
En el Ateneo de Madrid, en esa más que centenaria y venerable institución, se celebró el pasado miércoles 13 un interesante ejercicio teatral. El que consistió en un “taller de máscaras contemporáneo, inspirado en la Comedia del Arte Italiano”; en palabras de Juan Carlos Sánchez, director de la iniciativa.
Máscara, en griego ático, significa persona. Al ser todos personas, todos portamos una máscara que nos identifica ante los demás, pero que también nos resguarda de los demonios interiores; siendo esta una de las esencias del teatro desde los tiempos de Sófocles, Esquilo o Eurípides.
Fue lo que sucedió el pasado miércoles 13 de diciembre en el augusto escenario del Ateneo madrileño: 14 actores, entre hombres y mujeres, todos ellos vinculados a la escena; pero también actuantes en otros dramas, comedias y tragedias de la vida, como son las profesiones en las que tienes que ganarte el pan. En todo caso, amantes todos ellos de lo que se representa en las tablas. Y lo hicieron de maravilla.

Durante semanas, cada uno trabajó un monólogo construido a partir de las más variadas situaciones personales y no, pues las hubo que no tenían nada que ver con el hombre o la mujer que presentaba algo en escena. Excelentes en todo caso, sobre todo en dos actuaciones en las que una actriz hacía de chico adolescente que discute con su madre y un actor encarnaba a una mujer ante su psicoanalista. Así, se tocaron aspectos sentimentales, laborales, familiares, ecológicos y hasta políticos; siendo éstos últimos los menos, aspecto de agradecer dada la proliferación panfletaria en el teatro español en las últimas décadas.

El saldo, más que positivo, es que el Ateneo de Madrid no ceja en su loable empeño de construir lo mejor para la escena capitalina y española. A destacar el tesón puesto por alguien como Miguel Rellán, director de la Sección de Teatro de este centro cultural. El prestigioso actor, nacido en el entonces Protectorado Español de Marruecos, concretamente en la ciudad de Tetuán, a sus 80 engaña. Y lo hace porque el tono de su voz, la conversación y, sobre todo, la solvencia escénica es la de un hombre de, como mucho, 40 años. Rellán fue el último monologuista, plasmando a un personaje zafio y prostibulario, pero humano como todos.
En general, buen sabor de boca el que dejó este taller acertadamente dirigido por Juan Carlos Sánchez.

El Ateneo madrileño -ahora «okupado» por el PSOE como tantos otros ám bitos culturales- fue en su tiempo lugar de debates y actividades espontáneas de sus socios. Un espacio de encuentro de ideas y pensamientos diversos con la frescura de la sociedad real. Hoy está «comisariado» por el partido político del gobierno y, ya se sabe lo que hay que tragar para salir en la foto.
El sistema es muy simple: inyectar un montón de socios con sus cuotas correspondientes pagadas a saber de qué forma, para tener mayorías a la hora de votar. Un sistema clientelar comno otro cualquiera donde la política ha laminado al pensamiento crítico.
Durante años he participado y colaborado en la actividad ateneísta hasta que «llegó el comandante y mandó parar». Ya no eran bien recibidos los «otros», los rebeldes, los que no forman parte de la «casta».
En relación con el grupo teatral existente formado por los propios socios donde se colaboraba sin problemas desde el exterior de forma altruista y generosa, habría que preguntarse si los «amigos» (así lo reconoció él) del nuevo responsable de la Sección, hacen lo mismo….
Un saludo.