
“La manipulación consciente e inteligente de los hábitos y opiniones organizados de las masas… constituye el gobierno invisible que detenta el verdadero poder…”
Edward Bernays. “Propaganda”.
Este manual al que hemos hecho referencia en algunos artículos, fue escrito en 1920 y se ha considerado la “biblia” de la ingeniería social de manipulación de masas por los poderes totalitarios (sean políticos, militares, corporativos, etc.).
También sobre la psicología de las masas y sus comportamientos por inducción colectiva: “Los dioses, los héroes y los dogmas se imponen, pero no se discuten; en el momento en que se discuten, se desvanecen…” del psicólogo social Gustave Le Bon.
Por su parte, en la Biblia se dice: “Guardaos de los falsos profetas que vienen a vosotros con vestidos de ovejas, más por dentro son lobos rapaces…” (Mateo 7/15-20).
Conviene siempre volver a los clásicos para tratar de entender la manipulación global organizada con gran inteligencia a partir de cosas o cuestiones que se han llevado al mundo de la comunicación (antes información). Todo consiste en sacar temas antiguos y presentarlos como novedades científicas, arropados en el consabido envoltorio mediático que encubre sus debilidades.
Empezaré por el concepto “cambio climático” (un fenómeno permanente desde la formación de la Tierra dependiendo de factores diversos sobre los que no voy a insistir). Pues bien, en el siglo XXI se refuerza emocionalmente la situación por las habituales vías de propaganda de los sistemas políticos, para ejercer una presión doctrinal sobre la “maldad de los seres humanos” (y si son hombres más) por algunos curiosos personajes convencidos de la existencia de un hecho nuevo conocido sólo por la gran inteligencia de las últimas generaciones (para los negocios, añado) con una nueva vuelta de tuerca: “catástrofe climática”.
Asi, por distintas vías de propaganda, utilizando para ello a los comunicadores dependientes de los oligopolios mediáticos (“Pasamos más tiempo con la televisión, los periódicos, las revistas, las páginas web, los videojuegos, los BlackBerrys, los i Pods y los i Phones, que durmiendo” (Raoul Martínez) la doctrina y el dogma se extienden.Esas pantallas que nunca duermen son las vías de propagación de todo tipo de mensajes cocinados hábilmente para las masas (que algún político de izquierda identificaba como “la chusma”) “exponiéndonos al mundo de palabras, sonidos e imágenes que nos traen las grandes corporaciones informativas… y que constituyen una realidad alternativa en la que muchos pasamos gran parte de nuestras vidas. Sin embargo es artificial” (Raoul Martínez). La filtración previa de hechos y noticias que colocar cada día es gran parte de la manipulación global que los intereses particulares determinan, que se canaliza tanto por el mundo político como el corporativo a toda la sociedad. De esta forma un fenómeno natural que acontece desde hace unos 3.500 millones de años en la Tierra, se manipula a conveniencia de tales intereses como banderín de enganche en el siglo XXI.
Otro término que goza de una masiva manipulación es “descarbonización” o, lo que es lo mismo: eliminación del CO2 existente en la atmósfera de procedencia antropogénica (de nuevo la “maldad” de la humanidad que -según la propaganda- quiere suicidarse en un acto colectivo y ritual). Sobre este tema también se ha explicado el verdadero origen del CO2 (bacterias en el plancton oceánico en su mayor parte), con una ínfima incidencia de las acciones humanas ligadas a su progreso y desarrollo industrial. Gracias a ello se producen fenómenos de reforestación de los que nadie habla publicados en páginas institucionales.
Desmontar tales teorías es fácil. Los acuerdos internacionales sobre esta cuestión se imponen desde los países desarrollados e industrializados a los demás que intentan seguir la estela del crecimiento y el bienestar, relegándolos al papel de simples clientes consumidores dependientes de los ricos. Por esa razón la mayor parte de los llamados BRIC “pasan” olímpicamente de tal imposición. Hay más, algunos de los países abanderados de la causa, hacen lo mismo: imponen a los demás lo que ellos no van a hacer. Siempre ha habido privilegios para unos y miseria para otros.
Pero no es sólo eso: el origen de los seres vivos en la Tierra se produce por la existencia de CO2 en la atmósfera que produce las primeras plantas (algas azules) al pasar de una atmósfera anaerobia (sin oxígeno) a una atmósfera aerobia que posibilita la producción de oxígeno. Es decir, vivimos porque el CO2 en el aire contribuye a los procesos de fotosíntesis del mundo vegetal y nos permite respirar y vivir. A más CO2 más crecimiento y desarrollo vegetal como ocurrió en épocas geológicas ajenas a la existencia humana y su industria “tóxica”. Pero tanto el mundo político, como el corporativo se lanzan a crear conceptos banales como “planeta verde” que se difundirán sin que nadie se cuestione lo que eso significa. Es más, hace ya bastantes años, el científico Carl Sagan proponía la siembra de algas azules para crear atmósfera en otros planetas carentes de ella.
Un tercer concepto vacío es “sostenibilidad” aplicado a todo, cuyo significado es una simple preocupación por la existencia de los recursos conocidos. Entre ellos el más importante sería el agua cuyo ciclo y funcionamiento viene repitiéndose desde miles de millones de años y que es de sobra conocido. Ese agua tan importante para la vida como el oxígeno combinado con el hidrógeno (que ya aparece en las enciclopedias básicas del plan de estudios de siempre).
Pero la palabra tiene éxito y, como decimos, todo es “sostenible” (o debe serlo), cuando lo más lógico y elemental es referirse a la necesidad de duración de recursos y bienes (lo que es contrario a la obsolescencia programada de éstos últimos). Estamos creando basura “sostenible” y muy tóxica con el empleo de tecnologías nocivas para la salud con radiaciones, cuando lo sensato sería reciclar, reparar y mantener en uso lo ya conseguido. Pero hay que fabricar también consumidores y creyentes sumisos.
Todo ello es posible gracias a la propaganda mediática, donde el periodista ha perdido toda su dignidad al aceptar ser parte del engranaje desinformativo de ese mundo gaseoso en apariencia, pero muy nítido en el fondo: la manipulación de la gente desde el consenso sistémico. “la información es el oxígeno de la democracia… si se puede despistar sistemáticamente a los votantes (a los ciudadanos) éstos serán manipulados sistemáticamente” (Raoul Martínez). Las sinergias surgidas entre la política, el dinero y la industria mediática, han conformado una colusión de intereses privados y de privilegios permitiendo la formación de grandes “trust” internacionales que se mueven como pez en el agua en el mundo de las influencias o “lobbies”. Hoy por mí, mañana por ti. La concentración oligopólica de intereses facilita todas las operaciones pues elimina competencia. Un dato: “en el año 1983 había cincuenta corporaciones mediáticas en EE.UU. En el año 2012 había caído a seis que controlan todo el contenido de periódicos, revistas, televisiones, libros, música, películas, webs y radio. En el Reino Unido en 2014 sólo tres grupos controlaban el 70% de la prensa… hoy día las corporaciones (mediáticas) comparten poder en otros sectores como el bancario, el farmacéutico y el tecnológico.”