
Nueva puesta en escena en la ciudad suiza de Davos del Foro Económico Mundial, para demostrar como las oligarquías de unos cuantos países en sus variadas tipologías (gobiernos, empresas, sociedad, expertos, jóvenes agentes del cambio, emprendedores sociales y medios de comunicación, según su web), se preocupan por el futuro de la población de la Tierra. De nuevo, como en otros “foros” parecidos bajo nombres rimbombantes, sirve para poner de manifiesto ese darwinismo social donde los más ricos siempre están en la cima a lomos de quienes se las ven y se las desean para llegar a fin de mes.
Los asistentes repartidos en dos bloques entre el 15 y el 25 de enero, tienen ante sí un programa complejo: futuro de la energía, clima y naturaleza, salud mundial, futuro del trabajo, inteligencia artificial, robótica y ciberseguridad que -suponemos- ya les son expuestos y digeridos con anterioridad por quienes dan las instrucciones. Sólo hace falta cuadrarse y obedecer por parte de los asistentes, sobre todo los gobiernos (más de 100) y el mundo corporativo representado por unas 1.000 empresas de la sociedad civil.
El foro de Davos desde sus principios ha tenido intereses y preocupación por este mundo cambiante de incertidumbres cada vez más poderosas. Por eso sus elites (como las de foros parecidos como Bildeberg). tienen más de filantropía que de intereses particulares. Para demostrarlo allí están esos apellidos conocidos en el mundo anglosajón como los “robber barons” o “barones bandidos” que, desde el siglo XIX fundaron las grandes compañías y “nunca tuvieron escrúpulos morales ni legales” (M.A.Ordóñez) para conseguir lo que se les antojase, tal como Ludovic Tournée expone en su libro “L’argent de l’influence. Les fondations américaines et leurs réseaux européens”. O, dicho de otra forma: de la filantropía a los negocios.
Curiosamente a estas reuniones sólo acuden los “creyentes” que no van a cuestionar los textos sometidos a su consideración. No se admiten réplicas por muy sensatas, racionales o verdaderamente científicas que sean. Para ello ya tienen un conjunto de paniaguados expertos que escriben al dictado del dinero y sus intereses.
Porque de eso se trata. De cómo seguir medrando desde las plutocracias de diferente plumaje de unas sociedades predispuestas por miedo, manipulación mentiras e ignorancia, al sometimiento incondicional de sus individuos. Lo harán culpabilizando sistemáticamente -sobre todo al mundo occidental- de todos los males que afectan a la humanidad. Desde supuestos “calentamientos globales” (hoy simple “cambio climático”), hasta de la aparición de virus con nombres exóticos (antes enfermedades respiratorias) o contaminaciones atmosféricas de CO2 antropogénico al que colgar algún que otro impuesto a los sufridos ciudadanos que, con el corazón encogido por sus muchas maldades, están dispuestos incluso a que se les sacrifique en el altar de “lo verde”, lo “saludable”, la “sostenibilidad” la “resiliencia” lo “woke” o las “agendas 2030”. Por palabras que no sea.
Así ante el temario antes enumerado, sólo cabe acatar los dogmas surgidos del mismo. Y pagar. Por todo y para todo. Aunque para ello sea preciso valerse de esos gobiernos-títere que previamente se han preparado en las “fundaciones” correspondientes, para hacer de “figurantes” en donde sea preciso. Es preciso conseguir unas sociedades mendicantes, sin criterio ni opinión propios (antes “clases medias”) pendientes sólo de los anuncios falsos de subidas de salarios mínimos e porcentajes mínimos, mientras la carestía y la inflación se disparan a máximos.
Ciudadanos sustituidos por esclavos dispuestos a seguir la máxima: “no tendréis nada, pero seréis más felices” (según sus patrones) donde -al parecer- sobraría un 85% de la población mundial (ellos no se incluyen), en un neomalthusianismo de nuevo cuño que ya probó lo equivocadas que eran tales profecías catastróficas. Sus autores, lejos de esconderse, siguen alardeando de un conocimiento artificioso respaldado por el dinero que paga sus trabajos.
Davos (como tantos otros) es un foro de vanidades humanas donde lo importante es la foto de asistencia, saludos, discursos y muchos negocios de fondo, donde se volverá a la “escasez de energía” que justifique “energías alternativas”; “escasez de recursos” que justifique las imposiciones alimentarias o las restricciones de trabajo; restricciones a la libertad, la movilidad y el progreso real para nada menos que “salvar el planeta” de no se sabe qué; restricciones en el mismo sentido para salvaguardar una salud y unos sistemas sanitarios que no están precisamente al servicio de quien lo necesite de verdad, sino de los beneficios de patentes y sus derivados.
En cuanto al mundo del “trabajo” ya Kissinger en Detroit, hace muchos años definió la situación: “la economía futura será tecnología y servicios”. Se olvidaba el premio Nobel de que la riqueza procede de economías de base (primarias) procedentes de los recursos de cada nación y su transformación en bienes reales, así como que la tecnología pertenece al sector servicios pues es una simple herramienta. Con tal situación no es de extrañar que Occidente esté cayendo en picado, ante unas economías emergentes que no hacen ascos al trabajo productivo. Hoy somos más pobres en conocimientos reales y más ricos en ciencia ficción distópica, aberrante y absurda servida en Davos.
Que no decaiga la fiesta…