¿Cultura o basura?

¿Cultura o basura?
Juan Laguna
Por
— P U B L I C I D A D —

De esta forma se titula la obra del crítico de arte de “National Review” James Gardner, en la que analiza lo que el “snob” Warhol calificaba como arte: “todo aquello que nosotros decimos que es arte”.

Viene todo ello a cuenta de la exposición que, con dinero público clientelar, ha provocado en la ciudad de Córdoba una nueva polémica sobre el contenido de la misma, agravada con la agresión sufrida por una de las obras expuestas que, por cierto, dejando a un lado el escaso interés de las “ocurrencias” temáticas, denota una vez más que no es arte ni cultura todo lo que así es llamado por ese “nosotros”, sino más bien basura al servicio de una propaganda que se pretende progresista, pero que en el fondo esconde lo “cutre” de su ideología.

Porque ese “nosotros” con que Warhol se refería a las supuestas elites de ese mundillo banal y provocador del “arte contemporáneo”, hoy día se refiere a los que se dicen en posesión de la “verdad” política del pensamiento único, convertidos en celosos censores de lo que vale y de lo que no vale. Esa clase de “expertos pseudo-intelectuales paternalistas” (en palabras de Nassim Nicholas Taleb), salidos del “pijerío progre”, que quieren decirle al resto del mundo qué hacer, de qué hablar, qué comer, qué pensar y, finalmente, por quien votar… Esa “izquierda exquisita” denunciada por Tom Wolfe a la que ya nos hemos referido en otro artículo. Porque, eso sí, su “progreso” terminó en el siglo XX y ahora, en la actualidad, huele a rancio cuando no a podrido.

Sus dislates ideológicos los llevan por caminos en que se pierden, porque no tienen más norte que el señalado por el pastor (el líder del momento), que sí sabe donde conducen: al matadero (tal como se llaman las naves dedicadas por el Ayuntamiento de Madrid a las “ocurrencias” artísticas o pseudo-artísticas de su clientela subvencionada, de corte parecido al de la exposición que comentamos) por su inanidad e impotencia artística. Entonces sólo queda el intento de la simplona “provocación” a lo Duchamp arrastrada al fango de lo sectario, apoyada por los medios “apesebrados” del momento.

No sólo es que las obras expuestas en la exposición cordobesa pasarían por completo desapercibidas por su nula calidad artística, sino que han entrado en esa provocación gratuita y zafia para llamar la atención sobre sus autores. Es más, puede que la agresión sea parte del espectáculo para hacer más ruido. Si además son denunciados o procesados, el mundo del arte se abrirá ante su talento y genialidad. Eso sí, con el apoyo del dinero público que -al parecer- “no es de nadie” (según una cordobesa ilustre). Habría que preguntar a los miles y miles de trabajadores que sudan la camiseta todos los días para mantener a demasiados parásitos sociales, si reconocen de quien es el dinero con el que se compran voluntades y votos.

Ese “dinero de nadie” (91 millones de dólares) con que se ha adquirido el miércoles pasado en Nueva York en la casa de subastas “Christie’s”, una más de las versiones de la obra del artista estadounidense Jeff Koons titulada “Rabbit” (que representa la imagen infantiloide de un conejo de acero inoxidable). Una pieza más de “las banalidades” (según Gardner) de este autor, cuyo precio obsceno y disparatado equivaldría a miles de jornadas laborales de cualquier trabajador en cualquier lugar del mundo. Ese “dinero de nadie” con que se subvencionan supuestas creaciones artísticas (como la exposición cordobesa o las “ocurrencias” bendecidas por la política de lo correcto) que dan respaldo económico a los “nuestros” y producen clientela electoral o adictos a la causa. Es interesante conocer la obra de Frances Stonor Saunders a este respecto sobre “la guerra fría cultural” o el nacimiento (artificial en muchos casos) de las llamadas “vanguardias” a la sombra de los poderes económicos. 

El hecho de esta exposición no va más allá de las poco originales formas de provocar a un público determinado y de su repercusión mediática. Suponemos que a estas alturas se ha duplicado o triplicado el número de visitantes-consumidores de espectáculo por muy trillado que esté. Suponemos que las denuncias realizadas por quienes se sienten ofendidos por la muestra, serán rechazadas por esa “libertad de expresión” tan plástica como conveniente. Suponemos que todo ello ha producido su minuto de gloria al grupo de “artistas” desconocidos (salvo en el ámbito o entorno próximo) que saltan a la popularidad o al “famoseo”. Suponemos que la inspiración artística de tales personas queda reducida al mundillo del “colegueo” feminista, con el aplauso de quienes ignoran lo que significa la palabra “arte” y aplauden ese ectoplasma de la postmodernidad de noventa y un millones de dólares salido del taller de Mr. Koons.

Mientras tanto la zafiedad y la ignorancia se van adueñando poco a poco de una sociedad perdida, cómoda, robotizada (como las “Hoovers descapotables” de Koons), sumisa y falta de horizontes que vayan más allá de sus whatsapps que peregrina para ver el “Ecce Homo” repintado de la iglesia del Santuario de Misericordia en Borja por una anciana de la localidad y, en estas fechas, acudirá al morbo de conocer en directo lo que puede dar de sí la imaginación de la muestra cordobesa. ¿Cultura o basura? esa es la cuestión final.

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