El clima en la Tierra (2)

Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

En el artículo anterior se trataba de Paleoclimatología a lo largo de los períodos geológicos reconocidos por la Ciencia en la historia de la Tierra. Un planeta perdido en uno de los miles de millones de sistemas solares de nuestra galaxia, en un universo de millones de galaxias cuyo origen no se conoce con certeza, así como su forma o extensión en el espacio y en el tiempo, donde la Tierra es una simple mota de polvo y no digamos los humanos actuales que pretenden diseñar el planeta a su gusto.

En el artículo se hacía una referencia genérica al clima del planeta en dichos períodos desde la perspectiva de Brinkmann. En esta ocasión intentaremos ir al que nos ha tocado vivir como especie humana: el Pleistoceno, en base a lo que nos aporta una obra fundamental: la “Geocronología” del Profesor F. E. Zeuner, catedrático de Arqueología ambiental y Geocronología prehistórica de la Universidad de Londres, a la hora de establecer la cronología astronómica de este período y “las variaciones climáticas a lo largo del mismo basadas en las perturbaciones periódicas que sufre la órbita de la Tierra, debido a la atracción mutua de los planetas como causa determinante de los cambios en la cantidad de radiación procedente del Sol que recibe la Tierra”.

Entre las causas determinantes estaría en primer lugar “la oblicuidad de la elíptica” o el “ángulo formado por el plano ecuatorial de la Tierra y el plano de la órbita: actualmente 23º 27’ pero que a variado entre 21º39’ y 24º 36’”. Tal oblicuidad sería la causa de las estaciones y uno de los “factores de modificación de las zonas climatológicas”. Esta “oblicuidad” que fluctúa con un período aproximado de 40.000 años, “disminuye -si decrece- las diferencias estacionales, pero aumenta la diferencia entre las zonas climatológicas”. En cambio, un aumento “intensifica las diferencias estacionales y reduce las diferencias entre zonas”. Estos argumentos nos dan idea de que los cambios climáticos pertenecen a magnitudes que reducen a “nuestro” tiempo actual a lo más ínfimo y por ello no se puede mostrar como una novedad del mismo. Menos utilizarlo políticamente.

Una segunda causa sería la “excentricidad de la órbita” recorrida por la Tierra alrededor del Sol que ocupa uno de los focos de la elipse orbital. Hay una época del año en que la Tierra está más próxima al Sol que el resto del año, cuyo punto más cercano se conoce como “perihelio”, recibiendo más radiación en uno u otro hemisferio en razón al acortamiento de la porción de órbita de dicho “perihelio. “Cuanto más corta sea la excentricidad, menores serán las diferencias de duración de las estaciones. La excentricidad fluctúa en períodos de 92.000 años”. Es decir, 90.000 veces el tiempo actual..

La tercera causa es el movimiento ligeramente cónico del eje de la Tierra que tiene como consecuencia “el lento desplazamiento de los puntos cardinales (equinoccio de primavera, solsticio de verano, equinoccio de otoño y solsticio de invierno) que delimitan las estaciones, conocido como precesión de los equinoccios”. Su período es de unos 26.000 años pero a causa de la atracción de otros planetas, la órbita elíptica en su total se balancea en sentido opuesto y reduce el período a 21.000 años, durante el cual la radiación procedente del Sol fluctúa…” Este movimiento de “bamboleo” es uno más de los muchos que afectan al clima terrestre, todavía pendiente de estudiar en sus interrelaciones.

En definitiva: “el curso de la Tierra alrededor del Sol se halla sujeto a ligeras fluctuaciones periódicas que tienen efecto en el total de radiación que se recibe en una zona determinada de su superficie”. Es más, la actividad solar permanente y su ciclo de 11 años -como ya hemos apuntado otras veces- se combinan con el resto de los factores que afectan al clima entre otras cosas (por ejemplo, el pasado viernes 2 de septiembre: “Un agujero coronal transecuatorial enfrente de la Tierra, se extiende a lo largo del ecuador solar y envía una corriente de viento solar de alta velocidad hacia la Tierra -posición perfecta para un buen impacto-. Llegó a la Tierra el domingo 4 en forma de tormenta geomagnética moderada (Kp 6)”). Todo ello demuestra que por muchos impuestos, declaraciones, leyes y supuestas luchas “contra el cambio climático” proclamados por la política y sus acólitos (motas de polvo), el sistema solar seguirá sus ciclos naturales mientras nuestros bolsillos menguan a su costa.

Diversos autores han trabajado para intentar establecer un sistema de cálculo de los cambios de radiación: Lagrange en 1782, Leverrier en 1873, Pilgrim en 1904, Milankovitch a partir de 1913, Spitaler en 1940/43, Wiener, Lambert, Meeth y otros varios astrónomos con mayor o menor fortuna “viéndose claramente que al interpretar climatológicamente las fluctuaciones de radiación solar, es necesario tomar en consideración tanto la distribución de las zonas climatológicas, como las estaciones (el verano se considera que comprende primavera+verano, mientras que invierno comprende otoño+invierno). Ha sido despreciada la consideración de la mitad del año, el invierno, siendo costumbre considerar la curva del verano olvidando la radiación recibida en invierno”.

“La correlación de las fases glaciales con las fases de radiación estival, tiene sentido en tanto se tenga en cuenta la relación entre los máximos y mínimos de radiación solar. En la Europa templada las fases de radiación estival baja y radiación invernal alta favorecen la formación de capas de hielo en zonas elevadas, los inviernos suaves indican aumento de nevadas en estas zonas y los veranos frescos fusión reducida”. En la obra de los climatólogos Köppen y Wegener se tratan supuestos cambios reales de latitud geográfica, debidos al desplazamiento de los polos.

Finalmente, los niveles del mar estarían relacionados también con la curva de radiación observándose un descenso más o menos continuo del nivel del mar durante el Pleistoceno, en el que se superpusieron las oscilaciones debidas a la eustasia glacial que permitió en su día -como ejemplo- el paso por el estrecho de Bering de Asia a América.

Ya en la actualidad, “la Tierra está pasando por un período interglaciar de duración impredecible, debido a la actividad solar irregular y a los ciclos orbitales. Los cálculos realizados sobre futuras temperaturas basadas en las supuestas variaciones del Sol y la cantidad de CO2 en la atmósfera, parecen indicar la posible dilatación del período interglaciar actual hasta los 50.000 años si los niveles de CO2 se incrementan hasta 750 partes por millón (en la actualidad es de 407). En cambio, si descendiera hasta 201 partes por millón, el próximo período glacial podría producirse en tan solo 15.000 años.”.

1 Comentario

  1. Cuando las excplicaciones racionales de cualquier fenómeno se las intenta tergiversar o retorcer según convenga, sólo hay que ir a datos (no manipulados por supuesto) para comprobar como dicen los profesores Brikmann y Zeuner ( y admite la Ciencia,) que cualquier manipulación o impostura interesada no puede hacer olvidar la realidad: en Yakustia (Siberia) parecen darse las temperaturas más bajas del planeta -70ºC (pero en la Antártida se han registrado -89ºC). mientras que, por el contrario, en el desierto de Lut (Irán), parecen darse las más altas 70ºC, (algo que ocurre en pleno Sáhara con la temperatura interior de un vehículo). Pero ello no impide conocer la media planetaria que no es para echarse a temblar como se pretende por algunos, sino para adaptarnos tal como hemos venido haciendo desde hace millones de años. Por eso hemos evolucionado. Un sistema estable permanente sería incómodo y aburrido, pero además seguiríamos siendo musarañas.
    Un saludo.

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