
Fue el acontecimiento del milenio, la invención que permitió el salto gigantesco de la Edad Media a la Edad Moderna. La imprenta, comparable a la aparición de internet y la comunicación global en el siglo XX, propició el mayor cambio social, cultural y económico de la humanidad a partir del siglo XV. El saber salió de los monasterios y de los palacios de las élites, y los sucesos cotidianos pasaron a divulgarse cada vez más rápida y extensamente a todas gentes y lugares geográficos muy distantes entre sí.
Se considera a las relaciones de sucesos como las muestras primitivas del periodismo tal y como lo conocemos en la actualidad, y esos orígenes son los que nos muestra la exposición ‘Noticias verdaderas, maravillosos prodigios’, que se puede contemplar hasta el próximo 12 de junio en la Biblioteca Nacional de España. Comisariada por Adelaida Caro y Nieves Pena Sueiro, ofrece una cuidadísima selección de documentos que arrancan de las “relaciones”, testimonio vivo de la necesidad de la población de conocer algo más de los sucesos, fiestas, celebraciones, catástrofes, epidemias, casos espantosos e incluso relatos fantásticos de los que se alimentaba la conversación.

Avisos, cartas, relaciones de sucesos, nuevas, gacetas o mercurios constituyen desde los primeros tiempos de la imprenta manual, las muestras primitivas de la literatura noticiera. La muestra nos enseña que ya a finales del siglo XVI existía un negocio editorial informativo consolidado en la península, especialmente activo en Sevilla, Barcelona, Lisboa y Madrid, si bien sería el siglo XVII el que resultaría decisivo para la evolución del periodismo en España. Es entonces cuando surgen figuras como Andrés de Almansa y Mendoza, uno de los primeros profesionales de la información autor de un buen número de relaciones impresas, y se publica en Valencia el primer impreso informativo periódico: la Gaceta de Roma (1618).
Explica la exposición con numerosos documentos impresos y audiovisuales que, tras tímidos intentos de periodicidad, nace en 1661 en la imprenta barcelonesa de Jaume Romeu la primera gaceta oficial: la “Relación o Gaceta de cosas notables”. Posteriormente, el borgoñón Francisco Fabro Bremundián, sabedor de los pingües beneficios que reportaba el mercado de la información, obtuvo el privilegio de la impresión de gacetas en 1677, convirtiéndose en el primer gacetero oficial del Reino de España.

El visitante tiene, pues, ante sí una panorámica informativa que atraviesa el Siglo de Oro, puede ojear testimonios manuscritos, pliegos góticos e incluso los primeros impresos seriados, con una enorme variedad temática, y observar así las peculiaridades de las relaciones de fiestas, que frecuentemente completan la información con grabados, composiciones poéticas creadas para el evento, justas e incluso los trajes que portaban los que alardeaban entonces de ser los primeros en haber conocido la noticia del suceso que fuera. A este respecto, es particularmente interesante e ilustrativa la maqueta del Convento de San Felipe el Real, fundado en Madrid en 1546 en la confluencia de la calle Mayor y la Puerta del Sol. Sus gradas fueron el principal Mentidero de la Villa de Madrid, donde sus habitantes se reunían para conversar e intercambiar noticias y rumores. Tanto las gradas de las escaleras de acceso a la iglesia como las covachuelas del espacio interior, donde se instalaban mercaderes y comerciantes, eran el espacio propicio para ello.
Un recorrido visual por la historia de la comunicación y de las noticias, en el que se exponen pequeñas piezas anónimas, impresas en hojas sueltas o en pliegos de cordel, hasta relaciones escritas por ilustres humanistas como Álvar Gómez de Castro o López de Hoyos, o poetas como Lope de Vega y Quevedo.

Ejercicio, pues, de memoria histórica, primeras piedras en suma de nuestra historia actual, la que se escribe a golpe de sistemas informáticos, de tuits o de “bots” intoxicadores y desinformativos, cuyos antecedentes se encuentran en esta exposición de la BNE, poseedora por otra parte de más de 4.000 documentos, relato vivo de los acontecimientos que aunaban la preocupación común y cotidiana del pueblo.