
Cofrados, Cofradas y Cofrades, Madrinos, Madrinas y Madrines. El lenguaje inclusivo es una «chuminá» como diría un murciano en panocho. «Menuda pesambre tengo». Ahora hay que aprender el castuo para visitar las Hurdes, el andalûh, como propone una cenadora andaluza para unos pescaítos en Sevilla, y para degustar unas almejas en Gijón debo pedir unas amasuelas. Hable lo que bable, Don Pelayo yace como el restaurador de España, como indica su sepultura. ¿Idiomas?, haberlos haylos por eso subí a Bulnes y bajé cargado con un cabrales.
El denominado lenguaje inclusivo, sinceramente no me gusta, soy vago en el habla y cuanto menos digo, más pienso como buen Turofilo. De todas las formas vocales de la comunicación perdura en mi recuerdo el Giglico que inventó ese fecundo escritor argentino que vivía en Ginebra y trabajaba de traductor de las Naciones Unidas, un experto en idiomas inventados como se demuestra en el capítulo 68 de Rayuela donde textualmente dice:
«Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.
Una lengua cargada de testosterona. A los que no la entienden, les digo: ‘Usted nunca será una hortaliza porque hasta las alcachofas tienen corazón’.»
Rayuela, Julio Cortázar
Confieso que soy una persona inocente, siempre me las dan con queso, pese a que tengo buen cuajo y me tomo con paciencia las afrentas lingüísticas de este gobierno. Todos los cofrades aquí presentes lo saben, la vida se anda mejor con queso, pan y vino y, aunque el camino quiebre nuestros doloridos quesos siempre obtenemos un respiro atajando del morral unas rajetas de Tronchón con pan mojado en zumo de garnacha.
Queda claro, claro queda, el paladar empieza en la lengua y el apetito termina en la boca. Hay muchos bocazas que callan cuando toman queso fresco o curado, balanceado en las quesadillas o rallado sobre la pasta, loncheado sobre hogazas como fundido en tortilla. Si quieren adelgazar zampan los ojuelos del emmental y si desean engordar rebañan los cremosos extremeños. Son los quesos como los besos, afinados y madurados y a todos enmudecen sus peculiares aromas, las sensaciones intrabucales el gusto Residual, la persistencia. Es la experiencia sensorial más completa porque afecta al tacto y a la vista queda su color. Viva el Queso exclusivo y muera la lengua inclusiva.