones se contradicen por las observaciones reales de la Ciencia. No hace falta dar sus nombres porque se han publicitado mucho.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí