
El mundo de los “famosos” ha representado siempre una referencia social por su forma de vida, dinero, protagonismo mediático y excentricidades, que constituyen modelos a imitar. Su privilegiado “status” hace que sean “perejiles de todas las salsas”, sobre todo si éstas pertenecen al entorno del poder económico.
Estar en el candelero público es una obligación y epatar a las gentes comunes con alguna salida de tono que provoque titulares o se multiplique en las redes sociales, es una costumbre que se conoce desde siempre. Todo antes de ser preteridos u olvidados al final de sus vidas.
En esta ocasión la noticia viene de la actriz Jane Fonda que, a sus 85 años, en la 76ª edición del festival cinematográfico de Cannes (2023), se ha descolgado con unos comentarios que, rápidamente, se han convertido en titulares de todos los medios de comunicación: “Jane Fonda pide meter al hombre blanco en la cárcel por… ¡el cambio climático!” es una de las versiones. Otra va más lejos ya que habla de que “el hombre blanco merece la muerte, ya que es culpable del… ¡cambio climático”. Otra mezcla “churras y merinas” relacionando el cambio climático y el racismo: “No habría crisis climática si no hubiera racismo” o posiciones feministas (o racistas): “Los hombres blancos son los únicos que importan, luego todo lo demás está en el fondo…”, una afirmación que parece referirse a que los males del mundo proceden siempre del “hombre blanco”.
Como activista política, allá por los años 60 del pasado siglo, fue fichada por la actriz francesa Simone Signoret para ese mundo etéreo y diletante de lo que se ha llamado la “izquierda”, de la que advirtió Tolstoi en su momento (“Contra aquellos que nos gobiernan”) porque aspiran a dirigir a los demás gracias a su dinero e influencia social. Nada que ver con los “parias de la tierra” o la “famélica legión”. Ellos viven muy bien en sus mansiones de California o de la costa este americana, servidos (nunca mejor dicho) por esa legión de parias que cruzan la frontera inmigrando como mano de obra barata, donde los sindicatos no se suelen meter (ya no existen más que como parte del sistema).
La relación de la actriz con el “hombre blanco malo”, empieza con su propio padre Henry Fonda, cuyos genes ha recibido haciéndola la mujer que es. Más tarde sus relaciones continuaron con “hombres blancos malos” como el director de cine francés Roger Vadim del que tuvo una hija contaminada a su vez por los genes masculinos gracias a que la actriz no se negó a procrear (ya que ha defendido el aborto con la propuesta de “matar a sus detractores”). Más tarde el fotógrafo Tom Hayden pasaría por su vida como activista liberal contrario a la guerra de Vietnam y terminaría con el millonario Ted Turner. Entre ellos un buen número de amantes “hombres malos” causantes de todos los males que afectan al mundo.
“Hasta los 60 años no me sentí segura sin un hombre al lado” confesó en una entrevista sobre su vida.
En el año 2005 cofundó el “Women’s Media Center” para la promoción de la mujer en los medios de comunicación y ya en el 2019 descubrió una nueva forma de justificar su vida con su protesta sobre el cambio climático, siendo incluso arrestada por instalarse frente al Capitolio como sacerdotisa de la nueva religión, repleta de iconos y teorías disparatadas y confusas. El caso es hacerse notar, eso sí al lado de personajes similares (“La psicología de las masas”).
Jane Fonda se une al numeroso palimpsesto de “famosos” (reales o impostados) que predican el “calentamiento global”, el “colapso global”, la “crisis climática” o el “cambio climático”, desde la frivolidad del conocimiento falso de los fenómenos naturales (a ellos “se lo han dicho”), el exhibicionismo personal (atrae titulares) y otros temas que en su “termomix” mental, están relacionados. Otros incluyen el “fascismo” en la influencia planetaria del clima en la Tierra y otros muchos hablan de ello por lo que dice la televisión o los medios de comunicación hábilmente regados de millones. De nuevo las masas son atraídas a los sermones y mensajes con la complicidad del mundo corporativo financiero (hay dinero por medio y el infierno está lleno de buenas intenciones) que se ha sumado a la fiesta política.
Y una vez más hay que combatir las salmodias litúrgicas de la llamada “lucha contra el cambio climático”.
- En primer lugar, el planeta Tierra ha estado sometido a alteraciones de sus condiciones climáticas a lo largo de su historia (+/- 4.5 millones de años).
- En segundo lugar, el planeta Tierra ha estado sometido a variaciones climáticas y ambientales influidas por la propia actividad solar y extrasolar (radiaciones) desde su nacimiento.
- En tercer lugar, el planeta Tierra está sometido a las variaciones de sus propios movimientos (rotación y traslación principalmente) que condiciona su clima regional.

Como vemos no hay nada nuevo ni catastrófico en el proceso climático que nos toca vivir, adaptándonos en cada momento y situación a las condiciones existentes, en lugar de ir llorando como falsas plañideras para engañar a la gente y dar paso a los negocios surgidos del pánico y la sumisión social. El gráfico siguiente demuestra que hemos pasado por situaciones peores y que la tendencia es la reducción de la actividad solar (en azul la previsión, en rojo las teorías de los “calentólogos”). No hay calentamiento, sino en todo caso, un enfriamiento.