
Vamos a tratar de analizar la actual y artificial crisis energética, que ha estallado después de que España hubiese iniciado el abandono de la energía nuclear y del carbón. Examinaremos los factores que han abocado a la actual situación de inflación económica y crisis energética.
La Revolución industrial y el uso del carbón, permitieron al Reino Unido convertirse en la potencia hegemónica del siglo XIX, posteriormente, la gestión del petróleo conformó una nueva estructura económica mundial, con los EE. UU como la gran potencia del siglo XX.
En el siglo XXI, se han producido situaciones no esperadas: la aceleración de la crisis climática, la pandemia, la invasión injustificada de Ucrania, etc., por lo que el equilibrio geopolítico existente pudiera cambiar imprevisiblemente. Quien consiga liderar la transición energética, fabricar su nueva tecnología y controlar los recursos, tendrá todas las posibilidades para ser la potencia dominante del futuro.
Descarbonización
La Unión Europea, y también nuestro país, tienen un claro objetivo: la descarbonización para 2050. La descarbonización de nuestra economía implica reducir al mínimo nuestro consumo de combustibles fósiles y utilizar energías limpias, renovables y descarbonizadas. Para este fin, conforme al mandato de planificación europea, basado en la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, y en el Acuerdo de París de 2015, se ha venido modificando nuestro ordenamiento, pero con unos rasgos específicos y, posiblemente, sin tener en cuenta suficientemente la estructura de costes de la energía en España. Un constante cambio regulatorio en las últimas décadas, y ciertas decisiones políticas populistas no justificadas: la moratoria nuclear, el olvido del carbón, la insuficiente aplicación de energías alternativas, la tarificación eléctrica, y la inseguridad jurídica a los inversores, han permitido la actual situación y la injustificada subida de precios de la energía.
Este proceso se inició en España con la moratoria nuclear y el posterior cierre de las centrales térmicas de carbón, con la quimera de que las energías alternativas sustituirían esos combustibles con menores costes. Es cierto que esto permitió que la eólica y la solar fotovoltaica, experimentaran una caída de costes de instalación asombroso. Entre 2009 y 2019, el coste de generación de electricidad fotovoltaica, se reduzco en un 82%, y en el caso de la energía eólica, un 39%. España registraba antes de este cierre un grado de autoabastecimiento de carbón del 31%, frente al 0% del gas natural y 0,2% del petróleo.
A pesar de nuestra esperanza e ilusión en la eficiencia energética, el ahorro y las energías alternativas, la dependencia energética del exterior ha sido superior al 90% en 2021.
Pero al final de la pandemia, el incremento de la demanda dio como resultado que ya en 2021 el mercado de la energía incrementase sus costes, ante ese aumento del consumo, cuando España no disponía de capacidad de respuesta suficiente. Se generó simultáneamente una grave inflación económica que erosionaba los bolsillos de los ciudadanos, mientras el Tesoro Público superaba sus previsiones de ingreso. Los análisis y las previsiones realizadas por el gobierno no coincidían con la realidad.
El consumo mundial del carbón se redujo ya a partir de 2013, mientras que el consumo de petróleo siguió aumentando, a pesar de una creciente desinversión en combustibles fósiles desde 2018, incluso el propio fondo soberano de Noruega ha iniciado una política de desinversiones en combustibles fósiles. A pesar del sombrío panorama económico, el informe de la AIE aún pronostica que la demanda mundial de petróleo aumentará en 2 millones de barriles por día en 2022, y en otros 2,1 millones el próximo año.
El gas natural ha mantenido mejores perspectivas, al ser el combustible sustituto del carbón, estimándose su máximo consumo en la década de 2030.
Coincidiendo con el aumento de la demanda de energía, Rusia inició en 2022 una absurda y arbitraria invasión de Ucrania, que generó dolor, destrucción de bienes y miles de fallecidos, y nuevas tensiones en los mercados energéticos, favoreciendo la alarmante tendencia a la inflación de la economía mundial y respondiendo a las sanciones de la comunidad europea con la escasez en el suministro de su gas.
Energía nuclear
Inmersos en esta transición energética, no podemos olvidar la energía nuclear de fisión, que históricamente ha generado algunos accidentes, pero que sigue siendo bien valorada por muchos países. No debemos olvidar que esta es una energía fácilmente aplicable en la generación eléctrica, y que tiene un futuro de fácil sustitución por la energía nuclear de fusión. Esa futura fuente es inagotable, sin efectos perniciosos previsibles, ni productos contaminantes o radiactivos en sus residuos. Pero esa tecnología todavía no tiene aplicación tecnológica rentable.
Por tanto, la situación actual realmente es de transición, en espera de ese gran cambio tecnológico a centrales nucleares eléctricas de fusión. En la actualidad se están construyendo en el mundo casi quinientas centrales todavía de fisión, para suministrar electricidad a bajo precio en esta etapa transitoria. Pero ninguna de esas centrales está en construcción en Europa o EE. UU., y menos en España, que son regiones en las que la energía se ha encarecido innecesariamente por la incompetencia de ciertos políticos, que han preferido una ideología populista, a la tecnología disponible.
