
Tennessee Williams se resiste a morir para el gusto teatral de todo Occidente; y España no es la excepción. El dramaturgo estadounidense sigue representándose en programaciones donde los clásicos contemporáneos salvan temporadas enteras. No sólo en los grandes escenarios, sino en los más modestos; incluyendo las llamadas salas de teatro alternativo.
Es así como en Off Latina —un espacio situado en la calle Mancebos, 4, de Madrid, los pasados 4 y 11 de febrero y los próximos 18 y 25— se presenta Ni gatas ni tranvías. Un título bastante diciente que recoge dos piezas dramáticas, las cuales se internan en el universo escénico de Tennessee Williams. Su autor es el actor, dramaturgo y director Javier Páez quien, literalmente, se “mete” en el alma de Williams.

Toda la agitación interior provocada por el alcoholismo, la homosexualidad, problemas cardíacos y mentales y una familia desestructurada desde sus inicios que padeció el escritor de Misisipi, aparece reflejada en la obra de Páez. La primera de las piezas trae al espectador una escena bastante sureña, pues el protagonismo gira alrededor del algodón: la industria que aún se presenta como básica en la economía de esta parte de los Estados Unidos. Un hombre quema la maquinaria de otro profesional algodonero para realizar el trabajo; el ofendido se venga manoseando y ultrajando a la mujer del agresor. En general, una situación por donde desfilan rivalidades de todo tipo, candidez por parte de la protagonista femenina, quien intenta encubrir a su marido. Pero lo más tennessiano de todo es la violencia contenida, la frustración por no poder llevar una vida que simplemente podría catalogarse de normal.

La segunda entrega corre a cargo de una pareja que lleva una vida distante. La que es traída a escena en dos monólogos que intentan ser un diálogo vago y abstracto, en una convivencia matrimonial que existe sólo en las formas. El marido aparece acostado en una cama narrando una historia un tanto sórdida a una esposa totalmente ausente, quien bebe de una copa y mirando al infinito. La ausencia de una verdadera relación amorosa o como mínimo conyugal, retrata una vez más a la personalidad de un Tennessee Williams que luchaba contra los recuerdos familiares y una homosexualidad poco aceptada. Remedio contra todo esto podría ser refugiarse en la soledad, el aislamiento que presentan los dos integrantes de la pareja. Al final ella decide marcharse a un lugar sin pretensiones de ningún tipo, pero apacible; todo, menos seguir soportando a un marido que la ignora y que vive una vida desordenada.
Claudia Iglesias, Raúl Salas y Pingüi, son los tres actores de 27 vagones de algodón, primera de las dos representaciones. Laura Rico y Luis Álvarez se hacen cargo de Háblame como la lluvia en las que se subdivide Ni gatas ni tranvías. Simplemente buenos, los 5 profesionales dirigidos por Javier Páez; interiorizan bien a los personajes, los hacen suyos en todo momento: lo que se exige de todo aquel que quiera trabajar encima de unas tablas.
Los que somos ya «mayores» (como mi buen amigo Javier Páez) tenemos afortunadamente una idea de lo que es teatro de verdad y lo que es la farsa del teatro actual (con las consabidas y raras excepciones). Lo complicado es hacer Williams en adaptaciones a teatros alternativos, como parece ser el caso. No me la perderé.
Fantásticas actuaciones y maravillosa dirección