De Watkins y Sorolla a los boleros de Manzanero y Cortez, una mañana en la Casa de América

Festival internacional del bolero
Pedro González
Por
— P U B L I C I D A D —

“El bolero es una de las mejores terapias para los corazones dañados”. “Más que cantores, somos gestores para despertar en el público ese sentimiento de amor que alberga cada uno”. “Mientras el bolero se cante y pueda bailarse apretadito, será siempre el mejor himno para irse contentos a la cama”. Así lo proclamaban en sincronizada cadencia dos monstruos de ese género eterno de la música romántica, el mexicano Armando Manzanero y el argentino Alberto Cortez.

Ambos presentaban así en la sala Cervantes de la Casa de América el Festival Internacional del Bolero, proclamando a Madrid como sempiterna capital de consagrados intérpretes como Rafael Basurto, Carlos Cuevas, Tamara, Manu Tenorio, Enrique Heredia “El Negri” o Mocedades. Todos ellos, tributarios de “los más grandes, Los Panchos”, al decir de Cortez, ratificado por un Manzanero jovial a sus 83 años, “pero con la misma ilusión que cuando comenzó su carrera musical a los doce”.

Oír declamar a Alberto Cortez o evocar sus recuerdos como pianista de Lucho Gatica a Armando Manzanero es un lujo de una noche en el Nuevo Teatro Apolo. Ambos compadres han sido compañeros de viaje, de habitación, y cómplices en encender el corazón de millones de enamorados. “El bolero es patrimonio de los latinoamericanos —sentencia Cortez—, y como tal riqueza hemos de mimarlo y cuidarlo”, antes de avanzar una última voluntad común: “Que cuando nos canten la última canción, sea en efecto un bolero”.

WATKINS Y LA COLECCIÓN FOTOGRÁFICA DE SOROLLA

Antes de ese colofón poético-musical, Santiago Miralles, director general de la Casa de América, ya había presentado de golpe nada menos que las tres nuevas exposiciones que se exhiben en sus salas: la que lleva por título Confluencias. 10 años de Transatlántica, la muestra Cuentos amazónicos y la colección fotográfica Watkins, el paisaje de Estados Unidos en la colección fotográfica de Sorolla.

La primera conmemora el décimo aniversario del foro fotográfico Transatlántica, en el marco de PHotoEspaña 2017. En total, son 19 autores procedentes de ocho países iberoamericanos, que narran visiones inéditas de El Palo, la segunda ciudad por población de Bolivia, los senderos cegados hacia las antiguas playas de Lima o el centro de Sao Paulo.

Cuentos Amazónicos, de Rafael Milani, es un conjunto de obras inspiradas en el autor brasileño Inglês de Souza, donde se mezcla la fantasía con una acerada crítica social. El fotógrafo Milani retrata la belleza de la Amazonía a la vez que la presenta de manera inquietante como un lugar en el que los seres viven en opresión. Ambas muestras se exhiben en la sala Frida Khalo.

Sin quitar méritos a estas dos, la tercera exposición, instalada en la sala Torres García, es la más inédita. Se trata de una colección que Carleton Watkins, uno de los grandes fotógrafos norteamericanos del siglo XIX, realizó para Collis Huntinton. El hijo de éste, Archer Milton Huntinton, fundador de la Hispanic Society, le enviaba en 1909 a su amigo Joaquín Sorolla 77 fotografías, entre ellas 32 de Watkins de los paisajes de Yosemite. Esas fotos habían convencido al presidente Abraham Lincoln para declarar a Yosemite el primer gran parque nacional protegido del mundo. La intención de Huntinton es que Sorolla estudiara las fotos para después pintar tan colosales y exuberantes paisajes. Aquel deseo no pudo realizarse pero la colección quedó en poder del Museo Sorolla, que ahora con el apoyo de la Fundación Consejo España-Estados Unidos se pone en conocimiento directo del público. La muestra está considerada como una de las mejores colecciones de fotografía histórica estadounidense.

EL TRIPLE RETO DE AMÉRICA LATINA

Entre los dos acontecimientos reseñados, el director general de Casa América presidió la presentación del informe de la OCDE sobre las Perspectivas Económicas de América Latina, que en la presente edición pone su foco en la explosiva juventud del continente.

Ángel Melguizo, economista jefe de la OCDE para América Latina y el Caribe, resumió el exhaustivo informe en los tres retos fundamentales que afronta el continente: económico (debe incrementar la productividad); social (es imprescindible acabar con la pobreza y la vulnerabilidad social), y político (necesidad de una gobernanza creíble).

A juicio de Melguizo, América Latina no está aprovechando el bono demográfico con el que cuenta, ya que cuatro de cada diez jóvenes (entre 15 y 29 años) ni está estudiando, trabajando en la economía formal o capacitándose. Son, pues, 33 millones de personas que podrían cambiar el destino de sus países a poco que se apostara por ellos, es decir por la educación y por el emprendimiento, por supuesto con una financiación sostenida.

Germán Ríos, director corporativo de Asuntos Estratégicos de la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, también puso el dedo en la llaga al afirmar que “sin el fortalecimiento de las instituciones será imposible afrontar el reto de la competitividad global” que también afecta al continente. “Hace falta que los jóvenes se crean sus instituciones”, subrayó, mientras otros ponentes como Guillermo Fernández de Soto, Juan José Güemes o Trinidad Jiménez, ponían el acento en las potencialidades iberoamericanas.

A este respecto, el último informe PISA si bien reconoce que se ha cerrado la anterior brecha de acceso universal a la educación primaria y secundaria, se acrecienta la grieta de calidad respecto de los países de la OCDE. Melguizo lo describía muy gráficamente: “un alumno latinoamericano que haya concluido sus estudios previos a la universidad es como si hubiera acumulado 2,5 años de retraso respecto de otro perteneciente a un país desarrollado”.

En términos de competencia, las proyecciones señalan que para 2040 América Latina tendrá, en el mejor de los casos 25 millones de ingenieros. Muy pocos con relación a los cien millones que se estima tendrá China.

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