En España existía un plan energético nuclear, por el que se garantizaba el suministro eléctrico y la estabilidad en los precios de la energía, no obstante, la presión social de los movimientos antinucleares no permitió su desarrollo. Pues las acciones antinucleares se convirtieron en agresivas y beligerantes en el momento que la banda ETA se unió a esa causa.
Los cientos de acciones violentas, ataques y sabotajes de la ETA, al plan energético nuclear generaron numerosos heridos, e incluso asesinatos, culminando con el secuestro por parte de ETA en 1981, del ingeniero jefe de la central de Lemóniz, José María Ryan, y su posterior asesinato. También ETA siguió atentando contra este proyecto, asesinando el 5 de mayo de 1982 al director de la entidad promotora del proyecto, Ángel Pascual Múgica. Aunque la central fue terminada, nunca entró en funcionamiento debido a la moratoria nuclear de 1984.
El plan energético nuclear existente fue bloqueado por la mayoría de los políticos, que suscribían criterios populistas, sin un riguroso análisis de previsión del futuro de la demanda, como ahora se demuestra. La moratoria nuclear del gobierno de Felipe González frenó la construcción, ya en marcha de otras tres centrales: Lemóniz, Valdecaballeros y la unidad dos de Trillo. Junto a ello, la prohibición de construcción de nuevas plantas nucleares de fisión, y permitió el inicio del desmantelamiento de las primeras centrales nucleares.
La actual crisis ha renovado en Europa el interés por la energía nuclear de fisión, como solución temporal a la actual situación energética, también ante el agotamiento de las reservas petrolíferas y el calentamiento global, ya que esta opción energética no genera directamente gases de efecto invernadero. Según la Asociación Nuclear Mundial, las emisiones que proceden del ciclo completo de la vida de una central nuclear de fisión son comparables a las de la energía eólica, y mucho menores que cualquier otro sistema de generación de electricidad.
Un estudio del Instituto Tecnológico de Massachusetts de 2003 concluía que la actual opción de fisión nuclear debería mantenerse, pues es una fuente de generación eléctrica barata, libre de dióxido de carbono y de gases de efecto invernadero. En España no existen otras alternativas viables en estos momentos, y de haberse mantenido la previsión del plan nuclear inicial, no estaríamos sufriendo la actual crisis energética, o al menos, en menor medida.
El parque nuclear español está formado por siete reactores en operación en cinco emplazamientos, con una potencia bruta instalada conjunta de 7.398,7 MWe (7.117 MWe netos), siendo solo el 6,31% del total de la potencia eléctrica instalada en el país. Genera cada año más del 20% de la electricidad consumida. Fue la segunda fuente de generación de energía eléctrica de España en 2021, con un 20,6 % de la producción, por detrás de la eólica (23,3 %). Constituye desde hace más de una década, una de las primeras fuentes de producción de nuestro sistema eléctrico. Es el origen de una estable generación de energía, que no depende de factores meteorológicos, ayudando así a la gestión y a la estabilidad del propio sistema eléctrico, lo que indica su grado de fiabilidad, eficiencia y disponibilidad. Las centrales nucleares garantizan el suministro eléctrico las 24 horas, todos los días del año.
Además, actualmente tenemos dos centrales nucleares en desmantelamiento (Vandellós I y José Cabrera) y una más en proceso previo de desmantelamiento (Santa María de Garoña). Incluso existe políticos que desean aumentar este proceso de desmontaje, confiando en que la quimera de la eficiencia energética y las fuentes alternativas resolverán milagrosamente la creciente demanda, y esas estimaciones se ha propuesto sin hacer un estudio minucioso de las verdaderas causas que nos han llevada a la actual y absurda situación.
En Francia, 56 reactores nucleares, producen el 70% de la energía eléctrica que se consume, y han conseguido incluir a la energía nuclear en el catálogo de energías verdes de la Unión Europea. Este criterio no ha sido compartido, ni aplicado por el gobierno español.
La Unión Europea recomendó en el 2002, que las conexiones transfronterizas transportasen el 10% de la capacidad de producción eléctrica de cada país. España y Portugal están próximos a cumplir ese requisito. Pero no ocurre lo mismo entre España y Francia. España hoy solo puede exportar al resto del continente, a través de Francia, el 2,8% de la electricidad que produce. Y con el gas pasa algo parecido. Francia promueve energéticamente una isla ibérica, sin permitir su plena interconexión.
Tarifas eléctricas
En este escenario, en 2022, sin ninguna justificación aparente, Rusia decidió invadir Ucrania. Con gran frivolidad, la comunidad europea acordó sanciones contra Rusia por esa injustificada invasión, respondiendo esta con la subida de precios y la restricción en el suministro del gas, lo cual ha provocado el aumento del precio mundial más feroz de la historia, de los combustibles y de la electricidad.
Con asombro percibimos que España, que no era habitual importadora del gas ruso, se ve sometida de lleno a la subida de esos precios de la energía, y en concreto, del gas y de la electricidad. Y todo es debido a una pintoresca normativa que obliga a utilizar como precios de referencia en el mercado los combustibles más caros, y no los reales y efectivamente utilizados.
Nos encontramos inmersos en un descalabro económico y energético, que nuestros políticos no han sabido prevenir, ni evitar, que nació con la moratoria nuclear, al allanarse el gobierno de entonces a los desvaríos de los ecologistas, y de los asesinos de ETA.
El gobierno está obligado a informar del verdadero origen de la actual crisis y de los precios de la energía, que las tarifas de la electricidad no corresponden a los costes reales de los combustibles, por lo que son artificiales, y que se han generado por falta de un análisis adecuado de la demanda energética. Tampoco se ha divulgado suficientemente que existe la energía nuclear de fisión, que se sigue aplicando en el mundo en desarrollo, y que puede ser una solución transitoria, para reducir costes, hasta que dispongamos de la tecnología económicamente asequible para beneficiarnos de la inagotable energía nuclear de fusión.
También, que los efectos de la escalada de los precios del gas ruso pueden ser superados, si se modifican en España las tarifas aplicadas en la generación de electricidad. Es una cadena de hechos que no han sido debidamente analizados, pero que todavía pueden ser subsanados.
Cambios tecnológicos
Los cambios tecnológicos generan cambios sociales trascendentes. La transición energética generará un cambio social profundo, que cambiará la geopolítica del mundo, y que afectará a las potencias dominantes, e incluso a todos los países, creando nuevas estructuras de dependencias económicas y estratégicas.
La transición energética va a afectar al mundo laboral con nuevos y distintos empleos, cambiará la economía y la fiscalidad de los países, con evidentes efectos en los impuestos y en el propio desarrollo de la economía. Según un reciente informe de la International Energy Agency, la energía limpia emplea ahora en todo el mundo, a más personas que los combustibles fósiles.
El predominio tecnológico de Estados Unidos, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, está siendo amenazado.
Y en este complejo panorama, estamos sufriendo una indeseada escalada de precios de la energía, que genera una economía mundial en declive y una fuerte inflación, debido a la injustificada invasión de Ucrania, que ha permitido al Gobierno y a las compañías eléctricas aplicar unas absurdas tarifas, favoreciendo la inflación y creando nuevos impuestos, cuando posiblemente la solución hubiese sido aplicar unas tarifas más reales y menos gravosas para el consumidor. ¿No nos encontramos en una crisis energética artificial, sin los debidos análisis de previsión, y aplicando unas absurdas tarifas eléctricas?
Estamos precisamente en crisis creadas artificialmente en muchos aspectos, no sólo en el energético. Por centrarnos en él vamos a plantearnos primero quien se beneficia de todo ello. Desde luego Europa no y España atrapada en la prohibición de explorar o explotar sus recursos, menos aún.
Hechos políticos: EE.UU. va perdiendo fuelle en todos los sentidos y su hegemonía es más fantástica o artificial que real, pero tiene a su servicio una gran industria militar y a la OTAN. La primera sirve para promover conflictos bélicos y la consiguiente escalada del gasto militar de los paises. La segunda sirve para ir anexionando directa o indirectamente países aliados pero a su servicio. La OTAN se extiende de forma subrepticia en las antiguas repúblicas soviéticas e interfiriendo en las soberanías nacionales. Tiene sobre todo los medios de propaganda a su favor. Primero el golpe de estado (operación encubierta de 2014 en Ucrania para destituir al presidente legítimo por ser pro ruso para llegar al final a un presidente a su gusto (como en el resto de la UE). Segundo penetración de instalaciones de todo tipo en territorios soberanos, para tensar la situación y provocar el conflicto. Rusia cae en la trampa y realiza una invasión del territorio ruso en Ucrania, donde al parecer se viene realizando acciones de represión desde los gobiernos pro americanos.
La energía que llega a Europa desde los amplios recursos de Rusia a precio razonable, no interesa a EE.UU. que llega a exigir el corte de suministro al presidente alemán y éste se cuadra (lo mismo que la UE). Luego vienen las sanciones impuestas a Europa contra Rusia e incluso los sabotajes que impiden la llegada de gas a los países de la UE, lo que nos obliga a comprar el gas más caro a EE.UU. que, al parecer, lo compra a Rusia en un amplio porcentaje (EE.UU. se convierte en un intermediario que se beneficia de todo ello). Además impone desde hace tiempo la «descarbonización» o eliminación de CO2 base de «alimento» del mundo vegetal que, a su vez, produce oxígeno para respirar los seres vivos (Ver en este mismo blog opiniones científicas al respecto). Se manipula el concepto de cambio climático habitual desde el nacimiento del planeta, para presionar a las sociedades ignorantes sobre un cataclismo o catástrofe climática que se llevará por delante a la humanidad. Y ésta dice: «ya no cuela….» al igual que pasó con tantas otras previsiones catastrofistas salidas del mundo informático según los datos interesadamente introducidos (como lo del CIS). Tengo que recomendar de nuevo algunos artículos sobre el tema en «El Mentor» que aclaran y normalizan las cosas.
Y todo ello… ¿a quien beneficia? Al final hay que buscar quien se llevará el dinero («cherchez l’argent» que dirían los franceses).. El dinero gana y la verdad pierde, como casi siempre. Un saludo.